La vuelta de Macri a Boca: su reconocimiento a Guillermo y el gesto que hizo reir al plantel

Mauricio Macri, con el plantel de Boca
Mauricio Macri, con el plantel de Boca Fuente: DyN
El presidente de la Nación se hizo presente en el nuevo predio de entrenamientos que tiene el xeneize en Ezeiza; qué nuevas autoridades de AFA y glorias boquenses estuvieron sentadas en el acto para ser parte del histórico momento.
Franco Tossi
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3 de abril de 2017  • 19:43

Fue un día especial en la vida de Boca. En todo sentido. Este lunes, la entidad de la Ribera cumplió 112 años, pero paradójicamente los festejó a más de 30 kilómetros de la Bombonera debido a un motivo muy agradable para los que sueñan con algún día vestir la camiseta azul y oro: inauguró en Ezeiza la primera etapa del Centro de Entrenamientos que a los dirigentes le costó cerca de 200 millones de pesos. Este nuevo anexo se pondrá en marcha a partir de este martes, con las prácticas de las juveniles e infantiles. Sin embargo, hubo otro regalo importante: Mauricio Macri presenció el evento y recorrió las nuevas instalaciones.

¿Qué hizo mientras estuvo en el complejo? Ya estaba todo el Mundo Boca reunido. También nuevas autoridades de AFA (Claudio Tapia, presidente, y Hugo Moyano, vicepresidente 2° del Comité Ejecutivo) y algunas glorias del club como Antonio Rattin, Ángel Clemente Rojas y Roberto Mouzo. El último en llegar fue el jefe de Estado. El helicóptero que lo trasladó captó la atención de todos no bien se hizo visible en los alrededores. Tras una vuelta por todo el predio para lograr un correcto descenso, se posó sobre una de las canchas de césped natural, ubicada a unos 150 metros del estrado. El presidente descendió y el primer abrazo se lo dio a Daniel Angelici, que lo esperaba desde la van gris que utiliza para movilizarse. Macri, en cambio, se subió a otro auto para recorrer esa pequeña distancia.

A partir de allí comenzó la visita a las instalaciones junto al presidente de Boca. Recorrieron juntos los vestuarios, el comedor, el gimnasio y los demás espacios del primer y segundo piso del edificio central. Pero uno de los momentos esperados se observó en una de las canchas principales, que dispone en uno de los laterales de una tribuna (sólo dos tienen una pequeña grada): el mandatario se dirigió a la mitad de la cancha y dio el puntapié inicial para inaugurar, de alguna manera, las ocho canchas que ya están disponibles. Y a pocos metros, una foto junto a Angelici, el plantel de primera, una de las categorías de inferiores y el grupo de infantiles. El pasado y presente dirigencial. El presente y futuro futbolístico.

Su discurso tuvo mucho de política, comparando los momentos del fútbol argentino con el del país. No obstante, su simpatía hacia Guillermo Barros Schelotto y los jugadores profesionales no faltaron. En medio de los agradecimientos por la invitación, chicaneó un poco al Mellizo, pero sobre todo colocó muy alta su idolatría hacia él: “Tenemos a Guillermo, ese 7 endiablado del cual todos me preguntaban si era bravo en el vestuario por cómo se lo veía en la cancha, pero en la semana era mansito, perfecto y nunca generó un problema. Quizás tiraba la piedra y yo no la veía, pero fue una relación maravillosa porque fue el único que se quedó en todo el ciclo y compartimos las 16 emociones maravillosas de los títulos”. La anécdota provocó las risas del plantel.

Tardó un poco menos de una hora en irse de Ezeiza, aunque no se fue con las manos vacías: antes de abandonar el escenario le obsequiaron un Masterplan de obra en plata. Muchos pudieron suponer que se dio un almuerzo junto a Daniel Angelici y Barros Schelotto en ese lapso. Sin embargo, no fue así. Tuvo tiempo para sentarse tranquilo dentro del edificio central y respirar aire azul y oro mientras era entrevistado por el periodista Jorge Lanata, según le confiaron a LA NACION. En su vuelta, otra vez lo hicieron sentir como en su casa.

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