La propuesta de Chacarita sufrió la falta de contundencia

En la Paternal, igualó 0-0 con una apática versión de Vélez; el Funebrero tuvo las mejores ocasiones de gol
Carlos Travaglini
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11 de diciembre de 2009  

En el juego de las diferencias, ayer se invirtieron los roles entre Chacarita y Vélez. El habitual estilo de buen manejo de la pelota que caracteriza al equipo que dirige Ricardo Gareca está vez se mostró eclipsado por la impotencia de varios de sus intérpretes, y rescató sólo al arquero Germán Montoya, con algunas tapadas decisivas, y la enorme clase en el fondo de Nicolás Otamendi, un jugador con futuro en el fútbol europeo. Chacarita, consciente de sus limitaciones, cumplió con el papel de equipo voluntarioso que lo caracteriza, pero que se mostró más audaz al advertir que su oponente no era el de siempre. El resultado final sin goles castigo al más necesitado, Chacarita, en su pelea por la permanencia, que no supo aprovechar las oportunidades de tuvo para anotar. Vélez fue una sombra del equipo lujoso que desarticuló el domingo pasado a River por 3 a 1, en Liniers.

Ya en los primeros cinco minutos, el conjunto local avisó con dos remates de zurda de Cristian Milla, el primero apenas afuera, y el segundo tapado con esfuerzo por Montoya. Hasta que a los 15 minutos, el mismo Milla estrelló un remate en el poste tras una cesión de Diego Morales.

Vélez, superado en ese inicio arrollador de su rival, no podía hacer pie, y sólo en la pelea y la fricción entregaba señales. En el medio campo, Somoza y Cubero se sentían cómodos en la contención, pero apagado Moralez en la creación, y con intermitencias Zapata, la posibilidades de sus dos delanteros, López y Caruso, se vieron recortadas. Sólo un remate de media distancia de Moralez, que mandó con esfuerzo al córner Cejas, fue la única aproximación que tuvo Vélez en todo el partido. Demasiado poco para un equipo acostumbrado a llegar con frecuencia a territorio enemigo.

Chacarita continúo con el traje de overol que simboliza su fervor, a veces tumultuoso, con algunos destellos de su enganche Diego Morales, un interesante proyecto al que le falta más compañía en su solitaria búsqueda por aclarar los caminos.

En la segunda etapa nada cambió. Chacarita siguió con su empuje, y Vélez, ni siquiera con los ingresos de Cabrera, Zárate y Martínez, pudo cambiar su imagen.

Otra vez, como en los primeros cuarenta y cinco minutos, Chacarita tuvo las mejores oportunidades. A los 23 minutos, el ingresado Germán Cano exigió a Montoya, y luego, Diego Morales se excedió en su intento por gambetear al arquero de Vélez y desperdició otra clara ocasión.

Vélez edificó su muro de contención en la figura de Otamendi, impecable de arriba, en los cruces, y con la sabiduría de un veterano de mil batallas. El fue el punto más saliente de una pobre producción, que incluyó las amarillas a Domínguez y Moralez, que al llegar al límite de amonestaciones se perderán el último partido del año ante Rosario Central.

En el cierre, Chacarita se quedó con las manos en los bolsillos, como buscando ese billete de lotería al que no lo acompañó el azar para cobrar algún premio.

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