Los extraños mensajes enboca y river

Claudio Cerviño
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28 de noviembre de 2013  

Aveces salen bien, en otras ocasiones resultan parcialmente satisfactorios, y también, claro, están los casos en los que todo termina mal. Los matrimonios por conveniencia tienen variables. Para Boca y River, los tránsitos más recientes confluyen en senderos espinosos.

En la ecuación primeriza, Boca está mejor parado que River: aún pelea por el título. Aunque nada le quitará el sinsabor de haberse preparado para algo grande y estar cerrando el año casi en cero. Asimismo, las turbulencias y los mensajes entre dirigencia- entrenador-jugador emblema de estas semanas llaman la atención. O no.

Bianchi volvió a Boca hace 11 meses por causas concluyentes: la torpeza de Angelici de mostrarse exultante en Puerto Madero con Falcioni, anunciando de madrugada la renovación del vínculo. Al día siguiente, Riquelme fogoneó mediáticamente la salida del técnico y pocos días después, la Bombonera explotó, en contra del DT, de la comisión directiva, y pidiendo por Bianchi. Cambio de escenario obligado para el presidente, que no quería a Bianchi, que nunca tragó a Riquelme, pero que tampoco quería una bomba activada en el club, con tres años más de mandato.

Los mensajes sobre el rendimiento del equipo de la semana pasada y de ayer (pág. 4), cuando en el medio hubo un "de eso no hablo" por parte de Bianchi, van más allá del concepto futbolístico, en el cual a Angelici no le falta razón. Pero si quisiera bajar el tono de la disputa, no habría reincidido en su discurso. Y en esto, un detalle mayúsculo: las veces que Bianchi se fue de Boca, fue por propia decisión, más allá de contratos; siendo muy poco afecto a recibir cuestionamientos públicos sobre su tarea.

River deambula por la cancha, se hunde en la tabla y espera la nueva conducción, con aroma a que puede incluir hasta al cuerpo técnico. Como Angelici en Boca, Passarella jugó su ficha por el DT que pedía la popular , al cual miraba de reojo, con una relación más distante a otros tiempos. Ramón Díaz, hoy, tiene que apelar al clamor de la gente para lograr el respaldo que no le dan el equipo ni sus planteos tácticos. Y al margen de la renovación del contrato, el verdadero respaldo presidencial brilla por su ausencia. ¿Dónde quedó aquel Passarella del Mundial 82, cuando con mucho amor propio se negó a cambiar en la cancha su camiseta con un rival brasileño, ejerciendo su rol de gran capitán en medio del hundimiento? Hoy contempla el derrumbe en silencio, lejos.

Lo peor para Boca y River, incluso más que sus actuales decepciones deportivas, es que si sus DT preferidos y más ganadores decidieran dar el portazo, ya no tendrán ese plan B siempre tentador y a gusto de la tribuna. Acaso por haber recurrido a él no por convicción sino por demagogia.

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