Merlo no sale de la escena

Por Andrés Prestileo De nuestra Redacción
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16 de mayo de 2003  

Cuando Racing se desahogó en el Apertura 2001 no sólo modificó su historia desde lo estadístico. Ese título cambió su perfil y cerró varias de sus señales emblemáticas de las últimas décadas. Desde todo nuevo escalón se mira hacia arriba. Ahora, en otra escena turbulenta, cobra más fuerza el recuerdo de la anterior, en julio último. Ahora se recorta más crudamente la sombra que sobre toda la vida futbolística de Racing proyectó la despedida abrupta de Reinaldo Merlo.

La llegada de Osvaldo Ardiles, un cordobés reeducado en el fútbol y en la vida por dos décadas en el exterior, le puso un toque distinto al mundo de Racing y al de todo el fútbol vernáculo. Fernando Marín vio en él un DT con perfil de gerente, en un golpe de efecto arriesgado.

De entrada Ardiles dio señales de una personalidad extraña al medio. Su desapego a los formulismos para hablar en público lo encerró entre efectos opuestos: el elogio por esa transparencia, pero también la mirada entre recelosa y sorprendida de sus jugadores. De principio a fin, cortocircuitos no le faltaron.

Su oferta futbolística, tras un Apertura con muchos flancos vulnerables, dejó una brisa agradable. A Racing se lo elogió sin retaceos en un comienzo con fútbol del bueno y triunfos en el Clausura y en la Copa. Pero siempre eran casi los mismos nombres los que salían a escena, y el desgaste empezó a oxidar las columnas; este punto originó discusiones en el interior del cuerpo técnico, aunque el DT tampoco tenía tanto material para ejecutar la tan mentada rotación.

Apostó fuerte y se quedó sin nada. Vislumbró el rechazo mayoritario de un público que ni en el momento más dulce terminó de aceptarlo. Esa certeza y la determinación de ser coherente con su discurso, en el que ató su suerte a los resultados, precipitaron su decisión.

La bandera de Mostaza, siempre a mano en la tribuna, vuelve a agitarse en los deseos de los hinchas, primero; en las especulaciones, después. Marín oficializó su opción por Emilio Commisso, pero la gestión del colaborador de Ardiles nace con las señales de lo provisional. Hay que mirar más allá. ¿Habrá lugar para Merlo en ese escenario? Seguro que a Mostaza le gustaría una revancha.

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