Nada nuevo bajo el sol

No hubo innovaciones tácticas en esta Copa en la que predominaron los planteos defensivos antes que los ofensivos. Los finalistas utilizan esquemas con carrileros
Claudio Mauri
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28 de junio de 2002  

YOKOHAMA, Japón.- La táctica desprovista de buenos jugadores para llevarla a la práctica tiene el mismo valor que el peine para un calvo. Sin intérpretes capaces y convencidos de un esquema, la táctica es un esqueleto inanimado. El fútbol empieza a explicarse por la calidad y la condición de los jugadores, y adquiere un sentido colectivo por medio de los sistemas.

Cada Mundial siempre es una oportunidad para determinar si hay renovaciones en los dibujos, si surge algún planteo nuevo o cuál es la tendencia predominante.

Se viene de un Mundial en el que Francia lo obtuvo con un sólido y fornido bloque defensivo, con una línea de cuatro, un rombo en el medio, un media-punta y un único delantero. El último campeón tenía jugadores de gran poder atlético y agresivos en el manejo de la pelota (Thuram, Lizarazu, Deschamps, Henry y Petit), más la conducción de Zidane, que fue creciendo en su liderazgo.

Los últimos modelos que rompieron las reglas fueron Holanda en 1974 y la Argentina en 1986. Claro que si el fútbol-total de la Naranja Mecánica , con una rotación y movilidad asombrosas, resultó un prodigio fue en buena medida porque contaba con Johan Cruyff, que está entre los cuatro mejores jugadores de la historia. Algo similar ocurrió con el seleccionado de Bilardo, que sorprendió con un medio campo muy dinámico para el ida y vuelta (Enrique, Giusti, Olarticoechea, Burruchaga), pero que seguramente hubiera sido insuficiente sin el genio de Diego Maradona en su cenit.

El certamen de Corea y Japón está dejando sensaciones que van más allá de la táctica. Como idea predominante, los conjuntos ponen más empeño en protegerse que en tomar riesgos en el ataque. El resultadismo marca los movimientos de cada equipo. Están los que llegan al gol por la búsqueda ofensiva, pero automáticamente pasan a defender la ventaja y se invierten los papeles con su rival, obligado a salir de su trinchera.

Por lo general, en este Mundial los equipos atacan más por necesidad que por vocación. Uno de los pocos que vino con una propuesta abierta fue la Argentina, con resultados decepcionantes por su impotencia y la férrea defensa de Inglaterra y Suecia.

El conjunto más innovador en lo táctico en este Mundial es el que habitualmente menos experimenta en ese sentido: Brasil, que abandonó, la tradicional línea de cuatro y plantó a tres zagueros centrales físicamente poderosos. Ellos son Lucio, Edmilson y Roque Junior. La utilización de una defensa de tres hombres le valió varias críticas en su país al director técnico Luiz Felipe Scolari, porque lo comparan con el denostado Sebastiao Lazaroni, que usó ese método en Italia ´90.

Igual, el planteo de Brasil es bastante flexible, con Cafú y Roberto Carlos como carrileros; muchas veces, Edmilson sale a respaldar en el medio a Gilberto Silva y Cafú y Roberto Carlos retroceden para armar una línea de cuatro. De lo que no quedan dudas es que Brasil no jugará su tercera semifinal consecutiva por los beneficios de su dibujo, sino porque adelante sigue contando con individualidades que hacen la diferencia, como Rivaldo, Ronaldo y Ronaldinho.

En cuanto a los otros tres semifinalistas, Turquía emplea un 4-3-2-1, con mucho despliegue y buena circulación del balón gracias a dos media-puntas muy criteriosas y activas: Hasan Sas y Basturk. Alemania es fiel a su tradición con un medio campo de lucha, con carrileros que abren la cancha y una lluvia de centros para que sus tanques se impongan en el juego aéreo.

Guus Hiddink hizo una pequeña revolución en Corea del Sur, a la que dotó de un esquema similar al de Bielsa: tres zagueros, cuatro volantes dispuestos en forma de rombo y tres delanteros, con dos extremos para avanzar por los costados.

De los que ya se fueron, Inglaterra dejó en el recuerdo un 4-4-2 muy amarrete; Senegal le sacó el jugó al tridente Camara, Fadiga y Diouf; España cambió mucho la formación en el medio y en el ataque, sin encontrar una identidad definida para una alineación que tuvo en Raúl, Valerón y Joaquín a sus hombres de más clase, y los Estados Unidos, más allá del sistema, fue una brisa refrescante con el atrevimiento de Donovan y Mc Bride y el fútbol claro y sencillo de Reyna.

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