La mitad de Avellaneda que sufre el efecto Racing

El mutismo y hasta la bronca dominan en el Rojo ante el presente de su tradicional rival
Francisco Schiavo
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6 de diciembre de 2001  

El regocijo y el padecimiento intercambiaron lugares por primera vez en 35 años. De manera simétrica, la refulgente actualidad de Racing, a un paso del título, despabiló sensaciones adormecidas, perdidas en el tiempo, durante más de tres décadas en Independiente. Así vive la mitad roja de Avellaneda el peculiar presente blanquiceleste...

Mutismo casi total en el predio de Villa Dominico. La mayoría del plantel ignoró el éxito del vecino. Como Ariel Montenegro y Juan Carlos Ramírez. Consultados por separado, la respuesta fue coincidente: “No hablo sobre otro equipo que no sea Independiente”. Gastón Galván prefirió una comparación: “River es mejor que Racing”. Y hace algunos días, el goleador uruguayo Diego Forlán no titubeó: “No pagaría una entrada para ver a Racing”.

El DT Enzo Trossero eludió a repetición cualquier respuesta vinculada al tradicional adversario. Incluso, su humor entró en erupción –un síntoma elocuente– ante alguna inquietud. Sólo una vez se lo oyó hacer referencia a la Academia. “La diferencia en las posiciones –ahora 14 puntos– no marca la realidad futbolística entre ambos”, dijo.

El sufrimiento se trasladó a las tribunas. El otrora paladar negro de Independiente sólo se notó en aisladas excepciones en el Apertura. Una reacción llamativa, pese a la irregular producción. Los hinchas, tocados en el más íntimo amor propio, potenciaron el aliento para su equipo partido tras partido. “Ahora que a los otros les va bien, tenemos que gritar más que nunca”, admitió Ricardo Petrel, de 28 años, habitué de la tribuna popular y de los pasillos del estadio de la doble visera. A su lado, Diego Lautaro, de 25, desmintió a su amigo: “A nosotros no nos importa Racing”. Pero...

Pascual, un hombre de 60 años, –“¿para qué querés saber el nombre completo?”, pregunta–, tiene un puesto de venta callejera en el corazón de plaza Alsina, sobre la avenida Mitre, a metros de ambas sedes. Entre las chucherías, sobresalen varias radios de colores. “Por una de estas escuché el partido entre Racing y River. Cuando llegó el empate –Bedoya igualó a cuatro minutos del final– casi la revoleo. Todo se vino abajo”, afirmó, por detrás del mostrador rojo, con una resignación evidente.

Los hinchas también expusieron su malestar en masa. En algunos partidos, la gente cantó contra la AFA y contra su titular, Julio Grondona, por los presuntos favores arbitrales hacia Racing. Todo entre insultos, banderas y carteles.

La fiebre académica también repercutió en los dirigentes. “Están arriba y los felicito. Aunque como hincha de Independiente, siempre duele el éxito del rival de siempre”, dijo el secretario deportivo Carlos Bandrés.

El péndulo de las sensaciones se mece por Avellaneda. Va y viene. En cada movimiento arranca una carcajada, sonora y socarrona, y un gesto de desolación. Racing e Independiente. Historias que jamás se cruzan, pero que se nutren entre sí.

Aquel error en el clásico

No lo admiten, pero en Independiente aún sobrevuela el fantasma de la segunda fecha del Apertura. Racing, tras una salida en falso del arquero Rocha, igualó sobre la hora con un cabezazo de Loeschbor. El Rojo cayó en la irregularidad; reacción inversa a la de su rival.

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