La línea de 3 defensores, una apuesta de Alfaro que abrió la grieta en Boca

Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Franco Tossi
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17 de mayo de 2019  • 00:01

Gustavo Alfaro sorprendió al Mundo Boca . Siempre, ante cada encuentro, los hinchas tiran fórmulas para ganar los partidos, generalmente a contramano de lo que los entrenadores plantean. No obstante, difícil creer que alguien anticipara la idea que puso en práctica el técnico xeneize para intentar imponerse en la vuelta ante Vélez, por los cuartos de final de la Copa de la Superliga : una línea de fondo conformada por tres zagueros centrales, que, según la circunstancia, se hacía más amplia con los retrocesos de los laterales-volantes. Un factor también alimentado por el rumor, sospechado por Alfaro, de que había información táctica que le llegaba al cuerpo técnico de Gabriel Heinze . ¿Cómo salió la nueva puesta en escena? ¿Qué sensaciones generó en las tribunas?

En el pasado, Alfaro ya había decidido experimentar cosas así. Aunque cuando lo hizo, fue para superpoblar la zona ofensiva: ante Atlético Tucumán, en un duelo clave por la Superliga, Boca jugó casi todo el segundo tiempo con cuatro delanteros en un escenario similar al de anoche: en la Bombonera y con la necesidad de una victoria. Esta vez, optó por juntar, por primera vez, a Lisandro López, Carlos Izquierdoz y Junior Alonso en el fondo de una formación que, por momentos, corrió riesgos.

El hincha fue al estadio con sorpresa, pero con muchas ganas de ver la actuación de su equipo moviéndose a través de un nuevo método y que nada se acerca al libreto del auténtico Alfaro. Veinte segundos tardó Iván Marcone en asustar a todos: un pase incorrecto en la media cancha que agarró al equipo mal parado y con enormes espacios que la visita no supo aprovechar. ¿Por qué? Emmanuel Mas y Julio Buffarini estuvieron mayoritariamente bien abiertos y adelantados sobre sus respectivas franjas. Una muestra de que Alfaro salió a buscar el partido, sin importar el desequilibrio que eso podía generar. Por eso los primeros diez minutos del encuentro le dieron grandes expectativas a la parcialidad boquense. Boca sumó mucha gente en el campo del Fortín y lo abrumó con superioridad numérica y actitud. Aunque sin llegar claramente: la idea parecía ir encaminada, pero faltaba algo más que remates desde media distancia que terminaron desviados.

Eso sí: luego de ese momento auspicioso, llegó el lado B del nuevo esquema. Esa enorme distancia entre los centrales y los carrileros hizo que la velocidad y dinámica de los jóvenes futbolistas de Liniers sacaran provecho de los vacíos que dejaba Boca y asustaran a los fanáticos, que parecían resignarse ante el posible tanto en el arco de Esteban Andrada. Mas, por momentos, estuvo desbordado, jugando mucho de espaldas y con dificultades para salir de la presión, mientras que Buffarini metía vértigo en su carrera en ataque, pero el no colaborar en defensa (evidente por una orden del DT) generaba el desequilibrio de López y sus compañeros.

Aquella falencia, que lo ponía al borde del abismo, tuvo continuidad en el segundo tiempo. No solo que Boca siguió jugando con fuego, sino que el cansancio de sus volantes centrales (Nandez hizo una gran primera mitad) dejaba aún más expuestos al trío de zagueros: en los primeros 45 minutos, hasta el propio Carlos Tevez retrocedía a pura potencia, pero en la parte final ese apoyo ya no se presentó y Boca sufrió la primera decena de minutos. Entre Izquierdoz y López, primero, hicieron un gran cierre en el área chica para impedir que Matías Vargas definiera sin arquero; después, a los ocho minutos, fue Andrada el que le ahogó el grito de gol a Leandro Fernández, en un mano a mano que desaprovechó tras otras de las fallas del local en la noche del jueves: a Boca le costó muchísimo coordinar el adelantamiento de la última línea.

Esa superioridad velezana que cada vez se hacía más grande le dijo a Alfaro que la función de la renovada propuesta había finalizado. Y acertó, porque Boca la pasaba mal y coqueteaba con caerse al abismo. Por eso es que decidió, a los 13 del segundo tiempo, el ingreso de un Darío Benedetto que no estaba al ciento por ciento por una contractura, en lugar del paraguayo Alonso: de esa manera volvió a las bases del 4-4-2, con la última línea que considera titular. Aunque Boca terminó sufriendo igual y dependió de la figura de su arquero. Y de los penales.

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