La frescura de Argentinos aniquiló los sueños del estructurado San Lorenzo

El equipo de la Paternal venció al Ciclón por 2-1, quebró la ilusión del conjunto de Simeone de luchar por el título y casi lo marginó de la Libertadores 2010
Diego Morini
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6 de diciembre de 2009  

De la Redacción de LA NACION.- Lo tomó por sorpresa. San Lorenzo no esperaba semejante cachetazo. Si parecía que tenía todo bajo control. Incluso, hasta lucía orgulloso por el andar sólido de las últimas fechas. Además, era necesario imponer condiciones porque su objetivo así lo requería. Aspiraba a seguir expectante en la lucha por el Apertura y acercarse cada vez más a la posibilidad de obtener un boleto para la Copa Libertadores 2010. Sin embargo, no consiguió ni una cosa ni la otra. No pareció entender demasiado bien qué sucedió. Lo cierto es que Argentinos advirtió qué molestaba más a su rival y lo dejó vacío, descorazonado.

Quizás el temperamento de ambos equipos tenga que ver en toda esta historia. El fútbol es también una cuestión de estados de ánimo. Qué mejor para Argentinos, descontracturado, pero con la idea de sumar tres puntos más, que quebrar los sueños de San Lorenzo, que llegó a la Paternal sacando pecho después de la goleada en el clásico con Boca. Era una bocado delicioso para el equipo de Claudio Borghi.

También resultó determinante la calma para desenredar el partido. Es que la cancha de Argentinos es un escenario que tiende a armar el nudo del partido en la mitad de la cancha y justo allí los dos equipos cocinan su fútbol. Mientras pudo mantener su centro, San Lorenzo lució fresco y concentrado en dosificar las energías. Leiva, Kily González y Diego Rivero cumplieron con el libreto que elabora Simeone y lograron sacar de su órbita al conjunto local. Incluso, así logró abrir el marcador, porque recurrió a su mejor receta, esa que emplea para aturdir con presión al rival, y provocó la serie de errores que pusieron a Pablo Pintos frente al arco. El uruguayo definió con los recursos de un atacante.

El problema de San Lorenzo es que no parece tener soluciones para aquello que escapa a lo que tiene ensayado. Y Argentinos no da señales de comulgar con fundamentalismos en cuestiones tácticas. Quizá por las dimensiones del campo, el equipo de la Paternal encontró, en el segundo tiempo, en el juego corto y dinámico tan característico del fútbol de salón, la mejor fórmula para quebrar esa coraza en la mitad de la cancha que propone el Ciclón. Con Ortigoza en el centro del campo, la tremenda solidaridad de Mercier y la dinámica de Coria, Pavlovich, Hauche y Oberman, desarticuló a un prolijo San Lorenzo.

Una falta cerca del área le permitió a Coria dibujar un exquisito gol de tiro libre y después Oberman contó con un guiño de la fortuna, para que un centro pegase en Aureliano Torres y terminase en el fondo del arco de Pablo Migliore. Nada fue casual, ni aun el segundo gol, porque Argentinos había pensado en el entretiempo en apelar a las bases del juego de la pelota: dinámica y espontaneidad.

Por eso San Lorenzo terminó desordenado y tirando pelotazos. Viendo cómo se le escapaba el último intento por el Apertura y la clasificación a la Libertadores. Y eso no estaba planificado.

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