Ganamos con el overol

Por Ezra Sued (*)
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5 de diciembre de 2001  

Ese tricampeonato se gestó bastante antes. Racing marcaba el paso desde el 48, cuando sobrevino la huelga de jugadores. Esa vez, el título fue de Independiente. Después arrancó nuestra serie con la particularidad de que conseguimos parte de esas conquistas jugando siempre de visitante: en el 49 fuimos campeones jugando como locales en La Boca.

Para el año 51 ya habíamos aflojado; nos relajamos después del bicampeonato. Pero faltando dos fechas para el final, Banfield, que era el puntero y el equipo a vencer, perdió con Chacarita y nosotros le ganamos a San Lorenzo. Era la oportunidad.

Llegamos al final igualados en puntos; Banfield tenía mejor diferencia de gol, pero la AFA dispuso que se jugaran dos finales en San Lorenzo. Son muchos los recuerdos, pero hay algo que está por encima de todo. Fue la nobleza con la que jugaron todos. En ningún momento se vio mala intención. Un comportamiento irreprochable, un ejemplo, teniendo en cuenta cómo son los partidos decisivos de hoy.

Y respecto de cómo se dieron los partidos... En fin, dejamos el frac a un lado y ganamos con el overol. Pudo haber triunfado cualquiera. “Turco, lo felicito, ganaron porque tienen más oficio”, me dijo, llorando, Capparelli, que me marcó esa tarde.

Alrededor de esas finales se tejió toda una historia en la cual hay cosas que se han falseado. Yo lo viví... Una vez, Ramón Cereijo, que era ministro de Hacienda y se sabía que era hincha de Racing, nos trasladó una “sugerencia” que le había hecho, según nos contó, la señora de Perón. Ella le había dicho que vería con buenos ojos que ganara la final un equipo humilde, como Banfield, para dar un ejemplo de que los postergados también podían. Nos dijo eso y nos dio un rato para pensarlo.

Por entonces, el capitán nuestro era Higinio García. Y nosotros decidimos en forma unánime lo que después le respondimos a Cereijo. “Por respeto a nuestros principios morales, por nuestras familias y por la gente que nos alienta, si nos toca jugar vamos a ir al frente y poner todo lo que debe poner un hombre de ética”, le dijimos. El nos contestó que estaba contento por eso, aunque supiera que quizá se iba a jugar el puesto. A los tres meses dejó de ser ministro de Hacienda. Lo demás que se dice, que ganamos por acomodo, son todas mentiras.

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