Messi, la luz y el calor en un escenario helado

La Argentina se prepara para el amistoso de mañana con Suecia, en Estocolmo, donde el sol se esconde a las 16; como siempre, la Pulga es la gran atracción
Alberto Cantore
(0)
5 de febrero de 2013  

ESTOCOLMO.– Un día atípico, con sorpresas, asombro y también confirmaciones desanduvo la selección. No resultó una jornada común para la delegación, tampoco para el puñado de curiosos y fanáticos que desafiaron el clima y se acercaron al búnker argentino en la gran ciudad de Escandinavia. Aquí, donde se produjeron éxitos masivos como ABBA y Roxette, donde la fama de la belleza de las chicas en verdad causa estragos, donde las historias de vida, las ideas y el legado de Marie Curie, la Madre Teresa, Martin Luther King y Gabriel García Márquez, por citar a algunos, se encuentran reunidos en el Museo Nobel, el máximo exponente del planeta fútbol, Lionel Messi, no lanzó destellos entre tanta oscuridad, no marcó trazos con su habilidad y técnica, no deslumbró con una pelota en los pies. Es más, en las horas en que estuvo en la ciudad, Leo estuvo ausente, como preparándose para ofrecer un repertorio distinguido, como acostumbra cada vez con mayor asiduidad.

A un día frío pero soleado le siguió otro helado y oscuro, como el de ayer. La temperatura nunca trepó más allá de los dos grados bajo cero, y la lluvia molesta, el viento lacerante y la nieve que tapiza de blanco en segundos las calles transformaron a una ciudad donde lo antiguo y lo moderno conviven con fina armonía. La arquitectura imponente y perdurable de la ojiva gótica en palacios y catedrales que recuerda el esplendor bajo el mandato del rey guerrero Gustavo Adolfo y el impecable modelo de urbanismo que es la ciudad joven, dinámica y vital, con ventanas que recorren las casas desde el piso hasta el techo para aprovechar las escasas horas de luz, le dan sentido a la historia y también al futuro a un lugar donde casi 2.000.000 de habitantes, que se reparten entre las 14 islas, y que conforman Estocolmo, se sienten orgullosas.

Justo enfrente de donde empieza el Gamla Stan, con sus intrincadas callejuelas de piedra y sus casas de color ocre, que mantiene intacto el espíritu más primitivo de la ciudad, a las 15.52 –cuatro horas más temprano en la Argentina–, Messi se dejó ver por primera y única vez en el día. Fueron apenas unos segundos, los que duró la caminata desde la van que lo trajo, junto con Javier Mascherano, desde el aeropuerto internacional de Arlanda hasta el hotel Sheraton. Fue el único instante donde los 60 fanáticos –a diferencia de lo que suele ocurrir en otras ciudades, no había presencia de hinchas argentinos ni camisetas albicelestes– lo ovacionaron e intentaron darle una calurosa bienvenida, al mismo momento en que la bajísima temperatura se hacía sentir con fiereza. No hubo más Messi para nadie: ni para los que montaron guardia, cámara y celulares en mano para retratarlo ni tampoco para la prensa, que en el imponente estadio Friends Arena, de Solna, fue anoticiada de su ausencia de la práctica. Las alarmas no llegaron a encenderse, no había sentido ni señales para hacerlo. El cuatro veces galardonado por la FIFA como el mejor futbolista del mundo se salteó el entrenamiento, aunque se sometió a trabajos regenerativos, al igual que su compinche dentro y fuera de la cancha Sergio Agüero y el defensor Pablo Zabaleta. ¿Las razones? Jugaron anteayer 90 minutos desgastantes en Barcelona y Manchester City, respectivamente. Tampoco fueron los únicos en dar el faltazo, aunque Leo fue, sin dudas, el más representativo. Ezequiel Garay, Nicolás Gaitán y Fabián Rinaudo, que viajaron desde Portugal y arribaron ayer, y Ever Banega y Walter Montillo, el último en sumarse al grupo –Enzo Pérez fue desafectado por una lesión en la rodilla derecha en el partido que jugó con Benfica ante Vitoria Setubal, donde anotó un gol–, recibieron el mismo trato diferenciado.

Así las cosas, recién hoy Messi reconocerá un estadio nuevo y llamativo, con capacidad para 50.000 espectadores sentados, bajo techo, calefaccionado y que tiene múltiples usos. Aquí, el césped, que es importado desde Francia u Holanda, recién fue sembrado hace cinco días. El costo de tapizar la cancha de verde, según la época del año, oscila entre los 2 o 3 millones de coronas suecas –el equivalente a 333.000 o 500.000 dólares–; las razones de la variación radican en que durante el invierno debe ser transportado en camiones calefaccionados. Aquí, mañana habrá un partido internacional, aunque en una semana puede levantarse el pasto y armarse una pista de hielo para un espectáculo artístico o una competencia deportiva; también puede desarrollarse un multitudinario recital. Desde la organización aseguran que Suecia y la Argentina agotarán las entradas, cuyos valores van desde las 180 coronas –sólo para los jóvenes; en este caso se considera la edad límite los 27 años– a las 950 coronas la más cara, sólo para bolsillos adinerados.

En el Friends Arena, que será escenario de un encuentro de jerarquía mundial por segunda vez en su historia, Zlatan Ibrahimovic, el gigante sueco, anotó cuatro goles el día de la inauguración, cuando su selección vapuleó 4-2 a Inglaterra; esa jornada, el 14 de noviembre del año pasado, en su notable repertorio agregó un espectacular tanto de chilena, desde fuera del área.

Los suecos describen a Estocolmo como una de las ciudades más fascinantes, míticas y cosmopolitas de Europa, de una modernidad rutilante y una creatividad insospechada, un paraíso de hospitalidad y calidad de vida. Aquí, donde todo parece ser stor –grande, en sueco–, la Argentina, con Messi como estandarte del fútbol globalizado, intentará opacar y empequeñecer la infinidad de virtudes, provocar una burbuja que irradie luz y calor a un sitio frío y en el que el sol se esconde cuando las agujas del reloj superan las 16.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.