Esta vez, el colorido y el orden ganaron la escena

El operativo de seguridad se realizó con normalidad y no hubo inconvenientes
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31 de enero de 2002  

CORDOBA (De nuestro corresponsal).- No había alternativas en este último superclásico del verano, el tercero en siete días. Los antecedentes cercanos imponían la agenda de los temas del día. Había que mirar a las tribunas en el encuentro de anoche. No se podía detener la vista exclusivamente en el campo de juego. No por el colorido y la fiesta que en ellas existió, por cierto, sino por la efectividad del operativo policial, que muchas dudas generó tras el bochorno y la suspensión del anterior superclásico, en Mar del Plata. Y, también, con el antecedente que se vivió en esta misma cancha en el clásico cordobés entre Belgrano y Talleres.

El comisario Iván Altamirano fue el encargado de velar por la seguridad y su principal misión fue evitar los focos de conflictos que se vieron el sábado último. Así, por ejemplo, en la platea descubierta se dispuso un pulmón , que separó a las dos hinchadas para que no pudieran cruzarse.

Los simpatizantes xeneizes ocuparon la mitad de esa platea; hacia el otro lado aparecía el hueco de 30 metros que separaba a las parcialidades, y sólo después el sector de los millonarios, por lo que los boquenses eran mayoría en esa zona. Y como sucedió en ese costado de la cancha, así se vio en todo el estadio, que estuvo poblado en un 60% por los fanáticos con vestimentas en azul y amarillo.

Pero a pesar de contar con mayoría de simpatizantes, en el duelo de tribunas ni uno ni otro se sacaron ventajas. Casi como los equipos dentro de la cancha, en un duelo muy parejo. En realidad, en las butacas las hinchadas se alternaron el dominio del poder de los cantos. Las cargadas iban y venían, en especial cuando el partido caía en sus pozos futbolísticos, buscando la manera de evitar el aburrimiento que por momentos se apoderaba de todos.

Al final, no se produjeron hechos irregulares y los controles se realizaron sin contratiempos. Los únicos detenidos que se registraron en la noche cordobesa fueron por ebriedad y por violar la contravención que prohíbe la venta de bebidas alcohólicas en los alrededores del estadio.

Mas la violencia que se vivió días atrás en Mar del Plata no amedrentó a las familias para concurrir en buen número al estadio Olímpico de esta ciudad. Cerca de 28.000 personas ocuparon las butacas, y una gran parte de ellos eran mujeres y niños, algo que se suele ver cada verano en Córdoba y que no ocurre en esta medida durante el torneo local.

Todos ellos estallaron, como en cada superclásico, con el ingreso de los jugadores en la cancha. Pero fue una explosión de algarabía aséptica . No hubo papelitos ni grandes banderas exhibidas por la barra brava para recibir a los hombres del Maestro Tabárez; tampoco se escucharon bombas de estruendo ni pirotecnia para honrar a los futbolistas de la banda roja. Para los 22 jugadores sólo existió delirio y cánticos, en una expresión de pasión más controlada. Todo ello, claro, acompañado por un gran espectáculo de fuegos artificiales dispuesto por la organización, como para olvidar y ahuyentar a los demonios asociados a los disturbios y la violencia.

El estadio exhibió, en buena parte de su estructura, los vestigios de los incidentes del domingo último entre los simpatizantes de Belgrano y la policía. Los fanáticos piratas intentaron meterse en la cancha un par de ocasiones y, cuando no pudieron cumplir su cometido, se dedicaron a romper unos cuantos puestos de venta de comidas y bebidas.

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