La tradición de Brasil ante la aventura de Turquía

En la otra semifinal, el conjunto verdeamarelo buscará su tercera definición consecutiva, mientras que el equipo europeo irá por la hazaña de disputar por primera vez el título en un Mundial; el cotejo arrancará a las 8.30, en Saitama
Claudio Mauri
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25 de junio de 2002  • 11:58

SAITAMA, Japón.- Presentar una semifinal de un Mundial entre América del Sur y Europa suena de lo más normal y previsible. Se trata de los dos continentes que se reparten el dominio del fútbol planetario. Casi que se pueden cerrar los ojos y adivinar que uno de esos representantes será Brasil, el tetracampeón mundial que va por su tercera final consecutiva. Si bien no había llegado a Oriente precedido por los mejores pronósticos -figuraba detrás de Francia y de la Argentina en la lista de favoritos-, su resurrección era tan posible como lógica, ya que sigue disponiendo de muy buena materia prima -individualidades de técnica refinada y desequilibrantes con la pelota- y siempre se sintió cómodo y seguro bajo la gran carpa de un Mundial.

Pero los papeles empiezan a quemarse cuando se atiende a que el semifinalista del Viejo Continente no proviene del eurocentrismo poderoso y sobrado de pergaminos, sino de su patio trasero, de ese sector oriental más postergado en todos los sentidos, y que futbolísticamente es un satélite de los que siempre se creen con más derecho a tocar el cielo con las manos. Pero Turquía ascendió hasta ese sitio de privilegio y mañana, a las 8.30 de nuestro país, en el Saitama Stadium, definirá frente a Brasil al segundo finalista.

Al poner los nombres propios de ambos seleccionados, aquel equilibrio continental marcado al principio se desbalancea, al menos en cuanto a antecedentes. Se cruzan el país que tiene asistencia perfecta en los 17 campeonatos, que encabeza la tabla histórica y que nadie lo iguala en sus cuatro títulos contra una nación emergente en lo futbolístico, que vuelve a la gran cita tras su participación en Suiza ‘54 (fue novena).

Si bien es un contraste para tener en cuenta, no conviene utilizarlo para sacar conclusiones por adelantado, ya sea en el desarrollo del partido o en el resultado. Entre los desaciertos arbitrales y un nivel general más equilibrado, este Mundial fue pródigo en sorpresas. Además, por el tipo de torneo que viene realizando, a Turquía no la asaltará el pánico por el gran desafío. No lo transmitió en su debut en el grupo clasificatorio, cuando Brasil necesitó de un penal inventado para ganarle por 2 a 1 a tres minutos del final.

Turquía, por la clase de equipo que es y por el momento de gran motivación que atraviesa, es de esos rivales que complican al más pintado. Para superarlo hay que jugar bien y acumular méritos, atributos que Japón y Senegal no pudieron alcanzar ante los otomanos en los octavos y cuartos de final, respectivamente.

El único motivo de preocupación que tiene es resolver qué hace con su capitán y referente, Hakan Sukur, delantero centro que no convirtió en los cinco partidos y tiene una imagen muy apagada en comparación con la fogosidad y protagonismo del resto de sus compañeros, entre los cuales se destaca la firmeza del arquero Rustu y del zaguero Alpay, la prodigalidad del volante central Kerimoglu y el buen manejo y la conducción de Hasan Sas y Basturk.

Si bien el técnico no confirmó la alineación, le respetaría la trayectoria al Toro del Bósforo, que como atenuante esgrime una lesión en el muslo izquierdo que obliga a tratarlo antes de cada encuentro. Mantenerlo a Sukur significaría relegar a Ilhan Mansiz, el atacante que ingresó en el segundo tiempo ante Senegal y con su movilidad consiguió el gol del triunfo.

Brasil también respira optimismo; lo avalan cinco éxitos consecutivos, el ataque más efectivo y una pareja demoledora, Rivaldo y Ronaldo -ahora algo condicionado por una mialgia en el muslo izquierdo-, autores de 10 de los 15 tantos. Pero sufrirá una baja sensible con Ronaldinho (suspendido por un cotejo), el delantero que fue la llave en el triunfo ante Inglaterra y que estaba redondeando un Mundial más que auspicioso con su gambeta atrevida y profunda. Entre Juninho Paulista y Edilson saldrá su reemplazante, pero en cualquiera de los dos casos costará llenar el vacío que deja el único jugador brasileño que lleva el pelo al viento.

La alta capacidad de fuego ofensivo de Brasil se pondrá a prueba contra un adversario bien organizado, que hace más de tres encuentros (278 minutos) que no recibe goles. Será un duelo que promete cuotas de talento, lucha y una confrontación de fuertes personalidades. La responsabilidad y el compromiso están más del lado de Brasil, pero Turquía siente que su ingreso en lo mejor de la historia aún no concluyó.

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