Necesita un cambio de actitud

Por Leonardo Insúa
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28 de enero de 2002  

MAR DEL PLATA.- Ya causa estupor la supremacía que ejerce Boca sobre River. Parece ser un gualicho que los de Núñez no logran exorcizar. Lo cierto es que el hobbye xeneize de vencer y, a veces, degradar al equipo millonario ya lleva una década y no hay indicios de que esa racha llamada desde hace largo tiempo paternidad tenga un punto final.

El estigma Boca se ha convertido en una pesadilla para River. ¿Causará tanto terror esa camiseta azul y oro? Porque resulta incomprensible cómo el talento de excelentes jugadores se nubla de repente ante esos colores. En un santiamén River se transforma en un equipo dubitativo, temeroso, dilapidado por los nervios, carente de una actitud avasallante para sobrellevar situaciones adversas. Eso no ocurre con los otros clubes. Sólo con Boca. Ni siquiera el triunfo por penales en la Copa Desafío -partido en el que tampoco fue superior a los xeneizes e igualó de milagro en la agonía del match- sirvió para cambiar. El DT habló de más, prometió que iba a ganar los tres amistosos estivales... Todas palabras y ningún hecho.

Por más que cambien los nombres, jueguen titulares, suplentes o juveniles, la identidad del ganador de los superclásicos no se altera. Boca, ante River, sigue manteniendo una lucidez admirable. Y los hombres de Ramón Díaz se quedan tiesos, sin apelar un poco, sólo un poco, nada más, a su amor propio.

La paliza futbolística pudo haber sido todavía peor. Los bochornosos incidentes desencadenados en las tribunas salvaron a River de una goleada histórica. Es que Boca cambia los nombres, pero su idea de equipo solidario y con despliegue no se modifica. Futbolísticamente, Ramón no sabe si jugar con un 4-3-1-2 o 3-4-1-2. No les encuentra solución a los problemas defensivos. Encima, los ánimos y el temple de los cracks son distintos. Mientras Riquelme juega cada vez mejor -lo mismo podría decirse de Omar Pérez y Walter Gaitán-, Ariel Ortega y Andrés D´Alessandro no muestran ni el 10% de sus dotes.

Hoy, el plantel de River sigue navegando en la incertidumbre. Tal vez el primer paso por hacer sería reconocer errores. Esa es la llave para buscar soluciones. Porque con un simple cambio de actitud, los premios, tanto deportivos como económicos, vienen solos.

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