Ezequiel Lavezzi cumplirá una tarea por la que cuando era joven pensó en retirarse

Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Ante Suiza, el Pocho arrancará como puntero derecho, pero Sabella le pedirá que baje a colaborar en la contención
Martín Castilla
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30 de junio de 2014  • 07:42

BELO HORIZONTE. - "Discutimos feo. Pero feo, feo, eh. Cuando estuve en las inferiores de Boca tuve una discusión fuerte con Griffa. En una práctica me puso a jugar de ocho, que en mi vida lo había hecho. Yo siempre fui delantero. Encima no sé qué me dijo, que esto, que lo otro, que no corría. No me callé nada, le dije lo que pensaba y terminamos mal? Me fui a Rosario y no volví más."

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Con el tiempo, aunque Ezequiel Lavezzi no se arrepintió del todo de aquel incidente con Bernardo Griffa, un reconocido formador de jugadores, si aprendió a dejar de lado el fundamentalismo sobre su posición. Siempre se autodefinió como un "delantero rápido, encarador, que se mueve por todo el frente de ataque, pero, preferentemente, por afuera", pero en algunos partidos en Nápoli y, sobre todo, luego en Paris Saint Germain, asumió que para jugar en un ataque con Zlatan Ibrahimovic y Edinson Cavani debía aceptar ser un delantero capaz de cubrir la banda cuando su equipo perdía la pelota. Justamente, la tarea que le está insistiendo Alejandro Sabella para que cumpla en el partido con Suiza, de mañana, en San Pablo, por los octavos de final del Mundial Brasil 2014 . Al fin, el único cambio obligado por la lesión de Sergio Agüero.

Amanece con un sol radiante en Minas Gerais, pero a cada rato las nubes tapan el sol y todo cambia. Dos caras de un día pleno de trabajo en Cidade do Galo, allí donde mostró dos caras la tarea de Lavezzi en los ensayos dispuestos por Sabella. Desde lejos, las indicaciones del entrenador son constantes. Por momentos, un ataque con tres delanteros bien definidos, con Lavezzi por la derecha con sus corridas, sus enganches, sus pases-gol. En otros pasajes, se observa un Pocho ocupado en hacer más recorrido por el costado derecho para cubrir las subidas del hombre que viene por su lado.

Más allá de que la Argentina ansía recuperar la capacidad goleadora que supo tener en este ciclo, por su perfil contragolpeador y el peso de sus individualidades de un ataque conformado con tres puntas, este seleccionado también demanda equilibrio. Para que los de arriba tengan la posibilidad de desplegarse y soltar su inspiración, es necesario que el seleccionado no se quiebre en su eje, que no haya un bache a las espaldas de quienes están más pendientes del arco contrario. Esta tarea de sostén recae sobre Javier Mascherano, quien prácticamente tiene que cubrir buena parte del ancho de la cancha como una primera muralla de contención. Pero solo no puede y, mucho menos, si Fernando Gago cae en la tentación de quedarse arriba en algún adelantamiento. Por eso, cuando el equipo pierda la pelota, Lavezzi deberá retrasarse unos metros para colaborar en el medio. Ya lo dijo Claudio Gugnali, ayudante de campo de Sabella y de sorpresiva aparición en la última conferencia de prensa que brindó en Cidade do Galo: "El debate por el equilibrio está todo el tiempo presente en nuestra intimidad. Siempre está el tema sobre la idea a elegir y, a veces, podés tener una y equivocarte. Por eso estamos viendo en qué posición poner al Pocho? Cuál sería la mejor". En definitiva, el sistema mutará de un 4-3-3 a un esquema 4-4-2, según las circunstancias del partido.

La intención de Sabella es que, a la hora de defender, tanto Lavezzi como Di María obstaculicen el juego de los suizos por los costados y ayuden en la marca para que los laterales argentinos no queden expuestos. Algún indicio de lo que se debe tener en cuenta del rival se descubre de las declaraciones de Gugnali: "Suiza es un equipo que trabaja muy bien los costados de la cancha, con jugadores muy agresivos y con un medio muy combativo. Tienen jugadores importantes como Shaqiri y los laterales Lichtsteiner, campeón con Juventus, y Ricardo Rodríguez". Se pudo haber utilizado a Rodrigo Palacio, el delantero que más confianza tiene Sabella como delantero-marcador, o a Maxi Rodríguez como un volante capaz de lanzarse en ofensiva, pero en beneficio de una construcción colectiva entendió que, por su entrega y actualidad, Lavezzi puede darle al equipo peso ofensivo, pero también recorrido por la banda.

Sonríe todo el tiempo, canta, salta, le golpea la cabeza a algún colaborador del plantel o a un compañero, juega a las escondidas en el ómnibus, muestra sus abdominales todo el tiempo y hasta le tira agua al técnico en pleno partido del Mundial. El dueño de las bromas en la concentración argentina nunca perdió su esencia de reo y rebelde. Hace muchos años lo ratificó Griffa cuando lo probó como un ocho adelantado. "Corré pibe, sacrificate", fue el pedido que al Pocho tanto ofendió? A tal punto que tenía decidido abandonar el fútbol para continuar como aprendiz de electricista de su hermano mayor, Diego. Mañana, ante los suizos, Lavezzi tendrá que cumplir con esa doble función que de pibe tanto le molestaba.

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