La selección sabe demasiado sobre catástrofes en los Mundiales

El "profe" Signorini consuela a Messi; Maradona observa lo que sucede en la cancha, durante la triste noche del 4-0 contra Alemania, en Ciudad del Cabo
El "profe" Signorini consuela a Messi; Maradona observa lo que sucede en la cancha, durante la triste noche del 4-0 contra Alemania, en Ciudad del Cabo
Pablo Vignone
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21 de junio de 2018  • 22:15

El cachetazo que Croacia le pegó a la selección argentina por 3-0 en Nizhny Nóvgorod es el segundo resultado más categórico de Rusia 2018 , después de la goleada 5-0 que el local logró sobre Arabia Saudita, pero, más importante que eso, es uno de los papelones más humillantes del equipo nacional en su historia en los Mundiales.

No es necesario remontarse al archiconocido "Desastre de Suecia" para encontrar un antecedente. Los hay bastante más cercanos. Pero aquella mañana en que los goles de los checos llegaban a través de las ondas radiales, cruzando el globo, la vanidad argentina sufrió un golpe brutal, que acabó siendo el primer jalón de una cadena que está volviéndose demasiado larga.

Después de años de aislamiento futbolístico, el seleccionado volvió a los campeonatos mundiales en 1958 con el antecedente del título sudamericano del ’57 pero sin sus futbolistas más dotados, transferidos a Italia. La desorganización tan común por entonces y la subestimación de los rivales hicieron el resto. El 6-1 de Checoslovaquia, el 15 de junio de aquel año en Helsingborg, decretó la eliminación argentina de una Copa del Mundo que acabó por ganar Brasil y sumió al fútbol nacional en una confusión cuyos perjuicios se sufrieron a lo largo de las dos décadas siguientes.

Aquellos años de la selección fueron de los más turbulentos que se recuerden en la historia del combinado argentino. La falta de un entrenador fijo no llamaba la atención y los jugadores rehuían las convocatorias, conscientes de que sus cotizaciones bajaban, lejos de aumentar, ya que la selección no era prioridad para nadie, ni siquiera para la AFA que podía usufructuar sus presentaciones y su rendimiento. Fue aquella una era caótica que tuvo mojones como el "campeonato moral" de Inglaterra ’66 y la ausencia en México 1970. Esa etapa de desconcierto tuvo su momento culminante en la tarde de Gelsenkirchen (Alemania), el 26 de junio de 1974, cuando Holanda, la Naranja Mecánica que revolucionó el juego con su Total Voetbal (Fútbol Total) vapuleó al equipo argentino y lo goleó 4-0. Fue un partido sin ninguna equivalencia. Una gran demostración de calidad de Johan Cruyff y compañía, mientras los argentinos no podían ocultar la vergüenza: con el partido ya 2-0 para los holandeses, la pelota se fue por la línea de fondo y el arquero Daniel Carnevali se apuró para buscarla. "Pará, no te apurés", lo detuvo Roberto Perfumo. "¿Por qué? Vamos perdiendo", replicó el golero. "Porque si te apurás nos van a hacer diez", retrucó el zaguero.

Ramón "Cacho" Heredia, que jugó ese encuentro, recuerda: "En el calentamiento previo del partido con Holanda, nos juntamos a charlar con los argentinos que jugábamos en España porque sabíamos la que se nos venía. Acordamos pararnos bien juntos para no dejar espacios, porque eso podía ser fatal. Armar un bloque bien compacto. Pero cuando los holandeses agarraron la pelota, se nos fue todo al diablo, se hicieron dueños del terreno y no hubo nada que hacer".

Si la Argentina no se hubiera adjudicado la sede del Mundial 1978 unos años antes, quizás la pavorosa desorganización habría continuado. Pero el compromiso era grande que, a propósito del pésimo papel en aquella Copa del Mundo Alemania 1974, arrancó la etapa moderna de la selección, en base al trabajo serio, la previsión y el manejo férreo del equipo por parte del entrenador. Los frutos llegaron pronto, en 1978, con César Luis Menotti como entrenador, y en 1986, con Carlos Salvador Bilardo a cargo. Esa costumbre de sostener a los directores técnicos en largos procesos se fue perdiendo, y la selección, que ganó su último título en 1993 –la Copa América– sufrió una regresión organizativa.

Diego Maradona asumió el cargo de entrenador nacional en 2008, después de la renuncia de Alfio Basile, y después de haber sido protagonista de grandes momentos de la historia de la selección, con el título de 1986 como máximo instante de gloria, fue responsable de la tercera derrota humillante de la Argentina en la historia de los Mundiales.

Ocurrió el 3 de julio de 2010, en la instancia de cuartos de final del Mundial de Sudáfrica, en Ciudad del Cabo. Alemania sometió 4-0 a una selección desbalanceada desde el mismo arranque. "Teníamos todo estudiado de Alemania, las marcas ya definidas, y en el primer centro nos hacen el gol. Después ahí empieza otro partido", quiso defenderse Maradona de manera insólita. El daño ya estaba hecho.

"Leo ha jugado un gran Mundial. Verlo llorar a Messi en el vestuario... El que dice que Leo no siente la camiseta es un estúpido", argumentó el entrenador en la disparatada conferencia de prensa posterior a la catástrofe. El astro del Barcelona suma ahora un dudoso record a su larga colección de éxitos: estuvo en la cancha en dos de las cuatro máximas derrotas de la selección en los Mundiales. Solo que su actuación de ayer, contra Croacia en Nizhny Nóvgorod, fue mucho más patética que aquella en Sudáfrica.

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