Leandro Romagnoli: “Tengo ganas de jugar, la cancha sigue siendo mi lugar en el mundo”

Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Recuperado de otra lesión de rodilla, el ídolo de San Lorenzo reflexiona sobre el paso del tiempo y dice que 2016 será decisivo para su futuro
Ariel Ruya
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3 de noviembre de 2015  • 22:03

Un día típico de agosto. Invernal, nublado, frío como el agua de mar. Oscuro para advertir cuando algo no anda del todo bien. A Leandro Romagnoli le duele tanto la rodilla derecha que la explicación del médico es tomada de modo natural, como si se tratara de un día cualquiera, cuando se ata los cordones antes de acariciar la pelota. "Pipi, vas a tener que operarte", es una frase pesada, incómoda. Se trata de la quinta intervención. La rodilla derecha es un capítulo de su vida. "Estaba triste, como cuando surge cualquier lesión que debe afrontar un jugador. De todos modos, ya estaba acostumbrado a vivir cosas así, lo tomé con tranquilidad, porque sabía que era una limpieza, nada más. Había que esperar tres meses para recuperarme y volver", reflexiona el ídolo inoxidable de San Lorenzo. A los 34 años, no baja las banderas. Los moretones de la vida son huellas necesarias: sin ellos, no habría sido quien es. "Sufrí todo tipo de lesiones, la verdad, las viví todas. En cuanto a las rodillas, fueron varias. También, una hernia, el codo… es parte del fútbol. Lo tomo con más tranquilidad ahora, porque ya soy grande y superé momentos peores. Esta vez, no fue tan grave", descubre en una charla que lo abarca casi todo: la pelota, la gambeta y el futuro disfrazado de entrenador.

"Nunca pensé en nada malo, en nada feo. Sí, sabía que tenía que tomar una decisión, según como fuera la recuperación. Si no me recuperaba bien..., no se puede tomar una determinación drástica antes de saber cómo iba a volver. Fue hace tres meses, pasó rápido", espía en su interior el símbolo azulgrana, una leyenda en tiempos frágiles, que volvió a pisar el campo de juego el domingo pasado, en el choque contra Temperley. Un poco más de media hora de volver a ser.

–Es curioso lo que te sucedió con la rodilla derecha. Te dio los mejores momentos de tu carrera y también te provocó los dolores más intensos.

–No le recrimino nada a mi rodilla derecha, también me hizo feliz. Tuve varias operaciones en esa pierna y en la izquierda tuve una sola… Si lo analizo fríamente, le agradezco mucho a la izquierda, porque se bancó lo peor, el apoyo, el sustento. Porque la derecha, la que tantas veces me lastimé, siempre anduvo por el aire, con la gambeta, corriendo, así que la izquierda, de algún modo, fue el sostén, en los buenos y, sobre todo, en los malos momentos. Son cosas que pasan en el fútbol, para conseguir todo lo que logré, también pasé por esas etapas menos felices.

–¿Y cómo estás hoy?

–Estoy en un 50 por ciento de mis posibilidades, estuve casi tres meses parado y hace dos semanas que tomé ritmo habitual. Tengo ganas de jugar, la cancha sigue siendo mi lugar en el mundo.

–¿Aprovechaste el tiempo de recuperación para hacer cosas que tenías postergadas?

–Siempre estoy todo el día en casa porque la prácticas duran una parte de la mañana; después, hay mucho tiempo libre. El jugador de fútbol, en general, tiene mucho tiempo. Disfruto siempre con mi mujer y mis nenas. No sólo cuando tuve este tiempo libre de más.

Leandro cuenta que es "un tipo rutinario". Que va a entrenarse a la mañana todos los días, en la ciudad deportiva, que firma autógrafos y se saca fotografías, casi como si se tratara de un hábito, una costumbre, luego almuerza en casa, descansa un rato (un privilegio del futbolista profesional), más tarde, antes de las 17, va a buscar a Mía y Martina a la escuela, repasa conceptos escolares con el lápiz y el papel y, al atardecer, comparte unos mates con amigos. "Normal, nada de otro mundo", asume el ídolo de entre casa.

Entre el torneo local, la Recopa y la Copa, Romagnoli jugó 24 partidos en 2015; marcó apenas un gol, para la victoria 3-1 en el clásico ante Huracán.

–¿Cuán lejos está el retiro? ¿Depende del físico, de las ganas, de renovar la motivación?

–Cuando me preguntan por mi retiro, me pasa esto: no me veo fuera del fútbol porque todavía tengo ganas de levantarme a la mañana para ir a entrenarme y concentrarme un día antes de cada partido. Todo eso lo hago con ganas. El día que no sienta eso, me voy a sentar con mi familia y voy a tomar una decisión. Y se verá. No me veo fuera del fútbol.

–¿Hablaste con algún futbolista que se haya retirado? ¿Qué consejos te dieron?

–Sí, charlé con muchos. Ellos dicen que sintieron que un día empezaron a verse fuera de foco, que les costaba levantarse, que no sentían ganas, que no querían entrenarse, que todo les molestaba… Y que todo les dolía, obviamente. Imagino que es cuando ya no querés estar en la concentración, el después de los partidos es un dolor intenso, la recuperación es larga… Sentís cosas negativas en todo el proceso. Lo que antes te gustaba, te harta. Cuando sentís que éste ya no es tu lugar.

–Y hoy no pesa esa pata negativa. Está lejos de vos.

–No hay algo que me fastidie, algo puntual, por eso sigo. Me gusta jugar, aunque reconozco que me cuesta recuperarme después de los partidos. No reniego de nada, estoy acostumbrado a todo: a la gente, a las críticas, a los periodistas, al vestuario, a los compañeros. Yo soy feliz acá, pero cuando todo eso te empieza a molestar, hay que dar un paso al costado.

–¿Te imaginas jugando dos años más, por lo menos?

–El año que viene va a ser decisivo. Quiero ver cómo respondo. Necesito hacer una buena pretemporada en enero, me va a servir mucho para ver cómo estoy físicamente. Y se verá. Si vuelvo como estuve durante este año, porque antes de la lesión estaba bárbaro, continúo. Es lo que más quiero. Si veo que cada vez me cuesta más, tomaré una decisión.

–El fútbol argentino es intenso. No da respiro, no para nunca.

–Acá se vive así. Nosotros salimos campeones de la Libertadores, algo que se buscó toda la vida, y meses después, cuando hubo un bajón, se escuchaban murmullos de algunos sectores. El argentino es así. Los cuestionamientos siempre están. No se puede vivir del pasado. Todos los días hay que demostrar. Así lo exige nuestra manera de ser. También me acostumbré a eso.

–¿A las redes sociales? ¿A que un fanático te elogie o te critique desde una tablet o un celular? Cuando empezaste a jugar no había nada de eso...

–Se vive de un modo diferente. Antes, había que esperar al domingo a la noche para ver cómo jugaste. Los goles no se podían ver en ningún lugar. Hoy, al segundo, en una red social te aplauden o te insultan. Hay 20.000 programas, todos comentan algo. Si no estás bien preparado mentalmente, las críticas pueden afectar. Yo me acostumbré a saber que no soy ni el mejor ni el peor. El fútbol son momentos.

–¿Hablás con los más jóvenes? ¿Les explicas los detalles del fútbol que pocos conocen?

–Hablo mucho. Todos pasamos por buenos y malos momentos. En nuestras vidas, en la cancha. Hasta el mejor del mundo, que es Messi, después de muchos partidos que la rompe y hace goles..., pasan tres en los que juega mal y lo empiezan a criticar. Y sale en todos lados, ¿qué le pasa a Messi? Somos así… Hay que saber convivir con eso. Cuando estás mal, no hay que bajonearse. El fútbol se trata de recuperarse cuando viene la mala y mantenerse cuando viene la buena. Sabiendo que ese nivel, tarde o temprano, se vuelve a perder. Nadie es crack toda la vida. Nadie convierte goles todos los partidos.

–Esos son los estímulos que genera la experiencia.

–Se aprende con los años. Cuando era chico, jugaba un partido mal, veía el puntaje en un diario y me enojaba. Ahora también miro, pero uno sabe cuándo juega bien o mal. Antes me cuestionaba, ahora me tomo todo con tranquilidad.

–Vas a ser entrenador en el futuro. ¿Ya imaginás tácticas y estrategias mientras jugás?

–El fútbol me apasiona. Quiero ser técnico al otro día de haber largado. Es lo que me gusta. Quiero seguir ligado al fútbol.

Es un cabeza dura Romagnoli: sigue ligado a la pelota, a la gambeta, después de tantos dolores. Un ídolo de los de antes.

"Vamos a extrañar mucho al Patón"

De pronto, el Nuevo Gasómetro se convierte en el Teatro Colón. Todos de pie, con el aplauso encendido a modo de homenaje para Edgardo Bauza, el entrenador que decidió su salida, apenas acabe la aventura del torneo local. Es domingo, el rival es Temperley y en el banco de suplentes Leandro Romagnoli se seca una lágrima. Pocos se dieron cuenta de esa imagen, infrecuente en un mundo veloz, en el que todo parece ser insignificante. "El Patón significa mucho para mi vida y para mi carrera. Habíamos salido campeones con Pizzi, así que su llegada a San Lorenzo fue un cambio grande. Durante 2014 y 2015 vivimos momentos espectaculares, que voy a guardar siempre en mi corazón. Sobre todo, lógicamente, la Copa Libertadores, que fue haber cumplido el sueño que tuvimos todos los hinchas de toda la vida. Y eso nunca se va a olvidar. Quedamos en la historia y él fue el capitán de ese sueño. Vamos a extrañar mucho al Patón", suscribe el número 10, que en su tiempo, tuvo un par de cortocircuitos con el conductor, rápidamente resueltos. "Charlamos mucho, siempre por el bien común. Es un gran tipo, es difícil que un enojo durara más de un día", recuerda el símbolo, que volverá a ocupar el banco de los suplentes contra Atlético de Rafaela. "No está para 90 minutos", confirmó Bauza.

Por: Ariel Ruya
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