Convicción, contagio y competitividad: las tres "C" de River para pelear por todo

El electrizante Borré definió el partido en un par de minutos
El electrizante Borré definió el partido en un par de minutos Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
Andrés Eliceche
(0)
6 de octubre de 2019  • 23:59

El fútbol es un juego de contagio que, cuando se transitan momentos positivos, exacerba las virtudes y minimiza los defectos. Este River vive rentabilizando un estadío único: está empeñado en extender esta época feliz, la mejor de su historia. Incluso en triunfos como el que tramitó ayer ante Patronato, gestionado en un rush de 15 minutos potentes, se advierte ese halo de competitividad que lo mantiene voraz. Se sabe, el escenario de los partidos que no deciden demasiado nunca fue el punto fuerte de este equipo que conduce Marcelo Gallardo desde hace más de cinco años. Al revés, en general su velocidad crucero sube solo si hay en juego un botín gordo. Entonces, el contexto de un cruce aparentemente inocuo, mezclado en la pausa entre las semifinales contra Boca, lo puede desnudar. Y algo de eso, otra vez, se comprobó sobre el impecable césped del Monumental porque el equipo no fue esa trituradora ofensiva que deglute al oponente en partidos límite, ni cosechó la goleada que por un instante amagó. En todo caso, demostró que cuando se alinea -como en el inicio de la segunda etapa- tiene una jerarquía de conjunto muy difícil de emparejar en Argentina. Y, visto el tránsito de esta época, también en América.

¿Cuál es el salto de calidad de este equipo? La fortaleza mental, plasmada en ese carácter insaciable que logró imprimir el entrenador, figura en lo más alto de un imaginario podio. Esa manera de competir le permite encarar el tramo final del año entremezclado en la pelea de los tres frentes que lo ocupan: la Superliga -el menos relevante a esta altura, porque se define el año que viene-, la Copa Argentina -en la que el viernes enfrentará en Mendoza y por los cuartos de final al ganador de Talleres y Almagro- y la Copa Libertadores, sin dudas su objetivo central.

En partidos como el que atravesó ayer, ante un rival disciplinado, quedó a la vista el estatus que cada torneo tiene para este grupo de futbolistas y cuerpo técnico. No porque no hayan jugado casi todos los titulares -a excepción de Pinola- sino por el tiempo que le costó atravesar el entramado defensivo de Patronato. Otra vez: hizo falta que pasaran 45 minutos para que hubiera una reacción, como si la motivación de jugar en su estadio al sol de un domingo pintado no fuera suficiente. Incluso la misma sintonía se adivinó en el público, que estuvo lejos de completar la capacidad del Monumental. Igual que los jugadores, los hinchas se desperezaron durante el tramo en el que sobrevinieron los goles de Rafael Borré, principalmente para cantar contra Boca y pedir por un triunfo (otro) en la Bombonera.

¿Y cuáles son sus mejores argumentos? En un fútbol tan frenético como el que se juega aquí, River muestra su capacidad más destacada en el medio campo, su sala de máquinas. Por momentos, ejerce desde allí una superioridad numérica que es el punto de partida de su preeminencia. Como ayer, por caso, suele distribuir en ese sector hasta seis jugadores (los volantes y Montiel y Casco, los laterales), un dibujo que le permite llenar de variantes los ataques y estar siempre cerca de la pelota cuando sobreviene la pérdida. Algo que, es cierto, sucedió poco esta vez: tuvo la posesión el 78 por ciento del tiempo.

River se monta a su triple "C": convicción, contagio y competitividad. Y entonces viaja arriba de las seguridades que le da un circuito de juego prolijo y aceitado, que se potencia a partir de la preponderancia de ese combo que arman Enzo Pérez, Exequiel Palacios y Nacho Fernández, los que dicen qué, cuándo, cómo y dónde. Tanto tiempo jugando juntos, claro, crea valor: los hábitos se crean a partir de la convicción primero y la repetición en entrenamientos y partidos después. Sirven, incluso, para permutar el protagonismo de aquellos que tienen la misión de resolver frente al arco rival. Borré y Suárez son hoy los que ocupan el espacio que hasta ayer nomás parecía propiedad de Pratto y Scocco. El colectivo por encima de las individualidad: esa manera de ser tampoco se compra en cualquier mercado.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.