Maradona en Gimnasia, una jugada maestra no exenta de interrogantes

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
Diego Maradona generó un boom en Gimnasia; le llegó la hora de la verdad por el debut ante Racing
Diego Maradona generó un boom en Gimnasia; le llegó la hora de la verdad por el debut ante Racing Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford
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14 de septiembre de 2019  • 23:59

Este domingo por la mañana será, futbolísticamente hablando, diferente a todos los demás. Diego Maradona vuelve a ser protagonista en la Superliga como DT de Gimnasia y el solo hecho de saber de su felicidad por estar adentro de una cancha ya es motivo suficiente como para catalogar la decisión de contratarlo como una jugada maestra.

Ningún otro ser humano en la Tierra es capaz de generar lo que Diego genera. Gimnasia, que llevaba mucho tiempo en un ambiente de deterioro y crisis, fue astuto para detectarlo. Al Lobo platense intentaron rescatarlo entrenadores de corrientes y pensamientos distintos, gente que conocía el club o caras nuevas. Nadie pudo dar con la receta justa para sacarlo del círculo vicioso en el que se metió y cuya desembocadura segura parecía el descenso. Sería temerario garantizar que la llegada de Maradona lo va a salvar del derrumbe, pero no es poca cosa despertar esperanzas en un equipo deprimido que, sin ninguna duda, entrará hoy a enfrentar a Racing con una mayúscula inyección de ánimo.

Esto es lo que ocurrirá afuera de la línea de cal. Del lado de adentro, y hasta que transcurra un tiempo prudencial, las incertidumbres seguirán tal como estaban.

Lamentablemente, fuimos enamorándonos cada vez más de los mitos que produce el fútbol a la vez que íbamos abandonando nuestra relación con el juego en sí mismo. Nos gusta creer que para lograr la mejoría en el rendimiento de un equipo existen argumentos más poderosos que las cuestiones vinculadas a la esencia del fútbol, al "saber hacer" en el campo. Lo complementario fue tomando más fuerza que lo sustancial.

Por supuesto que hay factores emocionales que inciden en un grupo de deportistas, pero tienen una importancia relativa. La llegada de Diego puede modificar la psicología, la cabeza del jugador de Gimnasia, pero para que surta un efecto duradero debe sostenerse con un buen producto, con un buen desarrollo, con fútbol.

En ese punto abundan los interrogantes. No resulta sencillo calificar la obra de Maradona como entrenador y solo los futbolistas que trabajaron bajo sus órdenes seguramente podrían hablar mejor de ella, incluso sin ligarla de manera exclusiva a los resultados.

Un director técnico necesita de un marco -jugadores, institución, clima interno- para poder demostrar sus saberes. Diego no lo ha tenido en la selección (tampoco los otros entrenadores que pasaron en los últimos años) ni en los clubes donde trabajó, en este caso porque ha manejado un personal de recursos escasos. Si los jugadores tienen muchas limitaciones es casi imposible apreciar la real dimensión de quien los entrena. Pero por otro lado, tampoco resulta del todo verosímil ligar de manera automática al gran crack con el mejor entrenador, y no lo digo por Maradona sino en general.

El futbolista de talento juega de un modo intuitivo. Sus acciones no pasan por un proceso racional, las acciones que ejecuta con la pelota le surgen naturalmente, sin saber por qué; y no siempre se puede hacer docencia y aplicar la didáctica a lo que nace de la imaginación. El talento no se explica.

Haber jugado al más alto nivel le da un indudable valor agregado al conocimiento puro que se pueda poseer acerca del juego, y hasta es posible transmitirlo con pasión. Pero el futbolista común precisa de otros estímulos añadidos de parte de su entrenador, y aun aquellos sin gran formación académica se dan cuenta muy rápido si su nuevo técnico es un arengador, es de papel o sabe realmente lo que quiere hacer. En definitiva, el futbolista se forma gracias a los momentos compartidos con sus entrenadores.

Maradona integrará en Gimnasia una de esas estructuras de las cuales no soy muy creyente. Los cuerpos técnicos en los que uno se dedica a una cosa y su acompañante (en este caso, Sebastián Méndez) a otra me parecen injertos. Ese tipo de relaciones se afianzan en una mirada en común, en una afinidad de conceptos y una unidad de ideas, no tanto a partir de una simple suma de piezas generalmente difíciles de ensamblar. ¿Qué influencia puede tener esta forma de trabajar en el juego del equipo? Imposible saberlo de antemano. En cualquier caso, y para que Gimnasia pueda lograr la meta que se propone, Diego tendrá que ser entrenador además de un gran motivador.

Hay un último aspecto del fichaje de Maradona por el Lobo que merece ser resaltado. Es el hecho de que nos obliga, felizmente, a cambiar el foco de Boca y River como únicas atracciones en el fútbol local. Nos invita a conocer otros mundos, el de los equipos que como Gimnasia tienden a pasar inadvertidos para el radar periodístico, a hablar para otro público.

Las personas como Diego, además, transforman los ecosistemas donde viven. Por eso su presencia le viene fenomenalmente bien al hasta ahora devaluado producto Superliga. Con él (y con De Rossi), nuestro campeonato se fortalece, gana en popularidad, visibilidad y prestigio. Sin olvidar que también los rivales de Gimnasia se verán más estimulados por tenerlo sentado en el banco de enfrente.

Hoy regresa Maradona al fútbol argentino. Bienvenido sea. Lo estábamos esperando.

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