Kaliningrado, un puerto emblemático dentro del Mundial y sus particularidades

La venta de objetos relacionados al Mundial Rusia 2018, con todo tipo de ofertas
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Marcelo Gantman
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14 de junio de 2018  • 16:10

KALININGRADO, Rusia.– Una arquitectura que se asemeja a la cabeza de robot. Ese es el edificio guardián que custodia el Fan Fest de esta ciudad que es Rusia un poco alejada de Rusia. Kaliningrado es un puerto que se ubica geográficamente entre Lituania y Polonia, sin conexión con toda la enormidad del resto del territorio ruso. Alguna vez se llamó Königsberg y perteneció a Prusia; por lo tanto luego fue de Alemania. Pero desde 1945, luego de la Segunda Guerra Mundial, fue anexada a la Unión Soviética. Actualmente, el presidente ruso Vladimir Putin lo considera un lugar estratégico para su flota militar, ya que sus aguas nunca se congelan y es el punto de contacto más cercano con el resto de Europa.

La descripción es necesaria para entender donde estamos. Acá, por el Mundial Rusia 2018, se van a enfrentar Croacia y Nigeria este sábado, pero ahora en Kaliningrado lo que interesa es colmar el Fan Fest para seguir a Rusia contra Arabia Saudita en la apertura del Mundial. Esa cabeza de robot, construída en 1970, tenía destino de edificio conmemorativo y concentrador de la burocracia estatal. Quedo a mitad de camino y representa el futuro imaginado por la Unión Soviética desde la simbología de la arquitectura. Finalmente el futuro tuvo otros planes y llego patrocinado por las marcas que acompañan a la FIFA y que proveen entretenimiento en los Fan Fest.

En la entrada al predio hay chicas y chicos con sets de maquillaje para pintar en las mejillas de los fanáticos los colores de su país. Domina en los cachetes, desde ya, la bandera rusa. El control de acceso es severo. Un doble chequeo entre el detector de metales y personal de seguridad que vuelven a revisar en modo manual. Una vez cumplido el proceso se ingresa en esa zona de libertad muy vigilada.

Kaliningrado ya vive el Mundial
Kaliningrado ya vive el Mundial Fuente: Reuters

Hay decenas de puestos de comida. Entonces, nadie hace fila a pesar de que hay una multitud. Las bebidas gaseosas y el agua mineral cuestan 80 rublos (35 pesos) y la lata de cerveza de medio litro 200 rublos (88 pesos). El menú está adaptado al gusto local. Kalinigrado por su historia tiene una mezcla de estilos de cocina alemán, ruso, polaco y lituano que se resumen en la oferta gastronómica del lugar. Un sandwich de carne de cerdo pero ofrecido dentro de una papa cuesta 200 rublos, igual que una salchicha con un pan baguette. Una porción de arroz pilaf con pickles se vende por 250 rublos (110 pesos), mientras que un clásico de la zona como el repollo cocido con salchichas la gente se lo quita de las manos a los puesteros por 300 rublos (132 pesos).

El acceso al Fan Fest se permite con el Fan ID. No todos lo tienen y por eso hay gente que se queda afuera del perímetro y ve de todos modos la pantalla gigante con el partido, como lo hacen aquellos que no pagan la entrada en los conciertos de rock y orientan sus orejas para el lado del que viene la música. El partido se resuelve con sencillez para Rusia. Deliran todos con esta presentación triunfal por 5 a 0 contra Arabia Saudia. El Mundial ya se soltó el pelo. En Kaliningrado, una ciudad que fue devastada por la Segunda Guerra Mundial, el Fan Fest colabora con su efervescencia a distancia. Desde un puerto que mira más para el lado de Europa y menos para el resto de Rusia.

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