Indomable: River apeló al coraje y ganó

Con empuje y los destellos goleadores de D´Alessandro y Cavenaghi, se repuso a una desventaja y en los últimos seis minutos venció 2 a 1 a Corinthians; el 14 del actual, el desquite
Claudio Mauri
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2 de mayo de 2003  

El fútbol de River habrá sido chico, apenas perceptible, pero el corazón fue gigante, indomable hasta que no consiguió una victoria que estuvo seriamente en riesgo, que parecía escaparse en una de esas tardes aciagas. Tuvo el empuje que le insufló una multitud (casi 55.000 personas) que acudió atraída por dos razones de peso: la Libertadores empieza a liberar mucho suspenso por el vértigo que produce jugarse la permanencia en un par de partidos y porque este equipo de River, desde hace un par de meses, le restituyó la confianza al hincha, lo obligó a reabrirle el crédito con la mejoría futbolística, la superación de varias individualidades y el alumbramiento de una personalidad ganadora, como la que desplegó ayer para sobreponerse a todas las señales negativas que se le iban acumulando.

Es cierto que había hecho méritos como para no sufrir tanto, para no ser víctima de las mezquindades de Corinthians, más predispuesto a las asperezas y las mañas que sirven para ensuciar un partido que a apostar a la interesante técnica de algunos de sus hombres. El encuentro respondió a un eje casi inalterable: la insistencia -aun con baches- de River y el amotinamiento de Corinthians, con un claro reparto de funciones: siete hombres para defender y tres (el enganche Wagner y los dos delanteros) para asomarse con la pelota en terreno local.

Los últimos 25 minutos fueron los que realmente le pusieron color y calor al partido, con un final abierto a emociones fuertes. Porque River vivió situaciones contrastantes, se sintió cerca del abismo y parecía que la cuota de azar que siempre sobrevuela en un encuentro lo había ignorado. Hasta que en cuatro minutos, entre los 39 y los 43, escapó de una derrota que se le venía encima y se puso bajo los focos de un triunfo por el que nunca dejó de luchar y en el que jamás dejó de creer. Y eso que habían ocurrido cosas como para que River se desanimara, se entregara al desaliento. Recibió dos golpes en un minuto que podrían haberlo noqueado: la expulsión de Husain -otra vez golpeó en exceso e innecesariamente- y el gol de Wagner, que tomó un rechazo y definió desde afuera del área con un tiro bajo.

Enseguida, Pellegrini acertó con dos cambios: ingresaron Ludueña -le dio vivacidad y profundizó el juego- y Pereyra, uno de esos volantes fuertes y empeñosos, que por rendimiento nunca deja a su equipo con uno menos, algo que ocurría mientras actuó Lequi, que estuvo en la cancha más minutos de lo debido porque el cotejo no daba para sus características: no era necesario para la marca y la falta de espacio desnudaban sus limitaciones en ataque. Por ese entonces, la temperatura del partido estaba por las nubes: River se desesperaba, los nervios multiplicaban los roces y los forcejeos (D´Alessandro se salió de las casillas con Kléber, que luego salió expulsado por una fuerte entrada). Un tiro en un poste de Fuertes y una gran atajada de Doni tras un tiro de Ludueña que Cocito completó con un despeje sobre la línea llevaban a pensar que River no encontraría recompensa. Una sensación que D´Alessandro y Cavenaghi, los dos grandes capitales futbolísticos de Núñez por presente y futuro, desterraron a pura calidad. El primero, con un impecable tiro libre, y el segundo, con una pasmosa serenidad -por el momento y por lo que estaba en juego- para tocar al gol una habilitación de Pereyra, en una acción en la que Fuertes, que bloqueó a un defensor, estaba en posición adelantada.

Y como ocurre últimamente, D´Alessandro fue la figura, quizá con un protagonismo desmedido porque al equipo le costó encontrar variantes. Entonces, el 10 y capitán millonario fue el que siempre pidió la pelota y nunca se escondió, el que jamás renunció a que su gambeta quedara atrapada en la férrea persecución individual de Cocito, el que en algún momento perdió el estribo emocional, el que, en definitiva, se puso el equipo al hombro pese a las imperfecciones propias y a un rival que no regalaba metros y rechazaba todo lo que llegaba por arriba.

En del Día del Trabajador, River se autohomenajeó con un éxito muy laborioso. Por una diferencia mínima que está lejos de anticipar la sentencia que tendrá esta serie, pero que lo muestra con la moral suficiente para seguir adelante.

Primer triunfo local

Disputados siete partidos de ida por los octavos de final, el de River fue ayer el primer éxito de un local. Los que no pudieron ganar en su cancha y quedaron comprometidos para el desquite son Boca, Nacional, Pumas, Olimpia, América y Cerro Porteño.

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