"Ya me velaron 50 veces, pero acá estoy", la frase de Holan que desafió a los periodistas

Independiente celebra la conquista de Cecilio Domínguez
Independiente celebra la conquista de Cecilio Domínguez Fuente: AFP - Crédito: Juan Mabromata
Rodolfo Chisleanschi
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28 de mayo de 2019  • 08:00

Independiente puso punto final al semestre logrando el objetivo de clasificarse para los octavos de final de la Copa Sudamericana. Derrotó 2-0 a Rionegro Águilas Doradas de Colombia con goles de Romero y Domínguez y acalló por un rato los rumores, dudas y conflictos latentes que envolvieron al plantel, al técnico Ariel Holan y al club en las últimas semanas.

"Ya me velaron 50 veces, pero acá estoy [...] Tengo contrato hasta 2021. Las dudas surgen de ustedes. ¿Cuántas veces lo voy a decir? Todo lo demás lo inventan ustedes, los periodistas", fue lo primero que Holan, visiblemente molesto, aclaró en la conferencia de prensa. Aunque antes hubo una victoria con aires de tranquilidad.

Ninguna noticia puede ser mejor para el momento actual de Independiente que el hecho de bajarle el telón a un semestre olvidable. Irse de vacaciones, despejar la mente, modificar todo lo que se crea conveniente modificar es lo que imponen las circunstancias: la falta de confianza que transmiten los jugadores, las controvertidas decisiones del entrenador, el murmullo nervioso de la gente, que en unos minutos es capaz de pasar del aplauso y el aliento sostenido al silbido más hiriente, las vacilaciones de los dirigentes en algunas declaraciones.

El gol de Romero

Fue en medio de ese clima enrarecido que el Rojo debió buscar enderezar una serie que se había complicado solito en su excursión al oriente de Antioquia. Y, como era de esperar tras una semana demasiado agitada, le costó horrores. Por los abundantes defectos propios y por alguna que otra virtud ajena.

No tuvo el equipo de Holan el espíritu avasallante que se le podía suponer, esa "bronca" de la que habló el viernes pasado para encarar el encuentro. Prefirió tomarlo con calma, no perder la paciencia para descubrir las grietas que pudiera dejar el cerrado 5-4-1 que le presentó Rionegro Águilas. Su problema fue que en todo el primer tiempo le faltaron siempre unos centavos para el peso (o en los tiempos que corren, quizás sea mejor decir para el dólar).

El gol de Domínguez

Fue el Rey de Copas un equipo de ráfagas, de acciones aisladas dentro de una medianía general que alteraba el ánimo de las tribunas y le permitía al conjunto colombiano poner una y otra vez el encuentro en el freezer a fuerza de pérdidas de tiempo y algunas secuencias de toque que desnudaban los problemas del local para recuperar la pelota.

El cuaderno devolvió muy escasas anotaciones en los 45 iniciales. Un cabezazo de Burdisso en el arranque, un par de remates de media distancia de Pérez y Benítez... demasiado poco ante la necesidad de marcar rápido y tranquilizar el ambiente.

Careció de continuidad el ataque de Independiente, más profundo cuando iba por izquierda que por derecha, más efectivo cuando Benítez se tiraba atrás en lugar de estacionarse entre los centrales rivales, pero en todos los casos sin punch en la puntada final. Fallaba el último pase, el centro o, las pocas veces que sucedía, el disparo final.

El complemento pareció indicar el mismo camino. Buena combinación Pérez-Romero-Menéndez y tiro débil del puntero desde el medio del área a las manos del arquero a los 47. Pero el fútbol, tan impensado, le abrió el panorama al Rojo de la manera menos lógica posible. En la jugada siguiente se equivocó el hasta ahí impecable central Ramírez, peinó hacia atrás y lo dejó a Romero mano a mano con Delgado. El Chino la picó con suavidad y puso el 1-0 que buena parte de los jugadores fue a celebrar con el discutido Holan.

No suele haber mejor terapia que el gol. Sin hacer nada del otro mundo, todo Independiente se sintió liberado. Los jugadores, que adquirieron una velocidad más en cada carrera y comenzaron a ganar las divididas que antes le quedaban a los colombianos; la tribuna que se dio el gusto de ampliar su repertorio de cánticos. Y entonces apareció el juego. A los 60, el equipo fue llevando el ataque de izquierda a derecha a puro toque hasta que Pablo Pérez le marcó el pase al fondo a Benítez, mandó el centro y por el segundo palo Cecilio Domínguez saltó todo lo que pudo para establecer el 2-0 de cabeza.

Con la desventaja se desvanecieron las Águilas y llegó el tiempo de las preguntas. ¿Alcanza esta sufrida clasificación a octavos de la Sudamericana y los aplausos iniciales de la gente para garantizar que Holan siga al frente del equipo? ¿Sirven los dos goles clave en la serie y el festejo de Silvio Romero de cara a los hinchas para olvidar los silbidos con que fue recibido y pensar en darle una nueva oportunidad? ¿Hasta dónde llegará la anunciada limpieza del plantel?

Holan sabe que hay puntos para corregir. Incluso de parte suya. "Tengo mucho que aprender como entrenador en cuanto a la comunicación con los jugadores y estoy dispuesto a seguir creciendo", aseguró, en relación a las versiones sobre una mala relación con algunos referentes del plantel.

Silvio Romero, el goleador, fue más o menos en la misma dirección. "Todos saben que quiero quedarme en el cub. Molesta salir cada semana a aclarar rumores", dijo.

El Rojo se va con una alegría, moderada pero alegría al fin, a unas vacaciones que responderán todos los interrogantes, quizás desde mañana mismo. El peor semestre de los vividos en los últimos tiempos cerró la persiana, y teniendo en cuenta cómo venía la mano, no puede haber mejor noticia para el conflictuado Rey de Copas.

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