Neymar se entregó al carnaval del Maracaná

El festejo del ídolo con el público en el Maracaná
El festejo del ídolo con el público en el Maracaná Fuente: Reuters
Se abrazó con los hinchas en las plateas. Fue su desahogo luego de duras críticas. Anunció que ya no será capitán del seleccionado brasileño
Marcelo Gantman
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20 de agosto de 2016  • 23:47

RIO DE JANEIRO.- Neymar saltó del podio con la medalla olímpica colgada de su cuello y empezó su andar solista. Ya bastante había hecho con el equipo durante los 90 minutos reglamentarios, los treinta del alargue y los penales. Era su momento para brillar en soledad, con todos sus recursos, que empiezan por su sonrisa que cautivan por igual a las “meninas“ y a las marcas. Neymar se entregó al delirio popular en el Maracaná dando una vuelta olímpica por que tuvo infinidad de detenciones. Final para tantos días de silencio y escapatoria de los medios. Neymar emergió como una deidad luego de convertir el penal definitorio para que Brasil le ganara a Alemania.

Con la camiseta número diez en su espalda, Neymar puso la historia del fútbol brasileño en su lugar y lo hizo en su casa. No había escapatoria. Brasil jamás había podido ganar una medalla dorada en fútbol en los Juegos. Tenía que ser esta vez. Es fútbol olímpico, hermano muy menor del otro fútbol, el que cuenta los Mundiales y no los podios, pero las 90 mil personas que llenaron el estadio no estaban para este tipo de sutilezas. Los “torcedores“ tenían ilusión y medio en dosis similares. Neymar les devolvió el sentido de la vida olímpica.

La apuesta fue positiva. Brasil no podía privarse de Neymar en los Juegos Olímpicos de Río. Para Barcelona era la Copa América del Centenario o Río 2016. La CBF eligió lo segundo. Era una movida estratégica. Uno de los nombre más resonantes del fútbol mundial, uno de las celebridades más encantadoras, recibía en su casa a otros colosos como Michael Phelps y Usain Bolt .

Pero la marcha de los Juegos no puso a Neymar en ese nivel. No por logros, sino por atracción mediática. El comienzo de Brasil en el fútbol fue con dos empates en cero con Sudáfrica e Irak. El público y los medios brasileños explotaron contra el equipo y contra Neymar. Lo querían cambiar por Marta, la querida estrella del fútbol femenino. “Ney“ eligió el recurso del silencio y el ocultamiento. Decenas de fanáticas se colgaron de las vallas en las puertas del Hotel Ramada, en Recreo, cuando el equipo llegó a Río. Neymar dejó de saludar desde las ventanas del bus como suele hacer. Distancia y silencio. Para alguien de su personalidad, poca cosa.

Neymar celebró con Brasil la primera medalla dorada de su historia. Pero dejó un mensaje algo ácido en el cierre. “Somos campeones, nunca lo habíamos sido y nos costó mucho. Estoy muy feliz, pero tomé la decisión de dejar de ser el capitán del equipo. Dejaré la banda a otro. Es una decisión que tomé luego de la final“. Siguieron más selfies, poses desinhibidas para los fotógrafos y besos y sonrisas con desconocidos de las plateas. Y para el final declaraciones explosivas a O Globo: "Qué le vamos a hacer. Ahora me van a tener que tragar". Neymar ya es imprescindible en la historia del fútbol brasileño.

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