De L'Etrat a San Juan: la selección y un boicot a la prensa que no es nuevo, con un trasfondo muy diferente al actual

La decisión de los futbolistas de la selección durante el Mundial de Francia 1998 ocultaba insatisfacción por razones comerciales
Cristian Grosso
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17 de noviembre de 2016  

Juan Sebastián Verón, Gabriel Batistuta, Roberto Sensini y Claudio López, cuatro de los futbolistas de aquella selección del Mundial de Francia que eligieron distanciarse del periodismo cuando en realidad estaban descontentos por la caída de un acuerdo económico privado
Juan Sebastián Verón, Gabriel Batistuta, Roberto Sensini y Claudio López, cuatro de los futbolistas de aquella selección del Mundial de Francia que eligieron distanciarse del periodismo cuando en realidad estaban descontentos por la caída de un acuerdo económico privado Fuente: LA NACION - Crédito: Jorge Quiroga

Daniel Passarella se encargó de adelantar que los futbolistas leerían un comunicado. La Argentina había debutado en el Mundial de Francia con un triunfo sobre Japón y esperaba relajada el segundo partido con Jamaica. Pero en el auditorio del Centre de Formation aux Métiers du Sport, en la pequeña localidad de L'Etrat, la tensión cortaba el aire. El Káiser apenas agregó que sus muchachos habían sido atacados en su ética y moral. "Esto ya pasó más allá de lo normal al meterse con la vida privada. Esto es grave y molesta", sentenciaba el Káiser, que después salió de escena y se paró contra el marco de la puerta de acceso al salón para vigilar el paso de comedia. Era el 18 de junio de 1998. Uno a uno aparecieron los jugadores y se sentaron en semicírculo sobre el escenario. Diego Simeone , el capitán, tomó la palabra y leyó un comunicado que hasta hoy le quema la conciencia. Esas líneas decían que, indignados por tantos rumores, y en la búsqueda de transparencia, en adelante iban a atender sólo en conferencia de prensa grupal. "Estamos dispuestos a soportar las críticas más duras en cuento al rendimiento del equipo y las individualidades, pero por favor no jueguen con las personas por una necesidad de llenar espacios, porque además del daño que le generan al jugador, perjudican la imagen del país", describía Simeone. No es de arrepentirse el Cholo, pero ese episodio aún le pesa.

Las semejanzas con lo ocurrido anteanoche en San Juan, cuando Lionel Messi anunció que se cortaría el diálogo con la prensa, se atropellan. Una posición insustancial esgrimiendo el daño interno. Pero hay matices que conviene recordar. Por empezar, Messi habló sin papeles y construyó su posición con corrección. La posibilidad de disentir es otro tema. Passarella, aunque se esmeró por despegarse, estuvo detrás de aquella determinación, mientras que a Bauza no hay que incluirlo como instigador de la medida. Estas escenas de vodevil sólo embarran y las celebran los detractores/desestabilizadores mediáticos. Nada tuvo que ver el entrenador con la autoría intelectual, pero quizá falló al no imponer su autoridad para corregir el error de la asamblea. Claro que habría que detenerse en el auténtico poder de Patón Bauza sobre el plantel, pero ese es otro asunto.

Y el principal marco diferenciador es que en Francia se creó una cortina de humo para confundir. Por eso fue maquiavélico. En cambio, esta decisión es auténtica, sin dudas equivocada, pero los jugadores sintieron que necesitan rebelarse. Después, el rumor que involucró a Lavezzi les cayó del cielo para acentuar el sentimiento de ofensa. Pero el malestar con la prensa, y el deseo de adoctrinarla, castigarla, estaba acordado: no hay que perder de vista que ningún futbolista había asistido al contacto con los medios del domingo pasado, en el predio de Ezeiza, y entonces Bauza adelantó 24 horas su conferencia prevista para San Juan. Como ocurre habitualmente un día antes de la competencia.

En Francia 98 fabularon con descaro y La Nacion los descubrió. En el suplemento deportivo del 19 de junio, con el título en tapa "El precio del silencio", se contó la verdad. Un negocio millonario se le había caído al plantel. Y no lo soportaron. Los artículos "Una historia de intrigas entre el seleccionado y la televisión", firmado por Daniel Arcucci y "Víctimas que son cómplices", de este cronista, derribaron la máscara. La novela había comenzó un par de meses antes del Mundial, cuando Passarella firmó un convenio con TyC -la empresa ideada por Carlos Avila- para realizar micros televisivos que salieron al aire por Canal 13. Fueron 2.000.000 de dólares que el Káiser decidió aportar a un pozo que engrosaría el premio de los futbolistas del seleccionado. La idea fue un éxito. Y entonces se decidió prorrogar la relación. Bastaron 1.500.000 dólares más y nuevas cláusulas: 1) las notas se extenderían ahora a todo el plantel; 2) el dinero se repartiría en partes iguales entre cada uno de los 22 integrantes de la lista; 3) las entrevistas se realizarían en un lugar reservado, cuando el resto del periodismo se retirara; 4) los jugadores los designaría el cuerpo técnico; 5) Canal 13 gozaría de ese espacio exclusivo.

Funcionó a partir del miércoles 3 de junio, el día del primer encuentro con los enviados especiales. Celeste Avila, hija de Carlos y productora de TyC, se encargaba del enlace.

La tranquilidad duró dos semanas. Las autoridades del 13 se percataron que las notas especiales no se emitían sólo en su canal. También Telefé tenía sus exclusivas, que eran con los mismos protagonistas y sólo cambiaba el lugar donde se sentaban. Entonces, estalló el conflicto.

Canal 13 resolvió dejar de pagar por un espacio exclusivo que ya no lo era; los jugadores telefonearon a París a Julio Grondona para comprobar si esto era así y, ante la respuesta afirmativa, idearon el boicot general. Carlos Avila se presentó el lunes 15 de junio en el búnker albiceleste para tratar de encontrar una solución, pero ya era tarde. Si ya no había dinero, tampoco habría exclusivas. Y parodiaron su enojo para no exponerse. Argumentaron que los trascendidos que habían herido su moral eran un supuesto doping de Verón -días después, el propio Grondona confirmó el doping de un jugador antes de salir de Buenos Aires por el consumo de un antigripal; nunca reveló el nombre-, una internación de Burgos y peleas varias entre Batistuta, Ortega y Verón.

La relación siguió muy tensa. Las conferencias se repitieron martes y jueves en el auditorio del predio, hasta que la Argentina fue eliminada de la Copa por Holanda en los cuartos de final. No faltaron escándalos -Chamot agredió al colega Román Iutch cuando se acercó a preguntarle por qué había roto la medida para darle una nota a un medio español-, apretadas del personal de seguridad en el recinto y decenas de respuestas lacónicas, burlonas y evasivas por parte de los jugadores en los sucesivos encuentros con los medios. Para confirmar que este sainete nunca es una buena idea. Ni cuando lo impulsa la mentira, ni cuando lo motoriza el rencor.

En llamas

En la Copa del Mundo de los Estados Unidos 94 también se desató otro escándalo alrededor del vínculo entre los medios y el plantel argentino que conducía Alfio Basile. Las vergonzosas gorritas que, más que cubrir del sol, provocaban que muchos se sonrojaran. La exclusividad era visible, cada uno la llevaba en su cabeza: mientras Caniggia tenía las pelotitas de Telefé, Maradona lucía el sol de Canal 13. Passarella, con el rigor como bandera, buscó diferenciarse del proceso anterior y sólo creó su propio Frankenstein. Maradona no se sumó al boicot contra Víctor Hugo en el primer ciclo de Basile en la selección. Con el 10 ausente, sancionado por doping, ése plantel resolvió no hablar por Radio Continental. Cuando Maradona volvió a la selección para el repechaje, no acató la medida y dialogó con el relator.

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