Messi-Barcelona. De aquellas palabras de Pep Guardiola a este presente que muestra un vínculo sin final feliz

Lio Messi y su presente en el Barcelona.
Lio Messi y su presente en el Barcelona. Fuente: AP - Crédito: Joan Monfort
Ezequiel Fernández Moores
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9 de diciembre de 2020  • 00:40

"De seguir, nos podríamos hacer daño". Pep Guardiola lo dijo en catalán. "Prendrem mal". Fue en 2012, cuando anunció su partida de Barcelona tras ganar catorce títulos en cuatro años, el ciclo debutante más exitoso que un DT haya tenido en la historia del fútbol. Leo Messi pensó acaso lo mismo en agosto pasado. Su ciclo es de quince años. Y los títulos 34. ¿Para qué seguir?, planteó Leo (¿si a partir de ahora, diría Pep, podríamos hacernos daño?). Barcelona no lo dejó partir y Messi evitó el juicio. Todo lo que vemos ahora son los daños. Leo no está definiendo partidos como antes (difícil hacerlo en este Barcelona). Y le devuelven piedras. Un diario dice que Barcelona se "divierte" cuando Messi no juega. Y en cambio se "inmola" si él está. Cataluña Radio es aún más audaz. "Messi: ¿problema o solución?". Ayer, en la derrota 3-0 contra Juventus, quedó claro que Messi jamás podría ser el problema. Este Barcelona sí.

Oportunista, el presidente interino Carles Tusquets dijo la semana pasada que "económicamente hablando" habría "sido deseable" vender a Messi en agosto. Barcelona, que no podrá pagar sueldos de enero y ve caer mampostería del Camp Nou, habría obtenido algún dinero del pase y se habría ahorrado de seguir pagándole a Leo un salario récord cercano a los 100 millones de euros anuales. No importa. Tusquets, a quien fiscales suizos lo implicaron semanas atrás en un escándalo de corrupción del viejo líder catalanista Jordi Pujol, debió hacer más aclaraciones que nunca. Hijo de la alta burguesía catalana, empresario y economista de renombre, Tusquets hasta se declaró dispuesto a explicarle sus dichos a la familia Messi. Leo, símbolo y patrimonio de Barcelona, es el debate central de los nueve candidatos que competirán el 24 de enero por la presidencia de un club que parece en acefalía virtual, dentro y fuera de la cancha.

El Barsa que hace diez años exactos hegemonizaba el podio del Balón de Oro (Messi-Iniesta-Xavi) y ofrecía el modelo formativo de La Masía es hoy una máquina de hacerse goles en contra. De sus dirigentes y de sus jugadores. Las cuatro derrotas en diez fechas (peor inicio de Liga en más de tres décadas, a sólo tres puntos de la zona descenso) llegaron tras horrores defensivos de jugadores superexperimentados. Volvió a suceder el sábado en la caída contra el ascendido Cádiz. Messi, si bien bajó al final y le contaron 29 pérdidas, fue igualmente el mejor ese día. Pero el DT Ronald Koeman superpuso jugadores por el medio. Y el danés Martin Braithwaite, claro, no es Luis Suárez. Leo volvió a ser el mejor ayer contra Juventus. El solo lanzó más disparos que toda la Juventus (siete fueron al arco). Fue el que más pasó la pelota, 90 por ciento de precisión en 125 toques, 77 más que Cristiano Ronaldo, sólo presente a través de dos penales. "Tiene la chispa tan definida que no la perderá", asegura Gabriel Milito en "Messi, el genio incompleto", buen libro flamante de Ariel Senosiaín. En este Barcelona hasta esa chispa puede apagarse.

Messi, en tiempos de insólitos debates en Barcelona respecto de su continuidad
Messi, en tiempos de insólitos debates en Barcelona respecto de su continuidad Fuente: AP - Crédito: Bernat Armangue

El debate "Messi problema o solución" había crecido en las últimas semanas porque Barcelona, sin Messi, venía de ganar partidos más fáciles de Champions, supuestamente más relajado en la cancha (sin la obligación de mirar siempre a Leo) y también en el vestuario (donde cuentan que sonó "la música favorita de Antoine Griezmann"). "El nuevo discurso -me dicen desde Barcelona- sería que Leo condiciona el funcionamiento porque, supuestamente, el equipo sigue jugando para él, pero él ya no gana los partidos".

En rigor, Messi era la gema de un gran equipo que dejó de serlo desde hace tiempo, tanto que, después de haberle dado todo, Leo sintió que ya era hora de irse. El Manchester City de Pep Guardiola podría ofrecerle otra estructura colectiva, algo más que PSG, que, según dicen, sólo podría ficharlo si Kylian Mbappé se va a Real Madrid. En el actual Barcelona terminará pareciéndose a la estrella en decadencia de "El crepúsculo de los dioses", una vieja película de Billy Wilder. "Usted era grande", le dicen a Norma Desmond. "Soy grande", replica la diva. "Son las películas las que se han hecho pequeñas".

A Messi, familiarmente muy establecido desde hace años, no le será fácil dejar Barcelona. La ciudad vive de un turismo hoy en crisis por el Covid-19. Sin los millones de turistas habituales en la Sagrada Familia, el circuito Gaudí, la Rambla ni el Barrio Gótico. El viernes pasado reabrió sus puertas el Museo de Cera. Incorporó 120 nuevas figuras, desde Serena Williams y Pau Gasol a Barack Obama y Angela Merkel. Están los Beatles reunidos y la banda de "La casa de papel" al ritmo de "Bella Ciao", además de Cervantes con Don Quijote y Sancho Panza, Nelson Mandela y Adolf Hitler, Leo Di Caprio, Brad Pitt, Pau Casals, Salvador Dalí y Pablo Picasso pintando el "Guernika". Y allí está también ahora Messi. Con su típico gesto mirando al cielo tras un gol. "Parece el papá de Messi", apuntó alguien en las redes. Otros dijeron que parecía Sergi Roberto, Gerard Piqué o hasta el "Messi iraní". Como sea, no salió el Leo Messi más fiel. "Al pobre chaval -concluyó otro forista- ya no sabéis qué hacerle para echarlo".

Las sonrisas no abundan en Barcelona
Las sonrisas no abundan en Barcelona Fuente: AP - Crédito: Alvaro Rivero

N. de R: Sports Illustrated, una de las revistas deportivas más importantes de siempre, entregó su tradicional premio anual al "Atleta activista". Un reconocimiento a los deportistas de Estados Unidos que impulsaron este año protestas históricas para frenar la brutalidad policial contra la población negra. En 2020, el deporte abandonó definitivamente su rol de mero entretenedor de las masas. Lo vimos ayer en la Champions. Somos ciudadanos, diría el gran Alejandro Sabella. O deportistas. No "negros".

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