Euforia: La Boca sigue de fiesta y el plantel derrocha confianza

Ya se palpita el clásico de pasado mañana frente a River; desde anteanoche, que los hinchas xeneizes hacen la fila para adquirir las populares, que se venderán hoy
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30 de mayo de 2003  

Por La Boca, al menos por estos días, se respira alegría y tranquilidad. La mayoría de la gente, a excepción de los turistas que se acercan a Caminito, transita por el barrio de las casas de chapas-multicolor con un distintivo xeneize y se mofan de un ocasional riverplatense, que se delató solo por un llavero con el escudo millonario. "Son gallinas, tendrían que dedicarse a jugar otro deporte", grita un vendedor ambulante.

Todo luce radiante en La Boca. Por las victorias xeneizes y también por la caída abrupta de River por 4 a 1, en Calí, que lo eliminó de la Copa Libertadores. Los hinchas exteriorizan su estado de ánimo sin reparos; los jugadores prefieren la mesura ante los micrófonos, pero se sabe que el martes último festejaron los goles de América de Cali como si fueran propios. Es que en la intimidad, nadie ignora que River llegará a la Bombonera casi noqueado y que con inteligencia Boca puede ponerle un moño a una semana inolvidable.

La fiesta que se vivió anteanoche en la Bombonera ante Cobreloa, con un 2 a 1 que aseguró el pasé a otra etapa de la Libertadores, contagió de euforia a los hinchas. A tal punto que algunos ni se fueron a sus casas y se quedaron frente a las boleterías de Casa Amarilla en busca de una entrada popular, que comenzarán a venderse hoy, a partir de las 10, con las plateas ya agotadas. No importó el frío de la madrugada, ni la oscuridad ; ni siquiera la inseguridad de la zona. En realidad, por Boca todo vale.

Los primeros en la fila son cinco simpatizantes que viven en Lanús. Ya ni cuentan las horas. La primera noche de espera pasó de largo atemperada por el júbilo del triunfo ante los chilenos. No se rinden. Con una lona roja, una garrafa para la pava y el mate, un mazo de cartas y varios cartones de vino resisten firmes en el primer lugar. "No me puedo perder la fiesta del domingo. A River le ganamos con la camiseta. Son hijos nuestros. Yo les recomendaría que ni vengan", dice Fernando.

Los chicos de la localidad del Sur no están solos. Detrás de ellos, un centenar los siguen. Uno se pasea con una camiseta xeneize, pero en lugar de la publicidad adoptó el slogan "Papa por siempre". Todos se acuerdan de su acérrimo rival, cantan y gritan contra el eterno adversario.

En la práctica también hay risas. Los jugadores se divierten con el fútbol-tenis; hasta Bianchi participa y da consejos para ganarle a la dura pareja integrada por el Mellizo Guillermo y Clemente Rodríguez. Abbondanzieri juega con su hijo Felipe, Tevez lo hace con sus hermanitos. Hay un clima de fiesta. Las únicas dudas pasan por las contracturas que tienen Battaglia y Burdisso; por eso el DT no confirmó el equipo.

Está claro: paredes adentro, Boca se prepara en el mejor ambiente; afuera, los hinchas esperan quedarse con una entrada. Boca lo puede todo.

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