Independiente le ganó a Vélez y dio un paso para la clasificación a la Copa Sudamericana

Argentina Superliga
  • 2
Independiente

Independiente

  • Silvio Romero /
  • Pablo Pérez
  • 1
Vélez Sarsfield

Vélez Sarsfield

  • Leandro Fernández
Rodolfo Chisleanschi
(0)
30 de marzo de 2019  • 17:15

Independiente se aferra a la última carta que le queda en una Superliga que vivió con más sombras que luces. En un partido durante el cual atravesó por todos los matices emocionales y futbolísticos posibles acabo derrotando 2-1 a Vélez y sumó tres puntos vitales para asegurarse al menos su entrada en la Copa Sudamericana 2020, meta menor que se fijó el club tras quedar fuera de la lucha por la clasificación para la Libertadores del año próximo.

A veces el fútbol también se entiende a partir de gestos sueltos. Cuando los jugadores de un equipo se miran desorientados porque en las primeras dos salidas desde el fondo no encuentran la manera de superar el enjambre de rivales que se le vienen encima. Cuando a un futbolista le alcanzan la pelota de la banda para que apure un lateral y se le cae de las manos. Cuando se fallan pases de dos metros y los controles fáciles se transforman en rebotes largos. Cuando de las tribunas comienzan a bajar más silbidos que aliento y el cántico más fuerte es el inquietante "movete y dejá de joder" es que en ese equipo algo no funciona como corresponde.

Crédito: @VelezSarfield

Independiente sumó todos estos gestos juntos durante 45 minutos cercanos al máximo riesgo futbolístico. Sorprendió Ariel Holan con algunas variantes impensadas pero su equipo nunca encontró acomodo en la mitad de cancha, y a partir de ahí padeció una catarata de males.

No tenía a mano el técnico a sus volantes centrales naturales y eligió desplazar a Pablo Pérez a una posición que no le sienta bien por más empeño que le ponga (la alternativa era darle la responsabilidad al chico Mercado, de las inferiores). Pero además lo rodeó con Sánchez Miño y Pizzini, jugadores habituados a moverse por afuera, una zona donde el tráfico suele ser menor y la velocidad mental para decidir y ejecutar no se torna tan imprescindible.

Durante un buen rato, el invento resultó un regalo para la voracidad de Vélez en la presión. La diferencia de dinámica se hizo notable desde la pelota inicial, y a los 8 se durmió Sánchez Miño, robó Bouzat, definió Leandro Fernández (jugador del Rojo a préstamo en el Fortín) y el local tuvo que sacar del medio mucho antes de lo imaginado.

Crédito: @VelezSarfield

El 0-1 desnudó todas las falencias que Independiente viene acumulando en los últimos tiempos. Lentitud en la gestación, dificultades en la recuperación, errores individuales en el manejo de la pelota y hasta una aparente desaprensión de algunos jugadores a la hora de apretar los dientes. Vélez ni siquiera necesitó exponer las virtudes de su elogiado funcionamiento para manejar la ventaja con relativa facilidad. Su pecado fue no aprovechar el descontrol evidente de su rival y permitir que el Rojo empezara a disimular sus agujeros conceptuales a base de empuje, un apartado que tuvo a Emanuel Brítez como abanderado principal.

Silvio Romero tuvo su oportunidad a los 37 y Lucas Hoyos le ahogó el grito con una atajada estupenda pero el equipo de Heinze no comprendió un preanuncio que Holan reforzó en el descanso. Corrigió el

técnico su desaguisado inicial con el ingreso de Gaibor y el regreso de Sánchez Miño a la defensa, tuvo por fin un pase fácil Pablo Pérez en la salida y a las ganas el Rojo le añadió también volumen de juego.

Fuente: FotoBAIRES

El 1-1 fue una consecuencia lógica y sirvió para que el discutidísimo Romero se quitara la mufa gritando con el alma el gol que tanto necesitaba para apagar los silbidos.

Lo que siguió fue una demostración de que caben infinitos partidos dentro de un mismo partido. Independiente archivó de pronto todas sus patologías mientras terminaba de desdibujarse. Los anticipos, los aciertos, la intensidad y las elecciones correctas cambiaron de vereda, y así a nadie pudo tomar por sorpresa que Pablo Pérez empujara abajo del arco el 2-1 a los 84 para darle a los de Holan un triunfo que incluso acabó siendo merecido.

El canto agradecido de la hinchada, olvidados ya los reproches, los puños bien apretados de los jugadores locales; la bronca de Hoyos reventando una pelota contra la tribuna y las cabezas gachas de los visitantes fueron los gestos que entregó el final. El fútbol, a veces, puede explicarse muy fácil.

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