La noche en la que el cargo no le quedó grande a Lionel Scaloni

Scaloni vivió como pocas veces el partido desde la línea de cal
Scaloni vivió como pocas veces el partido desde la línea de cal Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Andrés Eliceche
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3 de julio de 2019  • 07:00

BELO HORIZONTE, Brasil.- Justo cuando estaba asumiendo el papel de director técnico como debía esperarse de quien está al frente del seleccionado argentino, Lionel Scaloni tuvo la derrota que seguramente lo hará abandonar el cargo. Con la indicación a viva voz, pisando casi la línea de banda, reclamando cada fallo adverso del árbitro en un partido que Argentina perdió con Brasil sin que él mereciera cuestionamientos en el planteo, ni en los cambios.

Claro que ni obtener el título en la Copa América le garantizaba a Scaloni la continuidad en el banco argentino, menos después de que cada decisión, cada gesto y cada declaración fueron puestas en tela de juicio desde el primer día, pasando por aquella extémporánea designación de César Menotti como coordinador general designado por Claudio Tapia en febrero.

"Fue el equipo argentino más ofensivo de los últimos tiempos. Cuando tenés un grupo así es más fácil", aseguró tras el partido. "Messi nunca estuvo en debate; el fútbol le dará revancha a él y a la selección".

Scaloni, después de la derrota argentina en Belo Horizonte

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"No estuvo a la altura", dijo sobre el árbitro Zambrano, que, a su criterio, "condicionó" con sus fallos. "Perder de esta manera es injusto por el juego. Es un partido bastante completo pero no sirvió para la clasificación. La selección que debió pasar por méritos era Argentina".

"Jugando de esta manera todos tienen futuro en la selección; juegan con un amor propio increíble", señaló y sobre su continuidad, dejó en claro que no tenía una decisión premeditada de acuerdo con el resultado: "No es el momento de responder esa pregunta".

Scaloni había vivido el momento más difícil de este viaje por la Copa América aquí mismo. Fue antes del partido ante Paraguay cuando una charla aparentemente trivial en el medio del campo de entrenamiento de Atlético Mineiro derivó en reclamos. Eran los jugadores, encabezados por Messi , los que desconfiaban del cuerpo técnico. Un día antes, se habían enterado a través de la prensa de que el equipo iba a tener cambios después de haber perdido contra Colombia en el debut, y que en esa rueda entraba (salía) Sergio Agüero. Bastó que Scaloni lo confirmase con el reparto de pecheras para que la sospecha de los futbolistas creciera. ¿Lo saben los periodistas antes que nosotros? Esa era la idea central de la bronca. La que activó esa mini crisis tan pronto.

El entrenador reclamó varios fallos adversos
El entrenador reclamó varios fallos adversos Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Unas horas después de esa conversación (tomadas por las cámaras de televisión desde un morro), el entrenador asumió que algo había hecho mal: si en general son los futbolistas los que filtran una novedad, esta vez el camino parecía haber sido el contrario. ¿Cómo salir de ese enredo? En alguna charla más privada, los referentes (además de Messi, en aquel mediodía habían tomado la palabra Agüero, Di María y Otamendi) aceptaron el "error de principiante".

El entrenador fue encontrando algunas respuestas futbolísticas con el avance del torneo. Necesitó que pasaran la derrota inicial y el pobrísimo empate ante Paraguay para que incluyera a Messi, Agüero y Lautaro Martínez juntos. Le llevó el mismo lapso afirmar a Leandro Paredes como el 5 del equipo, una posición que lo transformó en el mejor futbolista de la selección si se extiende un certificado de regularidad. Con el tridente ganó potencia y variantes ofensivas. Con Paredes, pase claro y control. Armani, Otamendi y Tagliafico fueron los otros inamovibles, más allá de sus altas y bajas. Y hasta ahí.

Lo más complejo, incluso por encima de los cambios constantes de nombres y posiciones, fue establecer una idea dominante. ¿A qué juega la selección? El equipo manejó distintas alturas de presión de acuerdo con el partido, pero en pocos tramos entregó la sensación de que estaba ocurriendo lo que se había planeado, que el guion lo dictaba Argentina. Contra Venezuela, el desarrollo favorable del primer tiempo se trastocó por una postura cautelosa y retrasada después, que solo el segundo gol aparentó olvidar. "Como todos, sin la posesión sufrimos", dijo el técnico en la sala de prensa del Mineirao antes de la final. Sucede que Argentina no siempre quiso la pelota.

Esta vez, no hubo lugar para los reproches hacia el entrenador
Esta vez, no hubo lugar para los reproches hacia el entrenador Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

"No paro de aprender", asumió, en ese mismo lugar. Scaloni acepta que el precio de la inexperiencia se paga con errores. Nunca estuvo convencido con Di María, pero el peso específico del apellido lo llevó a incluirlo de titular al principio y darle minutos en los otros tres partidos. Quedó a medio camino entre ese juego directo que había plantado en sus primeros partidos en el cargo -cuando los históricos no formaban parte- y una postura más ofensiva, sostenida solo de a ratos. El aprendizaje, al final, es una carta que matizó el propio Messi: "Es difícil ser técnico, imaginate en una selección", lo comprendió públicamente en el Maracaná.

Tapia dirá lo suyo, aunque deje saber aquí que no está disconforme con Scaloni. El presidente apuesta a lo que reciba de los futbolistas para poner en la mesa de discusión cuando en diciembre el contrato del entrenador expire. Más allá de lo que digan las estadísticas finales.

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