“Espero que no se olviden de guardarme una medalla”

Desde Alemania, Bernardo Romeo, el goleador de la Mercosur, se emocionó por el título
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25 de enero de 2002  

“Me quedé despierto hasta tarde, acá son como las 4 y media de la madrugada, esperando que termine el partido. Llamé a Brenda, mi mujer, a cada rato, porque la ansiedad me mataba. Y después grité como loco. Ahora espero que los muchachos no se olviden de mí y me guarden una medalla.” La voz en el teléfono expresa emoción. Está lejos, muy lejos, pero se siente muy cerca de la gloria. Bernardo Romeo, desde Alemania, vive como un hincha más el título inolvidable.

“Me siento uno más, tan protagonista como todos, porque le di mucho a San Lorenzo para que alcanzara esta felicidad. Es una lástima que no haya podido estar; mirá que hice lo imposible por quedarme unos días más...”, le cuenta el goleador de la Mercosur, con 10 tantos, a La Nacion, desde un hotel en las afueras de Hamburgo, su nueva ciudad.

–¿Pudiste hablar con algún ex compañero en las últimas horas?

–¿Si pude hablar? ¡Claro, si por acá no puedo hablar con nadie, salvo con mi hermano Santiago y con Pelusa Cardoso, que hace varios años que está en Alemania! Hablé mucho con Leo Rodríguez, con Pablo Michelini, con Raúl Estévez, hasta me animé a darles unos consejos... Estaban muy bien, muy enchufados, era fácil darse cuenta de que el título no se nos podía escapar...

–Hablás como si fueras aún del plantel...

–Bueno, me siento uno más. Extraño muchas cosas de allá, los momentos difíciles y también los lindos que pasé en San Lorenzo. Sólo los jugadores sabemos lo que tuvimos que sufrir para llegar a este sueño.

Dice que volverá a ver a su mujer y a sus pequeños Juliana y Gaspar –aún en La Plata– el 4 del mes próximo. Que la temperatura se resiste a superar los 4 grados, que la lluvia persistente no se detiene. Que se entrena día y noche y que tiene poco tiempo para la distracción.

“Fui a un par de shoppings y recorrí un poco la ciudad, que es gigante y una de las más importantes de Europa. Pero estoy muy bien, sólo espero irme a vivir a una casa en la que me puedan instalar una televisión satelital, porque en este hotel sólo tengo programas en alemán. Y salgo a todos lados con un traductor; es como si fuera un guardaespaldas...”

Romeo pregunta detalles de la gran final. Se entusiasma, a la distancia, con el fervor de la gente, con la fiesta inolvidable. “Es que siento algo de melancolía y de tristeza, no lo voy a negar. Pero aposté por el pase y espero no equivocarme. Jugué como titular algunos amistosos, contra el PSV Eindhoven empatamos 1 a 1 y me anularon un gol y después le ganamos 3 a 1 Alicante y ahí sí pude gritar uno. Estoy con muchas expectativas, espero no fallarle a nadie. Acá me apoyaron siempre; incluso, ni siquiera dejaron que me preocupase por aquel tema de ISL por una supuesta inhibición: me dijeron que me quedara tranquilo, que estaba todo bien”, explica Romeo, que se preocupa por la crisis argentina.

“¿Sigue todo tan mal? Acá, en Alemania, la Argentina no aparece en casi ningún noticiero, pero en España, cuando estuve con Hamburgo de pretemporada, no se hablaba de otra cosa. No te miento...”, dice, algo sorprendido. Y se despide con otro ruego. “Espero que no se olviden de mi medalla, ponelo bien grande...”

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