La eficacia de los delanteros de Boca, la bandera de Guillermo Barros Schelotto

Crédito: Captura TV
Christian Leblebidjian
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31 de octubre de 2018  • 23:36

En el partido de 180 minutos, Boca tenía que hacer un gol. En realidad podría no hacer ninguno y clasificarse igual a la final, si perdía por un gol o hasta cayendo por dos y accediendo a la llave decisiva por penales. Pero así como se había encontrado en la Bombonera con un resultado perfecto (2-0), analizando el contexto y los méritos globales que había hecho para justificar el score (dos apariciones sorpresivas de Benedetto) , nada mejor que utilizar como golpe de gracia un gol de visitante que condicione a Palmeiras a hacerle cuatro goles. Hizo dos. Porque pasan los años y lo mejor del Boca de los Barros Schelotto sigue estando en los delanteros. Porque atrás sigue dando ventajas, por más que en algunos partidos tome más recaudos o termine con la valla en cero.

La estrategia de Guillermo Barros Schelotto, en la previa, era buscar un planteo como el que hizo en Belo Horizonte ante Cruzeiro para defender la misma diferencia (2-0), por los cuartos de final: un sistema preferido 4-3-3 que se transformaba en 4-1-4-1 desde los voluntariosos retrocesos de Villa y Pavón, con las líneas más juntas y un bloque más agazapado para "jugar" con la desesperación local y salir de contraataque vía los wines. En ese encuentro Boca sufrió más de lo que indició el 1-1, sobre todo con algunas salidas de Agustín Rossi en los centros. Ante Palmeiras, Sebastián Villa se destacó recuperando en campo propio y asistiendo en la misma jugada, para deleite del Mellizo.

Pero así como cuando fue bicampeón en la Superliga, en la actual Copa Libertadores también Boca se aferra mejor al gol que a los méritos que acumuló en el camino para llegar al festejo. El equipo del Mellizo no necesita generar mucho para convertir. Esa es una de sus principales virtudes. Antes de la vuelta ante Palmeiras, tomando los últimos cinco encuentros de la competencia hizo 11 goles en 30 situaciones de riesgo generadas, lo que indica que hace un gol antes de generar tres chances. En esa misma cantidad de encuentros, sumó un promedio de 10,4 remates por partido.

Como "sociedad" ofensiva, léase entendimiento entre jugadores, quizás la de mayor química sea la de Cardona-Tevez, por más que uno ni viajó y el otro es suplente. El punto fuerte de Boca está en los desequilibrios individuales que pueden generar los delanteros, entre los que se repartieron las anotaciones en la actual Libertadores: Abila (4), Pavón (3), Tevez (3), Zárate (3), Benedetto (3) y Cardona (2). ¿El resto de los goles? Pablo Pérez (1) y Fabra (1), además de Luis Ruiz (en contra), de Junior. Y en esa estructura, el más flexible para adaptarse a todas las demás características de los delanteros xeneizes es Wanchope, el que anoche hizo el 1-0 en la tercera chance de gol que tuvo Boca en San Pablo.

Darío Benedetto, que reemplazó a Ábila, respondió con la misma eficacia: anotó con un derechazo desde afuera del área (como en la ida) en su primer remate al arco, en la cuarta chance de gol xeneize. Para pasar a la final y confirmar la tendencia del Boca finalista.

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