Las excesivas e ilógicas actitudes de Gastón Sessa

Sebastián Torok De la Redacción de LA NACION
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30 de marzo de 2007  

El hombre no escarmienta; no logra asimilar que sus impulsos le juegan en contra. Y eso que no es un ningún novato; ya transcurrieron más de 13 años desde su debut en primera, en Estudiantes de La Plata. Además, posee más de 300 partidos en diversos arcos argentinos y de otros países -actuó en Las Palmas, de España-. Con casi 34 años (los cumplirá el 15 del mes próximo), Gastón Alejandro Sessa es el capitán y el más "veterano" de un plantel de Vélez que se caracteriza por la sangre joven. Y simplemente por esas razones, debería ser el primero en dar un buen ejemplo. Pero ello sigue sin ocurrir.

Anteanoche, en Porto Alegre y frente a Inter, el arquero volvió a protagonizar un hecho lamentable. En pleno partido, y repentinamente tras una usual discusión futbolística, el Gato Sessa insultó a Maximiliano Pellegrino y luego, con asombrosa violencia e impunidad, le dio un cachetazo. Para fortuna del conjunto de Liniers, el árbitro Jorge Larrionda no advirtió la agresión porque si no Vélez se hubiera quedado con un hombre menos por... una irresponsabilidad de su referente.

No es la primera vez que Sessa comete una locura dentro de un campo de juego. Basta recordar cuando en octubre de 2002, ante San Lorenzo, tomó del cuello y amagó con pegarle al juez Sergio Pezzotta; esa insensatez le valió 12 fechas de suspensión. No recapacitó: en agosto último, no bien Pablo Lunati marcó el final frente a Lanús, Sessa salió disparado, ante la confusión de todos, en busca de Lucas Castromán, que había sido expulsado. Entre el defensor Marcelo Bustamante y un utilero lograron tacklearlo e interrumpir su objetivo: recriminarle al delantero el haber dejado al equipo con 10 jugadores. Increíblemente, más frío , Sessa confesó que con Castromán "no pasaba nada", porque es su amigo y hasta compartió vacaciones con él...

Ante tanta irresponsabilidad, lo más lógico hubiera sido que las autoridades de Vélez se encargaran de castigar al arquero, sin temores por su chapa de peso pesado . Sin embargo, ello no ocurriría. ¿Qué hubiera pasado si el indomable habría sido un jugador sin tantas batallas encima?

Evidentemente, el N° 1 del Fortín tiene desequilibrios temperamentales que lo perjudican. Por diversas actitudes soberbias y sobradoras, es uno de los guardavallas más aborrecidos por quienes no siguen a Vélez. Seguramente, en la intimidad, él mismo se lo debe reprochar, porque su destacado potencial deportivo -sumado a una conducta correcta- le hubiera permitido dar pasos más trascendentes en su carrera profesional, quizás, hasta en el seleccionado. Porque no hay dudas que condiciones le sobran, pero sus locuras lo siguen dejando al margen de la lógica.

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