Gallardo, el motor de un modelo que River disfruta

Gallardo en la llegada del equipo en Aeroparque
Gallardo en la llegada del equipo en Aeroparque Fuente: Telam
En un año de trabajo le cambió la mentalidad al grupo, que ganó la Copa Sudamericana y ahora está en la final más deseada; el DT acierta desde su mensaje, en la elección de los refuerzos y en cómo potencia al plantel del que dispone
Alberto Cantore
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23 de julio de 2015  • 14:22

Las cosas pasan a veces por casualidad, pero también hay personas que buscan y se preparan para que esos hechos sucedan tal como fueron idealizados. Marcelo Gallardo integra la lista de estos últimos. Cuando en 2008 jugaba en la Major League Soccer, de Estados Unidos, el Muñeco trazaba su futuro y en las imágenes que proyectaba su mente se empezaba a vislumbrar el director técnico, y también que River volvería a cruzarse en su camino.

"Siempre me apasionó el laburo de técnico porque siempre me apasionó el fútbol. Sé que voy a volver", eran sentencias que lanzaba desde el exilio, entendiendo que tenía mucho más para darle al club que lo forjó como futbolista, con el que dio ocho vueltas olímpicas en los días de pantalones cortos y el cabello ensortijado. Ese momento llegó y Gallardo dio señales de que estaba listo para el reto: los desafíos son lo suyo. Asumió en River para reemplazar a un ícono como Ramón Díaz , que tras ganar dos nuevas coronas daba un portazo y hacía temblar la estructura del presidente D'Onofrio . En poco más de un año -fue presentado el 6 de junio de 2014- ganó la Copa Sudamericana y terminó con la racha de 17 años sin títulos internacionales; obtuvo la Recopa Sudamericana; fue subcampeón del torneo local, eliminó dos veces consecutivas a Boca, y ahora se clasificó para disputar, tras 19 temporadas, la final de la Copa Libertadores . Pero además de las estadísticas, que lo avalan, impuso un estilo de juego con el que el hincha se identificó, demostró ojo clínico para reforzar el equipo y les sacó brillo a futbolistas que estaban opacados. El desenlace de las semifinales con Guaraní , en Asunción, dejó en evidencia que es un estratego, pero también un técnico con soluciones a partir de sus elecciones.

La película que dirige Gallardo tiene dos nuevos héroes en su recorrido: Lucas Alario y Tabaré Viudez ; el goleador y el titiritero de la mágica noche paraguaya. Y ahí, detrás de ellos, estuvo el Muñeco. "Me genera mucha alegría, porque insistí para que viniera hasta último momento. Entró en un momento difícil y mostró su potencial. Tiene mucho para dar. Muchísimos no lo conocían. El público de River lo va a disfrutar porque es un gran futbolista", resaltó sobre Viudez, el uruguayo de 25 años, una debilidad desde el mercado de pases anterior que sólo pudo ser realidad ahora, aunque debió esperar porque en el guión de la novela el colombiano Teo Gutiérrez fue la primera estrella. La firma del contrato del díscolo atacante liberó el cupo de extranjeros y el charrúa, tras recibir la habilitación, debutó ante Guaraní. Tres intervenciones fueron suficientes para entender por qué el DT lo pidió y por qué se frustraba cuando Kasimpasa, de Turquía, demoraba el TAS, ese permiso que le permitiría jugar. La asistencia a Alario, un pase con clase, de galera y bastón, con el borde exterior del pie derecho, fue su obra perfecta; también dejó su sello en una habilitación a Mora y en otra a Cavenaghi . Todo en apenas 25 minutos... en su primer partido con la casaca de River.

Sin conocerlo como a Viudez, a quien dirigió en Uruguay, Alario resultaba una apuesta después de la partida de Teo. Con Cavenaghi sin lograr su mejor versión -aunque en Rafaela mostró su intacto olfato de goleador-; a la espera de que Saviola se acomode a la nueva exigencia y sin encontrar las respuestas que precisa en Boyé, la contratación del santafecino era una jugada estratégica y de riesgo. Con todo acordado, la revisión médica detectó un problema en la rodilla derecha y la transferencia casi se desinfla. River pidió cambiar los porcentajes de compra y la negociación se reflotó: US$ 1.300.000 por el 30% del pase y el compromiso de comprar otro 30% en junio de 2016 si no hay vestigios de la lesión. "Estoy muy contento por él. Se le dio en el momento en el que nosotros más necesitábamos el gol", dijo Gallardo sobre el artillero, que con una frase lo convenció para ser titular en el partido de ida semifinal, en Núñez. "Antes de lo partidos me gusta mirar a los ojos a cada jugador e ir preguntándoles cómo se sienten. Hablé con Alario y le dije si estaba preparado para jugar. ?Para eso me trajeron', me respondió. Ahí me convenció. Es un chico de gran personalidad, con muchas ansias de triunfar. Ya nos respondió en la cancha", enfatiza Gallardo sobre el atacante de Tostado, de 22 años.

Pero así como Viudez y Alario son las dos últimas joyas que relucen bajo el sol de River, antes hubo otros nombres que Gallardo rescató o les modificó el estilo para que resultaran piezas destacadas en una estructura que se acostumbró a ser protagonista y a ganar. Cuando el mensaje y la propuesta no funcionaban como arma de seducción, no dudó en encerrarse y charlar con los jugadores para despabilarlos o explicarles que si no cambiaban se les recortarían las posibilidades. En el semestre pasado, todos miraron con asombro el rendimiento de Pisculichi, a quien el DT le preguntó si conservaba el fuego sagrado después de haber jugado tantos años en Qatar, ya que conocía de su potencial, de sus virtudes. Piscu , ahora lesionado, fue determinante en la conquista de la Copa Sudamericana, con los goles a Boca y a Atlético Nacional.

Pero hay más. En el cuerpo técnico no se olvidan de las charlas con Kranevitter, que estaba en tan bajo nivel y sin resolver su futuro, y arrancó el ciclo como suplente; o del trabajo para relanzar a Carlos Sánchez , que estuvo dos meses inactivo desde que terminó el préstamo en Puebla y tenía muy poco de la dinámica que muestra ahora, cualidades que lo llevaron a la selección uruguaya; o de cómo le reabrieron las puertas a Mora, que volvía de Universidad de Chile con escaso rodaje y poca pólvora en sus zapatos, pero que se reconvirtió en el delantero punzante, además de realizar un importante desgaste físico para cumplir con el trabajo táctico. También, la ratificación a Funes Mori , de quien destaca la personalidad para sobreponerse a los errores, por sobre Álvarez Balanta . Y los mensajes a Rojas , que debió readecuarse, sumar sacrificio y despliegue, y ser más directo en ataque cuando asumió. Hasta plantarse frente a Teo Gutiérrez y exigirle que decidiera si prefería quedarse o cambiar de aire, tras el Mundial de Brasil, así podía planificar el futuro?

"Esta es una ilusión que se viene persiguiendo hace 20 años. Hace un año que los jugadores vienen haciendo un esfuerzo enorme. Este equipo va a quedar en la memoria del hincha de River, en la historia. Sin grandes figuras, pero con un corazón enorme. Todavía no tomamos conciencia de eso. Cuando pase el tiempo, se van a dar cuenta de que consiguieron algo de muchísimo valor: no sólo por ganar un título, sino porque la gente se vio reflejada en este equipo, después de muchos momentos en lo que se sufrió y se la pasó mal. Tener otra vez esta posibilidad habla bien de este grupo de jugadores", reflexiona Gallardo, el ideólogo de un nuevo modelo que le devolvió la esperanza y el protagonismo a River. No es una extrañeza que el presidente D'Onofrio confirmara que su continuidad está asegurada después de junio, fecha en que se termina el contrato

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