Messi: indomable

El crack tiene el universo a sus pies y la gloria acumulada con apenas 22 años: apareció como una ráfaga y definió, de pecho, el título de Barcelona, en el triunfo por 2 a 1 ante Estudiantes; "tiene el gen de la victoria", dice Guardiola
Francisco Schiavo
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20 de diciembre de 2009  

ABU DHABI.- ¿Qué se sentirá tener el mundo a sus pies y la gloria acumulada con apenas 22 años? Lionel Messi aparece como una ráfaga y? ¡zas! Con un simple movimiento desata el nudo marinero que Estudiantes le había puesto a las pretensiones del impetuoso Barcelona en el Mundial de Clubes. ¿Qué bendición habrá recibido para estar siempre en el momento indicado y en el tiempo justo? Otra vez empujó la pelota decisiva, como aquellos basquetbolisas a los que se les encarga el tiro del final desde el peor ángulo. Fue con el pecho, bien cerca del corazón, en el alargue, cuando el tiempo se les escurría a los catalanes y todo conducía a la definición por penales. Pero no? justo un argentino acalló el bullicio de un equipo argentino aquí, en los Emiratos Arabes, y en la lejana La Plata. Un argentino que le dio el título que le faltaba a Barcelona, el sexto en el año. Impresionante desde cada costado. Y la historia apenas está escribiéndose?

Un gol, un grito, un significado, una estrella, los mismos laureles dorados. Eso valió la eléctrica definición de Messi frente a la fatiga de la defensa de Estudiantes y el estéril esfuerzo del arquero Albil. Barcelona, con su pequeño gigante, cerró un 2009 ideal. Ya lo había dicho el entrenador Pep Guardiola: "Todo lo que vendrá de acá en más será peor. No puede haber otra temporada como ésta". Y vaya si tuvo razón el mismo DT que definió con contundencia al N° 10, después de la victoria con Atlante por 3-1, en el que entró y marcó el 2-1 en la primera pelota que tocó. Vale recordar que en el debut fue suplente porque se recuperaba de un esguince en el tobillo derecho. ¡Menos mal! "Messi tiene el gen de la victoria". Nada más contundente. Nada más acertado. Nada más?

Es paradójico, pero el rosarino había tenido un partido regular, sin jugadas fulgurantes, más allá de algún embate con su sello: gambeta y velocidad. No se entendió tan bien con Ibrahimovic ni generó tantos espacios. Es más, pareció fastidioso en cada jugada, a veces un tanto desganado, y hasta fue amonestado en el primer tiempo por haber simulado una infracción de Verón. Dio la impresión de que no se sintió cómodo con la pegajosa marca de Juan Manuel Díaz. Tampoco con la de Cellay cuando cambió de costado. Todo eso pasó como un temporal de verano: a los pocos momentos el sol ya curtía otra vez la piel.

En un minuto cambió la historia, como retribuyéndole tanta devoción a la gente. Esas personas que lo vivaron cuando apareció su imagen en la pantalla gigante del estadio Zayed Sports City. Esos hinchas capaces de dedicarle una bandera de puño y letra: "Messi, Siria te ama". Esos chicos que por las calles de esta ciudad usaron su camiseta todo el día y, seguramente, dormirán con ella, tratando de ser Messi aunque sea hasta el despertar. Su cara resalta en varias gigantografías. Aquí aterrizó como el mejor jugador del planeta, tras el premio del Balón de Oro de la revista France Football , y le hizo honor a la distinción.

Siempre con una medalla en su pecho. Aunque esta vez hubo emoción, dramatismo y momentos de zozobra. No fue una vuelta olímpica tan cristalina como aquella que dio en la Liga de Campeones, en el duelo con Manchester United y con el portugués Cristiano Ronaldo, con una victoria por 2-0 y con un gol, el último, de cabeza, a fines de mayo, en el título que trajo a Barcelona por estas tierras. Cada gesta tuvo su núcleo. Fueron tantas que casi cuesta enumerarlas. Messi ganó todo lo que jugó. Y a los citados trofeos hay que agregarle la Copa del Rey, la Liga y la Supercopa (en España) y la Supercopa europea.

En el calendario también quedarán marcados hechos puntales. El 1° de febrero hizo el gol número 5000 en la Liga para Barcelona, frente a Racing de Santander, en la victoria por 2-1, con ambos tantos del rosarino. Otro: el 3 de mayo gritó dos veces en la histórica goleada ante Real Madrid por 6-2.

Anunció que sería un partido especial y lo fue. Porque enfrente estuvo Estudiantes, un guerrero llegado de su tierra de origen. Porque del otro lado estuvo Juan Sebastián Verón, algo así como un padrino y consejero en el seleccionado argentino, con el que se conoció en aquella Copa América de 2007, en Venezuela. Porque se llevó el premio al mejor jugador del partido, incluido la llave de un auto Toyota, sponsor del certamen, y también del torneo. Porque hizo lo que tenía que hacer: un gol, el del delirio, el del estallido, el de la vuelta olímpica. Se saludó con Blatter, con Grondona, con Platini; abrazó la Copa y no quiso soltarla. Se sentó al lado de ella, delante de un cartel que decía "campeones". No cabía otra leyenda.

Leo sigue superando desafíos. Uno tras otro como en una carrera sin demasiados obstáculos. Un año ideal queda atrás. Un año que nunca se borrará de su memoria. Se viene un Mundial y el renovado desafío con el seleccionado argentino.

Mientras tanto disfruta. Sólo disfruta. Tiene a la gente en un puño y la gloria en otro. Aún parece escucharse el griterío. "Messi... Messi...".

13 títulos tiene la Pulga. Suma once con Barcelona y dos con la Argentina: los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y el Mundial Sub 20 de 2005.

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  • Dixit

    "Hoy por hoy, todavía no nos damos cuenta de lo que hemos conseguido, aunque a medida que pase el tiempo será difícil que otro equipo pueda repetirlo."

    "Costó mucho, jugamos contra un gran rival. Estudiantes es un equipo armado, que siempre supo lo que quería y nos complicó en muchos momentos."

    "Es muy lindo marcar un gol en la final, pero más lindo es que pudimos conseguir la victoria y lograr una copa que el club no tenía."

    "Estamos muy contentos porque conseguimos el objetivo. ¿Si somos los mejores de la historia? Eso lo dicen los títulos y nadie ganó lo que ganamos nosotros."

    "La felicidad que tenemos yo y mis compañeros por lo que se consiguió es algo que no se explica. Teníamos ganas y no renunciamos a nuestro juego pese a ir perdiendo."

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