Los debuts de los jóvenes, sin continuidad ni respaldo, no tienen valor

Christian Leblebidjian
Fuente: FotoBAIRES
(0)
31 de enero de 2020  • 23:57

Gonzalo Maroni tiene 20 años y hoy juega en Sampdoria. Su nombre tomó notoriedad el 30/4/2017, cuando Guillermo Barros Schelotto lo hizo debutar como titular en la Bombonera. Boca le ganó 3-0 a Arsenal y el enganche anotó el último tanto. Ya se había presentado ante Estudiantes, pero había saltado desde el banco. Contexto ideal, sangre nueva y felicidad del chico que soñaba con hacer historia con la camiseta azul y oro. Pero recién volvió a jugar un mes después, ante Huracán (1-1), y su tercer partido oficial recién fue. el 27/1/2018, en el triunfo ante Colón (2-0). Mediocampista ofensivo y con gol, con condiciones, dejó euros en las arcas xeneizes, pero no llegó ni a los 20 partidos en el club donde pretendía triunfar.

Distinto fue el caso de Rodrigo Bentancur, que antes de emigrar a Italia jugó 79 partidos en Boca, una apuesta sostenida del Mellizo contra (casi) todo el mundo Boca en un medio campo que necesitaba más marca, equilibrio y roce. Hoy, los principales clubes del mundo visualizan las condiciones que proyectaba el uruguayo.

¿Qué tuvieron de diferencia uno y otro? La continuidad. Más allá de que Barros Schelotto tendrá sus motivos y argumentos para justificar por qué le dio más chances a uno que otro, lo cierto es que los ejemplos sirven para mostrar que las apariciones de los juveniles en el fútbol argentino necesitan de respaldo.

La 17° fecha de la Superliga entregó 9 debuts, muchos de ellos sorpresivos. Que los entrenadores ( Lucas Pusineri, Sebastián Beccacece, Leonardo Madelón, Alexander Medina, etc) se hayan jugado por ellos tiene un doble valor, porque se trata de un tramo decisivo, no de un certamen que da revancha a largo plazo.

Fuente: FotoBAIRES

Incluso Miguel Angel Russo, que en su primer partido oficial en Boca puso como titular a Agustín Obando, un mediocampista zurdo que se había presentado con Alfaro. Beccacece se la jugó ante Atlético Tucumán con Tiago Banega en Racing, relegando al banco a un mundialista como Marcelo Díaz, pero ya no lo repetiría en el siguiente partido, por más que el chico está concentrado con el plantel.

Como a todo futbolista, pero sobre todo a los jóvenes, es muy importante que la confianza no termine en un debut o en una titularidad esporádica, sino en sostenerlos pese a los errores; que los entrenadores tengan valor para darles herramientas para buscar sus evoluciones incluso mientras dan sus primeros pasos en la competencia oficial.

Así lo hace Marcelo Gallardo en River, con ejemplos claros como Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta y Exequiel Palacios, recientemente vendido a Alemania. Chicos de las inferiores que no jugaron un partido a cuentagotas, sino que lograron enhebrar varios seguidos. Eso los potencia y, al mismo tiempo, hace que generen los entendimientos con los compañeros. El DT millonario les da posibilidades, los pone y sostiene, pero también les exige y los potencia. Ya dio varias muestras de eso: nadie juega con el nombre, sino los que mejor están.

Fuente: FotoBAIRES

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.