Los 10 hits de Oriente

El repaso por los temas salientes del primer Mundial del siglo, entre un juego poco lucido, controversias y la experiencia de una organización conjunta
El repaso por los temas salientes del primer Mundial del siglo, entre un juego poco lucido, controversias y la experiencia de una organización conjunta
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30 de junio de 2002  • 11:00

EL JUGADOR: Ronaldo

La estrella que volvió a brillar

Su resurrección es una de las mejores noticias para el fútbol, que creía haber perdido a un atacante formidable por el calvario de las operaciones en la rodilla derecha. Pero si es cierto que no hay mal que por bien no venga, Ronaldo extrajo provecho de tanta inactividad: dejó de ser un jugador de otro planeta, de ser un producto de consumo masivo y excesivamente comercializado, para volver a ser un simple humano.

Vino a Oriente con la mitad de la presión que cargaba en Francia ‘98, y el fútbol y el juego empezaron a fluirle con alegría, con oportunismo y naturalidad. Se lo vio cómodo y confiado. Quizá nunca vuelva a retomar la condición física que tenía en Barcelona -su época de oro-, pero le alcanza para ser un centroatacante distinto, que reúne potencia y versatilidad. Un digno representante de la mejor escuela brasileña. Y sus dos goles en la final lo prueban.

LA REVELACION: Ronaldinho

Inspiración en función de equipo

Es de la clase de jugador que transmite que hará algo importante cuando le llega la pelota a los pies. Gambetea y arranca en un mismo movimiento, lo cual lo hace poco menos que incontrolable para la marcación. Tiene picardía, buena pegada y otro atributo vital: juega en función de equipo, es generoso con el compañero mejor ubicado. Es un delantero muy influyente cuando retrocede unos metros para armar la jugada. Puede ocupar todo el frente de ataque.

Sólo cometió un error de sobreactuación cuando se le fue la pierna sobre el inglés Mills y provocó su expulsión, en una sanción que, de todas maneras, pudo ser exagerada. Ratificó todo lo que prometía cuando apareció y deslumbró en la Copa América de Paraguay ‘99. Era hora de que se hablara de sus notables condiciones tras el largo período que estuvo inactivo por su intrincado pase de Gremio a Paris Saint Germain.

LA SORPRESA: Turquía

Con los turcos a la cabeza

Primero fue una insinuación, apenas. Después, una verdadera avalancha. Al fin, fueron tantas las sorpresas que dejaron de serlo. Y hasta se volvió curioso que los grandes ganaran. A la cabeza de este grupo quedó Turquía: desde aquella primera rueda entre injusta y triste, tuvo un crecimiento vertiginoso, demostrado cabalmente en el triunfo ante Senegal, en cuartos de final, y también en la derrota contra Brasil, en semifinales. El tercer puesto fue un gran premio para el equipo liderado por Hakan Sukur, que en el último partido se dio el gusto de demostrar por qué lo quieren tanto en un país que -ellos sí- disfrutaron de la alegría futbolera en medio de la tristeza económica.

A Corea del Sur no le quitará nadie -ni siquiera el recuerdo de los pésimos arbitrajes que la beneficiaron- la felicidad y el registro histórico de haber llegado al cuarto puesto. Y lo mismo vale para Senegal y Estados Unidos, con su lugar en los cuartos de final.

EL BOCHORNO

Oscuros hombres de negro

Nada, ni las sorpresas pesaron más en este Mundial que los pésimos arbitrajes. Eso sí: igual que la otra característica definitoria de esta Copa del Mundo, la tendencia fue volviéndose cada vez más notable. Todo comenzó con el coreano Kim que le regaló una penal a Brasil y se dejó engañar por Rivaldo, todo contra Turquía. Pero siguió y siguió hasta hacerse innumerable. Tranquilamente se podría elaborar un ranking con el Top 20 de los errores. A la cabeza, seguramente, quedaría el egipcio Gamal Ghandour, responsable de la eliminación de España ante Corea del Sur, anulándole dos goles absolutamente legítimos, que hubieran definido el partido. Se reveló, al fin, que lo peor no pasa por los árbitros en sí mismos, sino por el método y las razones de su elección. Por eso se justificó, ampliamente, el terremoto que se generó alrededor de la Comisión de Arbitros de la FIFA. Esta Copa del Mundo marcará un antes y un después en el tema.

LA DECEPCION

Favoritos de corta vida

Pocas veces en la etapa previa a una Copa del Mundo se registró un consenso tan marcado acerca de los máximos candidatos a quedarse con el título: Francia, el último campeón, consolidado y maduro, y la Argentina, con un sobresaliente rendimiento en las eliminatorias y jugadores de reconocida categoría, eran los favoritos por abrumadora mayoría. Y también pocas veces las expectativas se esfumaron con tamaña rapidez.

Lo del conjunto de Roger Lemerre fue el extremo de la improductividad: se despidió del Mundial con dos derrotas y un empate, y sin siquiera haber anotado un gol. Para la Argentina, tras un comienzo alentador con el triunfo ante Nigeria, la caída con Inglaterra fue un golpe del que no pudo recuperarse. Nadie esperaba una eliminación tan prematura para un equipo que parecía llegar en condiciones ideales.

El nivel de juego

Lo destacado fue la excepción

Las últimas imágenes son las que más cuentan para la impresión final. Enhorabuena que la semifinal Brasil-Turquía y el partido por el tercer puesto Turquía-Corea del Sur aportaron buen fútbol, emociones, vocación compartida por el ataque e individualidades desequilibrantes. Pero este Mundial no quedará en el recuerdo como uno de los mejores en lo futbolístico. Quizá influyó lo poco que dieron de quienes más se esperaba: la Argentina y Francia. No hubo novedades tácticas, la marcación individual casi no existió y la mayoría de los equipos adoptó planteos cautelosos y se manejó con resultados cortos. No fue un Mundial pródigo en enganches, en organizadores, función que cada vez más se diluye en volantes trajinadores. Al margen de algunas figuras que ya venían con antecedentes reconocidos, de Turquía, los Estados Unidos y Senegal surgieron los nombres nuevos que mostraron un nivel razonable y competitivo.

BUENAS NOTICIAS

Ni un hooligan ni un doping

Tanto se habló, tanto se escribió, que al fin queda la sensación de que se estuvo hablando y escribiendo sobre fantasmas. No hubo ni en Corea del Sur ni en Japón representantes de esa raza incalificable y bautizada de distintas maneras en diferentes lugares: ni hooligans, ni barras bravas, ni nada que se les parezca. La Argentina v. Inglaterra resultó, por ejemplo, un cálido encuentro fraternal, donde el mayor cruce entre ambas hinchadas fue... para intercambiarse camisetas. Desde ese punto de vista fue, sí, el Mundial de la paz.

De lo que no se necesitó hablar fue de doping. Curiosa y afortunadamente, en un año marcado por la nandrolona y dentro de los más estrictos controles -por primera vez se hicieron aquí análisis de sangre para detectar estimulantes-, no se registró caso alguno. Hubo una denuncia en contra de Alemania, tras el partido ante Corea del Sur, rápidamente desestimada.

EL GOL

Rivaldo a Inglaterra

Estética, definición e importancia ubican al primer tanto de Brasil frente a Inglaterra, en los cuartos de final, como el gol distintivo del Mundial. Se originó sobre el sector izquierdo del campo brasileño; Beckham se acercó a disputar una pelota ante dos brasileños y, en vez de trabar, saltó; el balón salió hacia el medio y desde allí comenzó lo mejor, porque cayó en los pies de Ronaldinho, que desplegó una escapada fenomenal, a alta velocidad y con pleno control. Con un amago desparramó la marca de Ashley Cole y, antes de toparse con los centrales, la abrió hacia la derecha, para la entrada de Rivaldo, que resolvió con grandeza y precisión, a un toque, con un impecable remate de zurda bajo y cruzado, inalcanzable para Seaman. De una equivocación inglesa, Brasil elaboró una joya.

EL ESCANDALO

Entrada al dislate

Ver tribunas con espacios vacíos le quita sabor a un Mundial. Y, salvo excepciones, esa imagen se repitió en todo el certamen. Detrás de esa cuestión que originó críticas cruzadas había un grave conflicto de intereses que derivó en problemas con la distribución de las entradas. La atribución de culpas fue de aquí para allá, pero las mayores acusaciones recayeron sobre la empresa británica Byrom, a la que la FIFA acudió para elaborar y distribuir los tickets. Muchos boletos vendidos en el exterior jamás llegaron a sus destinatarios y se originaron situaciones inesperadas: intentos de último momento para localizar a quienes las habían adquirido o el ofrecimiento de entradas por Internet los días de los partidos. El escándalo derivó en demandas judiciales de ambos comités organizadores (el coreano y el japonés) a la compañía inglesa.

EL CONTRASTE

Dos mundiales en uno

Además de un desafío, la decisión de asignar la organización del Mundial por primera vez a dos países representaba una interesante oportunidad de ver cómo se vivía el torneo en dos sociedades diferentes. En Japón, el compromiso y la identificación de la gente con la Copa del Mundo fue despertándose de a poco; creció con el avance del seleccionado local hasta la eliminación en octavos de final, pero nunca se terminó de consolidar el clima que siempre se respira alrededor del máximo torneo. Corea, en cambio, se entregó con más pasión, acaso por su mayor tradición futbolera y por haber contado con un equipo que impactó. En materia de organización e infraestructura hubo poco de qué quejarse, pero en el primer Mundial del siglo cualquier problema se pudo superar con la inagotable hospitalidad y la profunda predisposición de la gente común de ambos pueblos.

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