La etapa juvenil de Messi y Agüero no debe reabrirse

Claudio Mauri
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9 de enero de 2007  

Alrededor de la conformación del seleccionado Sub 20, tanto del que anoche debutó en el Sudamericano de Paraguay como del que lo haría en el Mundial de Canadá si obtiene la clasificación, sobrevuela más de un lamento. Algunos son legítimos, valederos, y otros son mucho menos justificados y revelan cortedad de miras.

Al técnico Hugo Tocalli le asiste el derecho de quejarse y enjuiciar a la dirigencia por la negativa de Vélez a cederle los jugadores Mauro Zárate y Damián Escudero.

A caballo de estas dos importantes ausencias, algunas voces agoreras se refieren a la imposibilidad que tendrá la Argentina de contar con Lionel Messi y Sergio Agüero en el Mundial juvenil. Aquí se impone aplicar un criterio diferente al de los casos Zárate y Escudero. La perspectiva debe ser amplia.

Si bien Messi y Agüero aún tienen edad para participar en un Mundial Sub 20, ambos ya fueron protagonistas importantes -sobre todo el delantero de Barcelona- en la obtención del título de la categoría en Holanda 2005. Es una etapa de sus carreras superada con éxito y reconocimiento. Ambos ya son titulares en dos de los tres equipos más importantes de la Liga de España, competencia que reúne la mayor cantidad de figuras del planeta.

La evolución y el progreso de Messi y Agüero pasan por seguir enfrentando a defensores como Cannavaro, Rafael Márquez, Roberto Ayala, Javi Navarro, Andrade o Gabriel Milito. Y no por volver a medir sus notables condiciones con jóvenes inexpertos. Sería lo mismo que a alguien que está cursando un posgrado le hagan rendir nuevamente materias de la carrera que egresó. ¿Qué les puede aportar a Messi y Agüero jugar un segundo Mundial Sub 20? Nada, ni en términos futbolísticos ni de motivación. Es cierto que hay un par de antecedentes. Esteban Cambiasso, tras ser campeón en Malasia 97, estuvo en Nigeria 99. Y Neri Cardozo, presente en Emiratos Arabes 03, conquistó el título en Holanda 05.

Más allá de las trabas que pondrán los clubes para cederlos, la conducción de los seleccionados juveniles ni debería plantearse las convocatorias de Messi y Agüero. Si lo hace, quedaría expuesto un afán meramente resultadista, la obsesión por ganar, y se desvirtuaría la esencia de las categorías menores, que es la de promover jugadores, completar la etapa formativa de quienes empiezan a conocer las obligaciones profesionales. Además, el Mundial de Canadá coincidirá con la Copa América de Venezuela, una exigencia más acorde con la capacidad de dos adolescentes que futbolísticamente son palabra mayor.

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