Manchas: la historia negra de los mundiales

La injusta eliminación de España y la pésima tarea de los árbitros en Corea y Japón ya forman parte de los recuerdos más tristes de esta Copa del Mundo; este certamen tiene tantos cuestionamientos como el de Inglaterra de 1966
La injusta eliminación de España y la pésima tarea de los árbitros en Corea y Japón ya forman parte de los recuerdos más tristes de esta Copa del Mundo; este certamen tiene tantos cuestionamientos como el de Inglaterra de 1966
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24 de junio de 2002  

La reiteración de fallos escandalosos hizo que esta Copa del Mundo de las sorpresas se transformara en la de las sospechas. El primer recorrido del pensamiento de un hincha de fútbol apunta al complot. Que a tal o cual equipo le dan una mano porque es local, o porque le deben un favor político. Y puede que tenga razón. Con todo lo que eso implica.

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De lo que se puede hablar con seguridad es de que nunca antes se sumaron tantos jueces mediocres, capaces de dar por buenos penales que no fueron y de anular goles válidos; de equivocarse una y otra vez hasta conseguir que los más fanáticos por el fútbol sientan ganas de dejar de verlo hastiados por tanta vergüenza junta.

Y que pierda interés un el hincha argentino, futbolero por excelencia, es casi una misión imposible. Pero, claro, este Mundial parece ser un especialista en ir contra la lógica y dar para todo.

Para encontrar un Mundial que haya generado tantas suspicacias hay que ir hasta el de Inglaterra de 1966. Hay quienes dicen que el anfitrión debía ganar sí o sí, pero lo que, seguramente, más recuerden los hinchas argentinos es la expulsión de Antonio Rattin en el partido con Inglaterra.

El verdugo argentino del 23 de julio de 1966 fue el alemán Rudolf Kreitlein, que tras un escándalo que tuvo el partido demorado varios minutos, echó al argentino que pedía un intérprete.

Pero hubo otros detalles bochornosos en la misma Copa. Sobre los partidos de los cuartos de final, Miguel Alfredo D’Elía, el enviado de La Nacion a ese certamen, comentó en los días previos que se sospechaba de un arreglo entre alemanes e ingleses, ya que el partido Inglaterra-Argentina (1-0) lo dirigió el conocido Kreitlein, mientras que un inglés, James Finney, dirigió Alemania 4 v. Uruguay 0, donde fueron expulsados dos sudamericanos: Horacio Troche y Héctor Silva, y el árbitro no cobró un grosero penal cometido por Karl-Heinz Schnellinger, que sacó una pelota de un puñetazo cuando ésta iba camino a la red.

En la primera rueda, Brasil quedó eliminado después de que los portugueses golpearon a Pelé con impunidad hasta sacarlo de la cancha lesionado. Ganó Portugal 3-1, el astro brasileño no pudo terminar y el principal candidato se quedó afuera.

Para cerrar un Mundial irregular, en la final entre los locales y Alemania, el suizo Gottfried Dienst le dio un polémico gol a Inglaterra en el suplementario. Con el encuentro 2-2, tras un remate de Geoffrey Hurst, la pelota pegó en el travesaño, picó en la línea y fue enviada al córner por Weber. El balón no entró, pero el juez lo convalidó. Inglaterra ganó 4-2 y fue campeón mundial.

Hubo varios torneos con sanciones bajo sospecha. En el primer partido argentino en los mundiales, ante Francia en 1930, el arbitraje del brasileño Almeida Rego fue criticado. Luis Monti hizo el único gol a los 36 minutos del segundo período y cinco antes del tiempo reglamentario el juez pitó el final ante las protestas de los europeos.

En el Mundial de Italia de 1934, que contó con la presión del dictador Benito Mussolini detrás del conjunto azurro, España e Italia jugaron un partido violento en los cuartos de final. El empate italiano llegó después de que Giovanni Ferrari golpeó al Divino Ricardo Zamora. Como no había alargue ni penales, al día siguiente se jugó el desempate. En un córner, Atilio Demaría empujó al arquero Nogués (reemplazó a Zamora, lesionado) y permitió que Giuseppe Meazza hiciera el gol del triunfo. Italia, más tarde, fue campeón.

Los húngaros se quejaron por un gol anulado a Ferenc Puskas en la final del 54. Alemania ganaba 3-2 y hubiera sido el empate. El árbitro fue William Ling (inglés).

Otras tantas jugadas injustas permanecen en la memoria de los hinchas, como la agresión del alemán Harald Schumacher que dejó inconsciente al francés Patrick Batistton y que el holandés Charles Corver ni siquiera castigó con amarilla en las semifinales de 1982, o la inmortalizada como la mano de Dios de Maradona, fraudulenta pese a que los argentinos la aceptamos con gracia porque nos favoreció en México 86.

Y los dos goles en off-side de Bélgica ante la Unión Soviética en los octavos de final del 86 (4-3), el penal del mexicano Edgardo Codesal para que Alemania ganara la final de 1990 ante la Argentina y la increíble trompada de Tassotti a Luis Enrique en el triunfo de Italia sobre España en los cuartos de 1994. Pero éstas ya son todas anécdotas de la historia negra de los mundiales.

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