Lo llevaron de paseo al Mundial, pero Lo Celso no necesita pedir permiso para jugar con Messi

Ariel Ruya
Ariel Ruya LA NACION
La elegancia de Lo Celso, su marca registrada.
La elegancia de Lo Celso, su marca registrada. Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima
(0)
16 de noviembre de 2018  • 23:14

Giovani Lo Celso entiende el juego. A los 22 años, no se encoge. Zurdo, cerebral, habilidoso, solidario. No tiene miedo, no necesita pedir permiso: es capaz de convertirse en el patrón del mediocampo –y algunos metros más allá- en el mismísimo Camp Nou, frente a unas 82.000 personas y con Leo Messi, el genio que vuelve a su casa, luego de una seria lesión, del otro lado del mostrador. Ocurrió el fin de semana.

Nacidos en Rosario, en otras cunas, en diferentes tiempos, crea una obra de talento y liderazgo, con un tanto y mucho fútbol. De frente al crack -que marca dos-, en el triunfal, histórico 4-3 de Betis. Lo Celso no jugó ni un minuto en el Mundial, a pesar de que Jorge Sampaoli lo admiraba en las prácticas. Todavía es un misterio.

Ahora, en tiempos de renovación, Lo Celso es el faro, el instrumento más claro del equipo, agresivo o agazapado en el amistoso triunfo frente a México por 2 a 0. No siempre brilla, siempre se destaca. Víctima de una infracción que deriva en la apertura del marcador de Ramiro Funes Mori, su campo de acción es ser el ladero de Leandro Paredes, el número 5 más atento al músculo. El zurdo no sólo es el 5 que juega: puede, de inmediato, convertirse en el socio de Dybala, porque nunca pierde el tamiz táctico. No lo atrapa la efervescencia, es un volante europeo, útil y disciplinado.

Atrás quedaron aquellos tiempos en Rosario Central, disfrazado de número 10. Duró un suspiro en el fútbol argentino, lamentablemente. En nuestro país jugaba a la pelota, en PSG aprendió a jugar al fútbol. Unai Emery, hoy en Arsenal, lo descubrió mejor. Le enseñó que su lugar en el mundo es el círculo central, aunque más de una vez lo martirizó como un corredor de habilidosos ajenos. Es joven: los grandes equipos pueden ser su prueba final rumbo a la elite.

Sampaoli sólo lo disfrutó detrás de escena. Lionel Scaloni comprendió su esencia. Es el mejor en la plácida noche de Córdoba. Messi, cuando vuelva, a la distancia, debe saber de qué está hecho el socio ideal. Lo Celso es bueno de verdad. ¿Alguien lo duda?

Por: Ariel Ruya
ADEMÁS

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.