Italia tiene un panorama complicado

pese a las diferencias de jerarquía y trayectoria entre ambos equipos, el Campeón apenas empató 1-1 con Nueva Zelanda: jugó mal nuevamente y ahora puede estar en riesgo su clasificación
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20 de junio de 2010  

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NELSPRUIT, Sudáfrica (Especial).-¿Por dónde empezar a hablar del empate de Italia y Nueva Zelanda? Varios puntos de análisis piden permiso para pasar al frente. Por ejemplo, la pobre tarea del campeón del mundo, cuyo pase a los octavos de final está complicado. O, más en contexto, el mal nivel de varias potencias europeas, como la citada azzurra , España, Francia e Inglaterra. También, hablar del emparejamiento del fútbol ejemplificado en los All Whites: en su segunda presencia mundialista (había perdido sus tres partidos en 1982) sumó dos empates y una actuación digna. Y, también, las dudas que dejó el arbitraje del guatemalteco Carlos Batres, en una jornada donde los referís quebraron la serie de buenas actuaciones que venían caracterizando a la competencia.

Italia no puede buscar excusas: es cierto que cuando los equipos todavía no se habían plantado en el terreno, Shane Smeltz puso a los neozelandeses arriba con un tanto cuestionado por la posición del autor del gol. Pero Vincenzo Iaquinta empató de penal (otra sanción dudosa por un leve agarrón de Tommy Smith, a Daniele De Rossi) a los 29 minutos. Por ende, el equipo de Marcello Lippi, formado por futbolistas que actúan en una de las mejores ligas del planeta, tuvo una hora para superar a un conjunto integrado por jugadores con escaso roce internacional. El campeón oceánico cuenta con el plantel más barato del torneo, estimado en 11.141.000 dólares, muy lejos de los 575 millones en los que se valúa el conjunto europeo.

Luego de su gol, Nueva Zelanda se replegó y el partido resultó un monólogo italiano. El tanto de Iaquinta no varió el mapa del partido. Pero es hora de escaparles a las críticas fáciles hacia los equipos defensivos, si es que se trata de uno como Nueva Zelanda, con un potencial disminuido y una historia que apenas se empieza a escribir. En otras épocas, las potencias barrían con rivales así. Ahora, esto no sucede. Italia dio otro ejemplo: exhibió pocas ideas y se limitó a tirar centros al área que jamás generaron situaciones de riesgo, más algún remate desde lejos.

En el comienzo de la segunda etapa, Lippi movió el banco de suplentes, dejando afuera a un desconocido Alberto Gilardino y poniendo en su lugar a Antonio Di Natale. Y también sacó a un volante defensivo, Pepe, para darle lugar a uno más ofensivo, el argentino Mauro Camoranesi. Los tiros desde media distancia permitieron el lucimiento del arquero Mark Paston, quien contuvo remates peligrosos de Montolivo, De Rossi, Mauro Camoranesi y Antonio di Natale. Al fin de cuentas, la actuación del campeón no es más que una confirmación del mal mayor de esta competencia: la falta de gol.

Sólo en los veinte minutos finales del partido se hizo intenso el dominio de los italianos. Con presión e insistencia lograron lo que con fútbol no consiguieron. Nueva Zelanda se defendía con orden y se aproximaba de manera esporádica al área rival. Casi no atacó, pero cuando lo hizo provocó algunos sustos. Hacia el final del encuentro hubo disparos de Ivan Vicelich y Chris Wood que se fueron apenas desviados.

Fue el segundo empate en un tanto de los italianos, quienes ahora deberán derrotar a Eslovaquia en el cierre de la primera rueda para avanzar a los octavos de final. También quedó abierta la posibilidad de que Italia termine segunda en su Grupo y tenga que jugar con Holanda en la próxima etapa.

Todo esto dejó un empate insípido para el espectáculo (otro más en el Mundial y van...), pero que permite un análisis de situación del estado del fútbol actual. Un juego, por lo que se ve en Sudáfrica, en el que los grandes se empequeñecen ante el recuerdo de lo que ya no son, y los modestos muestran progresos.

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