Fernando Gago: "Desde que debuté en primera, a los 18 años, que doy indicaciones en la cancha"

Uno de los líderes futbolísticos y capitanes de Boca disfruta su momento y el del equipo en ambos frentes, y afirma: "Acá, en el vestuario, no hay nadie que sea más importante que otro"
Christian Leblebidjian
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28 de febrero de 2015  

Fernando sabe cómo terminará la historia. Cuando regrese a la casa, su mujer Gisela le cuestionará que no se afeitó y que así, cuando juegue, va a raspar con la barba a Mateo, el hijo de un año y ocho meses que les cambió la vida. Se lo ve de muy buen humor a Gago. Hasta suelta una gran sonrisa para las fotos. Habla con pausa y pensando cada respuesta, como cuando elige la mejor opción de pase. A los 28 años, es uno de los referentes de un Boca que empezó con el pie derecho en 2015 y él, además, mostró un rendimiento que vuelve a ilusionar a los hinchas. Pero hay cosas que no se modifican, más allá de que ahora asume más responsabilidades desde lo humano y profesional. Depende de los contextos. No le gusta verse en la televisión cuando aparece en una entrevista o en una conferencia de prensa. "No sé por qué y hasta te diría que es cómico, pero me da vergüenza y cambio de canal. Es mi forma de ser. No es nada en contra de la prensa, al contrario. Es por mi timidez. De chiquito soy así", aclara.

Pero a la hora de jugar, en el hábitat del campo de juego, todo cambia: muestra una personalidad que, remarca, le sirvió para hacer la carrera que consiguió. Ahí se pone serio. Incluso a veces puede mostrarse fastidioso tras recibir una infracción, pero le pasa lo mismo cuando falla en dos o tres pases. El primero al que le exige es él mismo. Y por eso Gago comenta que nunca tuvo problemas con ningún compañero: "Siempre fui de hablar jugando al fútbol. Desde que debuté en primera, a los 18 años, que doy indicaciones en una cancha". Y desde aquel momento vuelve a mirar los partidos que juega con Boca, Real Madrid, Roma, Valencia o la selección para analizarse y corregir errores, mejorar.

—Cuando debutaste en Boca, en 2004, se te veía disfrutar. ¿Hoy lo podés hacer o se profesionalizó tanto todo que...?

—Lo disfruto. El día en que no disfrute entrar a un campo de juego, no voy a hacerlo más. Prefiero buscar la felicidad en otra cosa. Pero esto es mi vida, el fútbol.

—Pero hoy las exposiciones son mayores: hay 25 cámaras en un partido, más medios, las redes sociales tomaron auge ¿el jugador debe cuidarse más de lo que dice y hace?

—Sí. Por ahí se nota más que hay muchos programas, pero uno debe igual mantener la privacidad. No sólo del vestuario. Porque hoy pasa algo en un vestuario y, a los 30 segundos, ya está en twitter. Antes, hace diez años, por ahí las cosas también se sabían, pero tardaban un poco más. La sociedad está así, no sólo el fútbol. Y uno debe adaptarse.

—¿Y te cuesta adaptarte a eso?

—Estás acostumbrado a otras formas, pero es lo que nos toca. Hoy un chico que sube de las inferiores tiene más facilidades para llegar, para firmar un contrato. Cuando a mí me tocó debutar en primera división no pasaba eso. Pensar en jugar en primera y llegar a ese vestuario era una sensación única.

—¿Hoy los chicos tienen más distracciones?

—Sí, pero distracciones tienen todos los chicos de 17, 18 años. Hasta un grande. Es normal. Pero el enfoque del objetivo del vestuario tiene que ser claro, eso está bueno que ellos lo aprendan y lo puedan hacer.

—Ahora sos vos uno de los que está encima de ellos.

—Sí, pero yo... Hay veces que escucho cosas que no son ciertas. Acá en el vestuario no hay nadie que sea más importante que otro. Somos un grupo en donde cada uno tiene palabra y poder de decisión. Se hablan cosas y se toman decisiones como en cualquier trabajo, pero para buscar la mejor armonía para el vestuario y para dentro de la cancha.

—Pero vos arrancaste y había referentes que estaban encima para guiarte. Ahora ese rol te toca a vos con los más jóvenes.

—Sí, depende de cada uno. Tuve compañeros más experimentados que no tenían esa forma de manejarse, que no hablaban. Lo evitaban y no era un problema. Yo ahora trato de ayudarlos en lo que me corresponde y nada más. Después cada uno tiene su vida y su opinión.

—¿Qué significa ser capitán?

—Es algo muy lindo. La verdad es que ya en las inferiores me tocó ser bastante capitán y en varias divisiones. Y ahora también en primera, aunque "el" capitán es Daniel Díaz, yo soy sub capitán. Sino se me va a enojar el Cata... (risas). Pero el sueño más grande de mi vida fue haber debutado en primera con la camiseta de Boca. Aquél día ante Quilmes (5/12/2004, triunfo por 1-0). Fue por lo que trabajé y me esforcé, el objetivo que me propuse desde los 4 años cuando empecé a jugar a la pelota. Después pasaron cosas que fueron duras, pero hay que seguir. Hoy lo disfruto, pero más por el pasado, mirando para atrás y viendo todo lo que me costó llegar.

—¿Qué obligaciones extras te genera la capitanía?

—Es tratar de que todos estén bien, que ninguno tenga un problema no sólo futbolístico, sino también personal, que tengan la confianza de hablarlo con nosotros o con cualquier compañero. Acá nadie es dueño de la palabra o que alguien diga algo y se hace eso. Se van dando decisiones entre todos. Cuando pasa algo, en el fútbol es muy sencillo: hay momentos para hablar, hay momentos para no hablar. Los resultados son importantes. Esto es así hace 20 años, es así hoy y será así dentro de 20 años.

—¿Qué cosas cambiaron en tu juego, desde aquél debut con Quilmes, a la actualidad?

—Muchas. La experiencia, incluso la forma de vida te va cambiando. Hay cosas que de chico no las veías, cuestiones de posicionamiento; a los 18 años había un desgaste físico mayor y hoy se regula un poco más con una reubicación táctica. Al principio me dejaba llevar por la pelota y era un defecto para mi posición. Eso, con el tiempo, lo corregí.

—¿Te sentís un líder con la función de cumplir en el campo el estilo que pide Arruabarrena?

—Hay una idea que es clara y la maneja el DT. Después hay detalles que se van dando durante los partidos que tenemos que corregir nosotros, sea yo o quien le toque jugar. Por ahí desde mi posición se ve el juego distinto o desde Agustín (Orion). Desde ahí se ven los errores y uno apunta a corregirlos. Pero siempre dije que desde que juego al fútbol me siento importante en el sentido de tratar de darle lo mejor al equipo. No hoy ni antes. Yo siempre fui de la misma forma, para jugar y para manejarme en el ambiente del fútbol. Desde el día que debuté en primera, a los 18 años, que doy indicaciones en la cancha.

—¿Esa personalidad te ayudó a hacer la carrera que hiciste?

—Exacto. Siempre dije que una de mis grandes virtudes fue haber jugado con 18 años en primera como lo sigo haciendo ahora. De la misma forma. No cambié mi estilo por jugar en la primera división, al contrario. Es más: te digo algo. Mi estilo de vida, mi forma de ser, siempre fue igual, desde los 14 años hasta el día de hoy. Tengo cinco amigos que son mis cinco amigos desde los 6 años y son con quienes disfruto; obviamente mi familia, ahora mi hijo, algunas cosas van cambiando pero la esencia siempre fue igual.

—¿El día del debut también arrancaste dando indicaciones?

—Sí, me acuerdo que sí. Yo tenía el objetivo claro de que Boca tenía que ganar. Me tocó debutar en diciembre y el equipo ya estaba armado, había jugadores de renombre y era difícil, pero todo lo que haya que hablar para mejorar el equipo, hay que hablarlo; debe ser así. Hoy, si Andrés Cubas dice algo, está en todo su derecho y por ahí hasta tiene razón porque él ve el campo desde más atrás, desde otra perspectiva. Volví a ver varias veces el partido ese del debut y fue la emoción más grande porque lo mejor fue haber tenido en la tribuna a mi papá y mi mamá.

—¿Alguna vez algún compañero se enojó por alguna queja, gesto o indicación?

—No. Si tenemos muy buena relación con todos... Es más: me tocó jugar en el Real Madrid con cada nombre y yo tenía la misma forma de ser. Jamás me peleé con un compañero por eso.

—¿En Europa tampoco? Ahí tienen otra idiosincrasia.

—Sí, pero el fútbol es igual en todos lados: 11 contra 11, tratar de buscar un buen funcionamiento. Hay técnicos que te piden ser más verticales; otros tener una mayor posesión de la pelota, otros defender más. Pero todo eso se logra hablando. No se puede jugar al fútbol sin hablar. La comunicación es lo fundamental: si yo salgo a apretar, por dar un ejemplo, y dejo descuidada la mitad de la cancha, complico a los defensores. Entonces, la comunicación tiene que existir.

—¿Hoy sos más auto exigente que antes?

—Sí.

—¿En qué cosas?

—En todo. Me enojo conmigo mismo después de volver a ver un partido porque erré tres o cuatro pases que por ahí eran sencillos o porque elegí mal la opción. Durante los partidos, si el error es muy notorio, me enojo obvio en el momento, pero bueno, termina ahí. Entonces trato de corregir esas cosas.

—¿Es un hábito volver a verte en los partidos?

—Sí, lo hice siempre, desde los 18 años.

—En 2004 tenías como referente a Redondo. ¿Hoy qué jugadores admirás en tu posición?

—Me gustan mucho Andrea Pirlo y Daniele de Rossi. A De Rossi lo tuve de compañero en la Roma y es un jugador extraordinario. Por ahí mi estilo de juego puede ser más parecido al de Pirlo, pero son dos jugadores que me sorprendieron mucho. Me gustaría tener la pegada de Pirlo. No estaría mal eso...

—Ahora estás pateando más.

—Sí, por la posición, juego más adelantado si por detrás juegan Erbes o Cubas. Igual, prefiero sumar una asistencia que hacer un gol.

—El 23-8-2010, Real Madrid le ganó como visitante a Hércules 3-1. Fue el debut de Ozil y Mourinho te puso de defensor central.

—Con Juande Ramos también jugué un par de partidos de central. Una vez estábamos empatando con el Real y teníamos que ganar porque Barcelona se escapaba. El DT sacó un central y me puso a mí para hacer la salida y generar superioridad numérica en la zona de volantes. Jugué 35 minutos ahí, hicimos la diferencia y después hizo entrar a un defensor y volví a mi posición.

—¿Y cómo fue esa experiencia?

—Me gustó. En infantiles e inferiores también jugué de central algunos partidos. Me gusta la posición, es más fácil, tenés más espacios para jugar. Igual hoy no lo haría, pero quizás dentro de tres años... Tendría que probarlo. Por características no tengo la altura que suelen buscar para defensor central, pero uno de los mejores en el puesto fue Ayala y tampoco era muy alto.

—"Gago es un Redondo en potencia, Tiene su calidad, su elegancia. Viste el juego cuando ataca y cuando defiende. Le va a aportar mucho al Madrid". ¿Quién lo dijo?

—¿Valdano?.

—La Volpe. El generó una revolución en Boca. ¿Los dirigió en el momento equivocado?

—No sé. Ese equipo venía de ganar todo en la temporada 2005/2006. La idea de él era muy buena, porque hay varios equipos que juegan de esa forma, aunque en el fútbol argentino no estamos acostumbrados. Y encima no hay tiempo para trabajar. La Volpe estuvo tres meses en Boca. Se perdió un campeonato que la verdad fue inexplicable como se dio. Pero son formas de ver el fútbol, de entenderlo.

—¿Lo entendiste recién cuando te tocó ir a Europa?

—Es que no me tocó un DT que quiera jugar con línea de 3. No tengo dudas que es un sistema que puede servir, pero no es fácil y necesita un proceso de adaptación importante. Después estaba la situación de jugar con un solo 5 o con doble 5, pero yo había jugado con otro volante cerrado. No pasó por ahí, sino por un funcionamiento general, tanto para la recuperación de la pelota como para la forma de atacar. Porque hay veces que ser tan estricto con el sistema táctico te quita sorpresa. Ojo, esto igual jugando con línea de 3 o de 4. Pero también el jugador decide y en eso no tiene que ver el técnico.

—¿Te seguís preguntando porqué perdieron ese torneo con Estudiantes (Apertura 2006)?

—Sí. Y no... No hay respuesta. Fue, junto con la pérdida de la final del Mundial con Alemania, los dos golpes más difíciles de digerir.

—¿Cuáles fueron los DT que más te marcaron y porqué?

—Yo arranqué con el Chino Benítez, después, Basile, La Volpe, Capello, Schuster, Juande Ramos, Mourinho, Luis Enrique en Roma; Pellegrino y Valverde en Valencia. Me gustó mucho la idea de Luis Enrique en Roma. La de Juande Ramos en Real, la forma de ser de Mourinho en el temperamento, en el carácter. Schuster tenía una idea de juego importante, su forma de entrenar. Igual todos me dejaron algo, aunque el fútbol va cambiando y se va haciendo más moderno.

—¿Pensás en ser DT?

-Sí. Hoy digo que sí; mañana por ahí no (risas). Estoy haciendo el curso. Me gustaría. Por ahora tengo ganas de seguir jugando muchos años más. Me gusta, lo disfruto. El día de mañana... Me gusta ver los partidos, analizar los sistemas tácticos; fijarme sobre el manejo de los grupos, de trabajar en un campo y de dirigir. Pero para eso falta...

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