Es un clásico y hay que disfrutarlo

Daniel Arcucci
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27 de agosto de 2001  

"U n clásico es un clásico y no hay que perderlo" , tronó Mostaza Merlo, todavía pisando el césped del estadio de Independiente , y dejó toda la sensación de que semejante máxima futbolera -sencilla, sin pretensiones, contundente, como la mayoría de las frases que este juego genera- no podía tener otro tono que el de la inconfundible voz del DT de Racing. Inútil analizar, con las pulsaciones todavía a mil y una tribuna, allá, a su espalda, vociferando la felicidad incomparable de un empate arrancado de las manos del rival que ya saboreaba la victoria, si con eso alcanza, si se jugó bien o se jugó mal, si no será más productivo, en una de ésas, perder ese partido pero ganar todos los demás. ¿Para qué? Mejor festejar, de eso tratan los clásicos , de festejar más que... el otro .

Si no, que lo diga River, que en la historia reciente vivió con sentimientos encontrados un par de títulos ganados con un dejo de amargura por culpa del Boca invencible. Si no, que lo cuente cualquiera de todos los que protagonizaron uno de estos partidos distintos en la atípica jornada que se armó para la segunda fecha de un campeonato que empezó tarde, pero bien.

Porque un clásico , por contradictorio que parezca, es algo que se repite a lo largo de la historia, pero que, cada vez, se vive de una manera diferente. Y además, muchas veces, puede ser capaz de desmentir su propio resultado: el de Avellaneda lo ganó Racing , qué duda cabe.

Porque un clásico , también, puede volverse más trascendente si la prosapia de los dos está enriquecida por títulos recientes, como puede palparse cuando se enfrentan este Boca y este San Lorenzo , con rivalidad renovada. Y bajo el diluvio, para que todo sea todavía más épico, para hablar de un campeón valiente.

Porque un clásico , cómo no, puede estar forzado por la tele, que lo necesita, y por eso en la vorágine pasa como uno más en la lista de la tarde inolvidable: allí estuvieron River y Huracán , frente a frente pero no mano a mano, porque la diferencia fue tan grande como la que separa a los dos por lo vivido en los últimos años.

Y puede pasar, también, que un clásico se esté gestando en este momento y que no necesariamente tenga que ver con el fútbol. ¿Quién se animaría a negar, a estas alturas, que las Leonas y sus mágicos triunfos ya son un clásico ? ¿Quién no arriesgaría que, con la grandeza que demuestran, estos muchachos del basquetbol no serán un clásico ? ¿Quién no se conmueve ante ese clásico de los deportistas argentinos amateurs , como los remeros, que sin nada consiguen casi todo?

Ya lo fijo el filósofo futbolero Mostaza , no es justo limitarlo a su obvio deporte: "Un clásico es un clásico" .

Y no hay que perderlo.

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