Las postales que exponen al fútbol argentino y los daños colaterales del papelón superclásico

Los franceses entran en el vestuario de Croacia y felicitan a los campeones de la Copa Davis, una imagen que contrasta con lo que se vivió en el superclásico
Los franceses entran en el vestuario de Croacia y felicitan a los campeones de la Copa Davis, una imagen que contrasta con lo que se vivió en el superclásico Crédito: @CopaDavis
Claudio Cerviño
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25 de noviembre de 2018  • 22:00

Las imágenes siguen causando dolor e indignación. Las historias que giran en derredor del superclásico de la Copa Libertadores entre River y Boca , que pasó de final a papelón de todos los tiempos, exhíben crudamente el daño colateral que provocaron la incapacidad y la barbarie. Y otras imágenes también llegan profundamente. De aquí nomás y de lejos también. Porque dejan expuesto lo peor de nuestro fútbol, lo nocivo de inadaptados naturales y de aquellos que mutan en desaforados en nombre de una falsa pasión.

El rugby doméstico vuelve a darle un ejemplo al fútbol. Alumni e Hindú cambiaron primero de día su final del Top 12 de la URBA y a poco de su realización adelantaron el horario, mientras la Conmebol seguía modificando insólitamente su propia programación sin visualizar el problema de fondo (que no se podía jugar). No solo disputaron el duelo que consagró al equipo de Tortuguitas: la definición también mostró a ambas hinchadas juntas en el mismo escenario (ver pág. 13). La sociedad está alterada, sí; se han perdido valores, claro. Pero no en todos los ámbitos. Y hablamos de un deporte en el que la fricción es grande, lo mismo que las chances de levantar temperatura dentro de la cancha. Sin embargo, reina otro espíritu. Exabruptos habrá, como malas artes que son penadas. Lo que está claro es que nadie va a ver una final de rugby con la idea de que "hay que matar al rival" ni pensando en romper los autos o el ómnibus del plantel oponente. Y muchos menos se le ocurriría la aberración ocurrida este sábado en las inmediaciones del Monumental, cuando un grupo de inclasificables de River se divertía y cantaba mientras tiraba al aire, pateaba en el piso y pisoteaba un chancho. Tristísimos índices de descomposición humana.

Desde lejos, del otro lado del Altántico, llega otro golpe al mentón. En Lille, dos años después de perder la final con la Argentina de Juan Martín del Potro, Guido Pella, Federico Delbonis y Leo Mayer, Croacia y sobre todo Marin Cilic se toman desquite y consiguen la segunda Copa Davis . De pronto, el equipo francés, liderado por Yannick Noah, entra en el vestuario campeón a felicitar a los campeones, y con él, sus jugadores. Se saludan, se sacan fotos. En la Argentina no podemos siquiera pedir la calle de honor en un superclásico: ¿quién se animaría a hacerla cuando debiera ser una saludable iniciativa?

La postal: Croacia y Francia, juntos para la foto tras la final de la Copa Davis
La postal: Croacia y Francia, juntos para la foto tras la final de la Copa Davis Crédito: @CopaDavis

El daño colateral es grande. Primero, porque esta final tan esperada, hablada y por muchos no deseada temiendo lo peor, ya se desnaturalizó. Habrá un campeón, en escritorio o en la cancha, pero quedó todo desvirtuado. Hasta a la propia gente le sacaron las ganas de ir el domingo y se notaba en la calle que la efervescencia no era la misma. Se festejará el título, sí, porque la Argentina es el país de la memoria frágil y de los cambios abruptos. Pero nada será igual que durante el transcurso de la Libertadores, cuando la final superclásica se jugaba en las mentes y las presunciones.

Todo lo que pasó antes y hasta que el ómnibus que trasladaba a Boca al estadio de River dobló por Lidoro Quinteros, desprotegido y expuesto al bombardeo de inadaptados favorecidos por un operativo policial deficiente, tuvo impacto en muchos frentes. Una final que empezó desprestigiando al nuevo chiche del fútbol doméstico, como la Superliga. Partidos suspendidos, cambios de días y horarios, clásicos minimizados insólitamente como el de San Lorenzo-Huracán, un calendario que se llena de astericos como en la peor etapa de la era Grondona, sponsors que acaban de apostar a la nueva etapa que quedan envueltos en los desmanejos dirigenciales. Otros deportes que deben modificar sus calendarios y costumbres por razones de seguridad o de superposición de fechas: pasó con la final de la URBA y también con el Cam-peonato Argentino Abierto de polo, que ya venía complicado con las suspensiones por lluvia y con las fechas del G-20.

Los hinchadas de Hindú y Alumni compartieron tribuna en la final del Top 12 de la URBA
Los hinchadas de Hindú y Alumni compartieron tribuna en la final del Top 12 de la URBA Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

Alteraciones que no son menores y que van más allá de un salto de día. Hablamos de plata, de compromisos, de malasangre y estrés. Muchos tendrán conocidos que han venido desde el interior del país, y hasta del exterior para ver esta final histórica. No solo se van sin saber quién es campeón, sino con esa certeza de que fue "plata quemada". O el dolor de cabeza y la angustia que tenía cada involucrado en un casamiento, comunión, bautismo en la tarde-noche de los sábados 10 y 24 de noviembre luego de que se desactivaran las fechas originales de entresemana (miércoles 7 y 21); que luego se trasladó a los que tenían eventos en los domingos 11 y 25, y que los deben tener en este momento los que proyectaron con antelación algo para el sábado 8 de diciembre, eventual fecha de disputa. Sin olvidar al que pagó una fortuna y, en medio de la desprotección policial, sufrió el robo de su ticket en la puerta misma del estadio. Preguntándose lo mismo que cualquier mortal: "¿Más de 2000 policías y me pasa esto?".

No alcanzan ya las buenas intenciones, los videos y fotos de hinchas de ambos clubes con sus camisetas y abrazados. Tampoco los mensajes de paz de los propios protagonistas: todo queda relativizado cuando un Darío Benedetto, que se mostraba sensato en su regreso al fútbol argentino, dentro de la cancha, le dice socarronamente a un hincha de River "mañana tenés que ir a laburar", dejando en claro que la plata puede garantizar bienestar, pero no necesariamente cultura. Como aquella noche nefasta de hace casi un año en Casilda de Jorge Sampaoli con un oficial de tránsito.

Habrá un campeón, sí, pero el partido está perdido en todos los frentes. El daño existe. El daño colateral también. Mientras algunas postales, como la del rugby o la de la Copa Davis, se observan como si fuesen de otra galaxia.

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