Los dirigentes legitimaron su ineptitud

Cristian Grosso
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23 de enero de 2002  

En su desesperado pedido de auxilio, los dirigentes del fútbol argentino han desnudado su incompetencia. Asfixiados por una situación económica opresiva que ellos mismos supieron construir, golpearon a las puertas de la Casa Rosada con sus impacientes manotazos y debieron rendirse frente a la desconfianza del Gobierno. Mientras el presidente Eduardo Duhalde prometió estudiar cómo remendar tantos jirones financieros, los dirigentes debieron toparse con una realidad que ha crecido últimamente con idéntica celeridad meteórica que las impactantes deudas de los clubes: ya nadie cree en su capacidad de administración.

El Gobierno propuso una auditoría externa contable, que prevé la ley del deporte, en la que intervendrá el Estado a través de la Secretaría de Turismo y Deporte para controlar que las entidades cumplan y no se excedan con sus presupuestos. Así se buscaría vigilar el panorama financiero de los clubes e intentar evitar esas agudas situaciones de desfase económico. Este idéntico compromiso se fijaron hace un tiempo los propios dirigentes del fútbol argentino. Ante el Tribunal de Cuentas de la AFA se prometieron hacer buena letra, respetar los presupuestos, presentar periódicamente los balances y jamás gastar más de lo que ingresase en sus tesorerías. Y, en caso de incumplimiento, juraron penarse hasta con la pérdida de la categoría. Pero se mintieron en la cara. Y le dieron entidad a aquella frase de que entre bomberos no se pisan la manguera...

Ahora los clubes claman por una flexibilidad impositiva para el valor de las entradas y una reducción en los costos de los operativos de seguridad. Cuentan que su petitorio no encontraría mucho eco. De todos modos, allegados al ejecutivo nacional aseguran que Duhalde quiere tenderle un manto de protección al fútbol. Se sabe hasta el hartazgo que nunca conviene que la pelota se detenga. "Parar la pelota es lo peor que nos puede pasar, es agravar los problemas", dijo Daniel Scioli, secretario de Turismo y Deporte de la Nación.

Las autoridades del fútbol estuvieron de acuerdo con que el Estado intervenga a través de las auditorías. Este paso de los dirigentes, abiertos a ampararse bajo el control gubernamental para aferrarse a otro salvavidas que intente sanear sus economías, ha sido una manera de legitimar la propia ineptitud . "Hay situaciones que hacen imposible castigarnos a nosotros mismos, porque el que tendría que penar a los que no cumplen en lo económico o en lo deportivo somos nosotros mismos" , asintió Julio Grondona. ¿No lo sabía antes? ¿Los dirigentes tuvieron que llegar a esta situación extrema para asumirlo? "Lo más triste en la vida es castigar, no es fácil hacerlo", insistió Grondona para escudar una inacción que ha sido cómplice en la debacle de los clubes. Ya es tarde para lamentos.

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