Falcioni cerró su propio círculo

Por Juan Pablo Varsky Para LA NACION
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14 de diciembre de 2009  

En junio de 2005, Julio Falcioni soñaba con salir campeón en la Bombonera. Después de una impresionante campaña con Banfield, que incluyó los cuartos de final de la Libertadores 05, Boca Juniors lo había elegido para el cargo de entrenador. La temporada del Xentenario había sido un fiasco. Los dirigentes querían un DT con fuerte personalidad para poner en caja a un plantel aburguesado, que se había cargado a Miguel Brindisi y a Chino Benítez. Y él era el elegido. Ya había acordado las condiciones económicas y profesionales con el vicepresidente Pedro Pompilio. Sólo faltaba la firma del contrato, pero apareció Maradona, con quien ya había protagonizado un episodio importante en su carrera. En 1980, le había atajado dos penales en el mismo partido, un Vélez 1-Argentinos 0. Veinticinco años después, Diego se vistió de verdugo. Como flamante responsable del fútbol profesional del club, puso condiciones y un límite: "Mi técnico es Basile. Si viene Falcioni, me vuelvo a mi palco". Lo dijo por Fox Sports durante la transmisión de Argentina-Colombia por el Mundial Juvenil de Holanda. Yo fui testigo, diría Arturo Bonín. Esa misma tarde, Julio iba a ser presentado como entrenador de Boca. Días después, Coco dio su primera conferencia de prensa en la Bombonera.

Pero el candidato original no tardó mucho tiempo en conseguir trabajo. Fue contratado por Independiente con el objetivo de clasificarse para la Copa Libertadores. Aún sufría pesadillas por aquella jugada de Diego Ceballos en el Monumental. La recuerdan, ¿no? Cuartos de final, Banfield 2-River 3. Tras el 1 a 1 en la ida, si Ceballos hubiera acertado ese toque sencillo, el Taladro habría eliminado al millonario. Pero el delantero falló y ahí terminó ese notable ciclo 2003-2005. El equipo presentó jugadores como Bilos, Palacio, Dátolo, Paletta, San Martín, Sanguinetti y el inolvidable José Luis "Garrafa" Sánchez, fallecido en enero de 2006 después de un choque con su moto. Mientras el club confiaba en Carlos Leeb, Julio asumía en el Rojo. Volvieron a verse en octubre de aquel 2005. Banfield e Independiente empataron 2 a 2, pero la noticia más importante pasó por la fría recepción del público hacia el entrenador. Entre la indiferencia y algunos silbidos, solamente una bandera expresó gratitud: "¡Bienvenido Emperador, ésta es tu casa!". Había terminado en pésima relación con Carlos Portell, un presidente de manejo personalista que con frecuencia cree ser el dueño del club. En el poder desde 1998, sus malas administraciones (seis balances negativos en sus primeros siete años de gestión) casi lo sacan del cargo en las elecciones de octubre de 2008. Le ganó por apenas 24 votos al candidato opositor Eduardo Spinosa. En abril de este año, la barra brava copó el club y tuvo una activa participación en la Asamblea que aprobó la última memoria y balance. Los dirigentes opositores temen que el Banfield de Portell se parezca al Newell’s de Eduardo López, por la estrecha relación entre los barras y el presidente.

Este club es mucho más grande e importante que sus actuales autoridades. Fue fundado en 1896, durante una concurrida reunión de los residentes británicos de la ciudad. Apellidos como Woodwell, Morgan, Burton y Chamberlain quedan en la historia. Eran los tiempos del crecimiento del ferrocarril, con estaciones de trenes hacia La Plata y hacia el suroeste de la provincia. Avellaneda, Lanús, Remedios de Escalada, Banfield, Lomas de Zamora, Temperley y más allá… Inauguró su cancha en 1930 y, al año siguiente, fue uno de los invitados para fundar el profesionalismo. Sus dirigentes creyeron que el fútbol rentado no tendría futuro y el equipo jugó torneos amateurs durante unos años. Finalmente, en 1939 ascendió a la primera división. En su imprescindible libro El nacimiento de una pasión, Alejandro Fabbri rescata el origen del apodo "El Taladro". A principios de los cuarenta, el diario filo-nazi El Pampero tituló en su sección deportes: "Banfield, el Taladro de Sud, se apresta a agujerear a Gimnasia…". El periodista José Luis Navarro, jefe de la sección, insistió en usar esas palabras y el apodo se instaló para siempre. Evita quiso ver campeón a ese equipazo del 51, pero Mario Boyé tuvo otros planes y le dio el tricampeonato a Racing. Descendió en 1954, volvió en 1962, se fue a la B en 1972 y subió al año siguiente. En la temporada 86-87, le ganó una final para el infarto a Colón para regresar a la máxima categoría. Vive en la elite desde 2001. Pero su lugar corrió peligro en la temporada pasada por culpa de su bajo promedio. Después de la salida de Falcioni en 2005, había tenido un solo buen campeonato: el Apertura 2007, ganado por… Lanús, su clásico rival. Carlos Leeb, Raúl Wensel, Pablo Sánchez, Luis Jerez, Juan Manuel Llop y Jorge Burruchaga desfilaron por el banco hasta que en marzo de 2009, Falcioni y Portell dejaron de lado sus diferencias personales y pusieron al club por encima de todo.

A Banfield le había ido mal sin Falcioni y a Falcioni le había ido mal sin Banfield. Su experiencia en Independiente duró una sola temporada. A pesar de contar con Ustari y con Agüero, no pudo clasificarse para las copas y Comparada no le renovó el contrato. En la sexta fecha del Apertura 2006, asumió en Colón. No pasó nada. En agosto de 2007, tomó Gimnasia y Esgrima La Plata. Se fue a fin de ese mismo año.

Segundas partes nunca fueron buenas, dice un refrán de dudosa reputación. El 4 de abril de 2009, Falcioni volvió a sentarse en el banco de Banfield. Su equipo perdió por 2 a 1 ante el campeón del certamen, Vélez Sarsfield. En la primera formación del ciclo, aparecieron Lucchetti, Barraza, Víctor López, Bustamante, Erviti y Silva. Durante el partido, ingresaron el colombiano James Rodríguez y el uruguayo Sebastián Fernández. Aquí ya tenemos ocho titulares. Esa noche también jugó Maxi Bustos, baluarte de esta campaña hasta que se lastimó. Una goleada ante Independiente certificó la permanencia en primera. Con una sensata política de compras, suplió sus bajas. Méndez reemplazó a Nasuti en la defensa y Quinteros ocupó el lugar de Bertolo en el centro del campo. Sumó a Battión para reforzar la mitad de la cancha, pero ya había armado la base en el torneo anterior. Se hizo fuerte desde la intensidad defensiva y el orden.

Cada uno siempre supo lo que tenía que hacer dentro de la cancha. Explotaron los uruguayos Silva y Fernández. Erviti le dejó el costado izquierdo a Rodríguez y mostró su calidad para manejar al equipo desde el centro. A punto de retirarse después de su paso por San Lorenzo, Méndez volvió a disfrutar del fútbol y se dio cuenta de que él no era el problema. Señores, este equipo, cuyo todo fue más que la suma de sus partes, tiene el título que se merecía. Falcioni los convenció a todos de su idea y de su ejecución. Recibido de periodista en la década del noventa, planificó el escándalo mediático previo al partido frente a Boca para desviar la atención y quitarles presión a sus futbolistas. No es la primera vez que vuelca con sus palabras. "Falcioni juega la Copa y Griguol está en Gimnasia", dijo en junio de 1999, cuando se clasificaba con Vélez para la Libertadores y se mencionaba a Timoteo como su sucesor en el Fortín. Antes del ya famoso duelo de vuelta contra River por la Libertadores 2005, instaló una sospecha sobre el árbitro Brazenas, porque tenía un hermano trabajando en el área de seguridad de River.

No necesita de estas declaraciones. Le quitan grandeza a su muy buen currículum. Es el entrenador del Banfield que reescribe la historia del club. Es el primer arquero que termina ganando un título como DT en la máxima categoría del fútbol argentino. Le pone una faja de clausura al "y… qué querés, es arquero", frase modelo Maradona. En su duelo personal con el Pelusa más famoso, acaba de atajarle el tercer penal. El tierno abuelo, antes celoso padre, cierra su propio círculo. Cuatro años y medio después, Julio Falcioni cumplió su sueño y al final salió campeón en la Bombonera.

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