La historia de Zabala, el que en cuatro minutos le puso fin al invicto de Central

Fuente: Telam
Llegó en febrero a Vélez; hace diez días fue asaltado y lo tuvieron de rehén en la Villa Olímpica, y este domingo marcó los dos goles con los que Vélez ganó en Arroyito
José Luis Domínguez
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10 de abril de 2016  • 23:59

Hace poco más de dos meses, el 4 de febrero pasado, Diego Zabala se incorporó a Vélez , anunciado como quinto refuerzo de la temporada para el equipo dirigido por Christian Bassedas , a préstamo por seis meses y con opción. Nacido en Uruguay, el club de Liniers es el segundo club en la trayectoria de este jugador de 24 años que puede desempeñarse como volante derecho o mediapunta, con dinámica y llegada, y que desembarcó en nuestro país luego de casi cinco temporadas en Racing de Montevideo, en el que jugó 115 partidos y anotó 13 goles.

En las diez fechas del torneo Transición, Zabala había tenido pocas oportunidades de entrar en acción. Debutó el 4 de marzo, en la derrota ante Arsenal (0-1), como reemplazante de Correa cuando faltaban 14 minutos, y Bassedas le dio la titularidad por primera vez el 27 del mismo mes, frente a Quilmes (1-2).

Un par de días después de ese encuentro, Zabala se convirtió en otra víctima de la inseguridad que azota a nuestro país: fue asaltado y tomado como rehén por tres delincuentes en la Villa Olímpica que Vélez tiene en Ituzaingó, donde Zabala descansaba por problemas en el departamento en el que debía alojarse durante su estadía en nuestro país. "Fue a la madrugada. Estaba durmiendo y me despertaron porque prendieron la luz. Entraron tres personas y no pensé mal, porque eran tres chicos, de entre 13 y 15 años, creí que eran de las inferiores. Pero uno sacó un revólver y ahí me asusté un poco. Empezaron a pedirme plata. Me pegaron suave con el revólver para que me quedara quieto y me ataron con cordones de zapatillas. Ahí me asusté un poco más, porque no sabía si estaban drogados o no. Revolvieron las habitaciones, iban y venían", contó luego el jugador en declaraciones a ESPN Radio.

El mal trago duró unos 40 minutos, pero a Zabala ese tiempo le pareció toda una vida, o más aún. "Les dije que se queden tranquilos, que yo no iba a hacer nada. Eran muy chicos y no quería reaccionar, porque no sabía qué podían llegar a hacer. El que estaba con el revólver me decía que me quedara quieto, que me iba a pegar un tiro", recordó.

Pronto entendió que los jóvenes delincuentes no tenían idea del lugar en el que habían ingresado: "Ni sabían dónde habían entrado porque hablaban de lo linda que estaba la casa. Les dije que no era una casa, y que había personal de seguridad abajo. Encontraron la utilería y se querían llevar zapatos. Se me hizo eterna la situación". Finalmente, uno de de los empleados de seguridad hizo dos disparos al aire y provocó la huida de los ladrones, que no pudieron ser detenidos. "Escuché los dos disparos. Al rato vino uno de seguridad y me preguntó si estaba bien y me desató, aunque yo podía desatarme, pero no quería hacerlo para que no piensen que iba a reaccionar".

Después del susto, Zabala continuó los entrenamientos con normalidad, con las ganas de mostrarse y encontrar un lugar dentro del equipo. Ayer, Bassedas le dio otra oportunidad: entró a los 28 del segundo tiempo por Stelcaldo, en un partido complejo, en el que Central se puso 2-1 enseguida. Al rato, entró solito por la izquierda y anotó el empate tras recibir un centro de Alvarenga; cuatro minutos después, Lo Celso la perdió en el medio, Delgadillo encabezó el contraataque y le dio la pelota; Zabala enganchó en la medialuna y definió con un toque suave, con tranquilidad y calidad, para celebrar sus dos primeros tantos con la camiseta de Vélez, llevarse a Liniers una victoria resonante y arrebatarle a Central un invicto de 16 meses y 23 partidos –incluidos los de la Copa Libertadores– en Arroyito. Allí se acordó de su ahijado: "Le dediqué los goles porque los cumple la semana que viene y no voy a poder estar en su primer año".

La tensión por una situación desagradable le dio paso a la satisfacción por una actuación tonificante, de las que encienden la mecha de la confianza. "Me voy muy feliz, muy contento. Pude entrar bien en el partido, y lo importante es que los goles sirvieron para ganar. Central es un equipo con presencia, es el mejor equipo del fútbol argentino, está muy bien trabajado, pero con la expulsión de Pinola surgieron los espacios, y empezamos a manejar la pelota. Después el partido se nos hizo difícil, pero me quedaron un par de chances y pudimos llevarnos los tres puntos", contó con humildad. En pocos días, Zabala vivió emociones intensas. En silencio, dejó atrás el disgusto por aquel asalto, y desde el banco, dejó su huella en Arroyito.

El primer gol de Zabala

El gol del triunfo de Vélez

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