La gran fiesta aurinegra

Bahía Blanca vibró con el ascenso de Olimpo; 12.000 personas colmaron el estadio Roberto Carminatti en una jornada inolvidable
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28 de diciembre de 2001  

BAHIA BLANCA.- Todo vale en esta fiesta aurinegra. Todo. "Olimpo se va de la B, para nunca, para nunca más volver." Los hinchas aurinegros cantan imaginando un futuro eterno en el fútbol grande de la Argentina, pese a que su equipo nunca jugó en un torneo de primera división, si se excluyen los viejos campeonatos nacionales. Pero en esta fiesta no hay nada prohibido, y a los hinchas de Olimpo la alegría les permite entonar la canción más deseada.

El estadio Roberto Carminatti lució a pleno una hora antes de que comenzara el partido. A pleno, con 12.000 hinchas con camisetas, gorros o cualquier cosa que implique lucir con orgullo los colores amarillo y negro. Algunos privilegiados se pusieron la casaca de Racing y pudieron hacer doblete.

Hubo recuerdos para Villa Mitre, el rival de siempre, al grito de villeros de m... Hubo alegría pensando en lo que vendrá, con los partidos ante los grandes, como Boca y River. "No sé por quién voy a hinchar," decía un chico de no más de 10 años, tan aurinegro como xeneize. Hubo, también, mucha emoción cuando desde los parlantes se empezó a escuchar "We are the champions", de Queen.

Por entonces, la cancha estaba invadida por completo por la gente que poblaba la popular de la calle Chile, donde se ubican los más fervorosos . Y el césped había cambiado de color, pues una alfombra de camisetas y banderas le transformaba su tono verde habitual. En medio de la alegría desbordante se rindió un justo homenaje: el técnico Gustavo Alfaro fue llevado en andas, en reconocimiento al gestor de esta enorme conquista.

Ya en el vestuario, el rock de la banda inglesa le dejó lugar a la cumbia villera argentina. Cada familiar o amigo que se acercaba a saludar recibía el ritual de ser bañado en agua. Lo mismo para los periodistas, incluido este. En medio de ese mar de emociones, Ceferino Díaz hizo una pausa y miró más allá del festejo: "El fútbol te da una alegría inmensa que uno tiene que saber medir. El exitismo te hace olvidar otras cosas que pasan fuera del fútbol. Y eso no hay que olvidarlo nunca".

Raúl Alfaro también hizo su balance. "Lo más importante en el grupo fue el carácter, la personalidad y la inteligencia que mostró a lo largo del torneo. No fue un equipo vistoso, pero sí eficaz", comentó sobre sus dirigidos. En el aspecto personal, afirmó: "Después de nueve años de luchar por conseguir un ascenso, ésta es la primera vez que lo logro. Tengo una sensación de plenitud".

Silvestre Capparuccia y Alejandro Delorte parecían los más eufóricos. Es que son los únicos que jugaron en las divisiones inferiores del club. Aunque ayer cada integrante del plantel campeón adoptó a Bahía Blanca como su segunda ciudad...

Del vestuario a la plaza Rivadavia. Fue la última escala de la fiesta inolvidable de Olimpo. Sí: ¡inolvidable!

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