La paradoja de los Dybala y Vietto

Andrés Prestileo
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23 de febrero de 2015  

Despierto, bien ubicado, astuto, Paulo Dybala recibió la habilitación del sueco Quaison, enfrentó sin marcas al arquero Marchetti y definió de zurda, con mucha tranquilidad y clase. El gol, que ponía en ventaja a Palermo pero después se redujo a un dato estadístico por la victoria 2-1 de Lazio, fue el decimosegundo de Dybala en la Liga italiana. Dybala es una de las revelaciones del calcio. El desparpajo y la calidad de este cordobés de 21 años llamaron la atención de Antonio Conte, el entrenador de la selección italiana, que le echó el ojo hace rato y todavía conserva esperanzas de nacionalizarlo y sumarlo a su proyecto en la azzurra.

Dybala es sólo un caso testigo dentro de un contexto específico, el de los goleadores, curiosamente opulento para el fútbol argentino. Su docena de festejos lo ubica tercero en la lista de cannonieri del campeonato italiano. Cuadro que muestra arriba a Carlos Tevez, con 14, seguido por Mauro Icardi, con 13 y, a la par del ex pibe de Instituto, por Gonzalo Higuaín, también con 12. Si no estuviera entreverado el francés Jérémy Menez, de Milan (también 12 goles), la cima de la nómina -que unos cuantos peldaños más abajo muestra a Franco Vázquez, con 7- sería completamente dominada por argentinos. Asombroso. Se trata de una de las ligas más fuertes del mundo y, por su viejo estilo cerrado y riguroso, la históricamente más hostil para los atacantes.

Parece natural, pero es una prueba extraordinaria e inusual de abundancia de poder de gol individual. Podría considerarse una una llamativa confluencia de especialistas en un mismo torneo, pero el mapa europeo da otras señales. Por conocida casi no hace falta mencionar la del Kun Agüero en la Premier League (máximo anotador junto con Diego Costa, con 17 goles) ni la obvia de Messi en España. Pero ahí aparece otro pibe, Luciano Vietto -también cordobés, también de sólo 21 años-, que ya se soltó en un medio de elite y figura octavo entre sus artilleros (11 goles; ayer volvió a anotar en Villarreal); tabla en la que por allí abajo también aparece Joaquín Larrivey (8 tantos en Celta).

Si se atiende la importancia de las ligas, el recorrido no es superficial. No deja de ser una cuestión paradójica. Salvo por la experiencia del torneo anterior, que alumbró una tendencia más ambiciosa y todavía pendiente de ratificación, nuestro fútbol viene corriendo la mira desde hace rato hacia posturas defensivas, conservadoras. Las presiones, la escasez de recursos, la inmediatez, la desorganización, empobrecieron el juego y lo empujaron hacia la búsqueda de estilos cerrados. La vocación ofensiva permanente es algo tan raro y excepcional que cuando aparece se la festeja, como pasó con aquel buen Newell's de Gerardo Martino. Que este hábitat sea capaz todavía de producir semejantes especialistas parece más cuestión de raza que de la realidad de nuestro medio. Dybala y Vietto, hoy, encarnan la resistencia de un estilo, de una marca histórica más fuerte que la realidad.

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