No se escapó

Boca mereció el triunfo, pero empató 2 a 2 con Estudiantes, en La Plata, tras siete victorias seguidas; igualmente, los xeneizes conservan los cuatro puntos de ventaja
Cristian Grosso
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26 de abril de 2004  

LA PLATA.- Inmune al desaliento que podrían provocarle las carcelarias previsiones defensivas que suelen dedicarle los rivales, la taladrante insistencia de Boca ya se había encargado de encadenar siete victorias consecutivas en el Clausura. Subidos a ese estilo que casi nunca asombra, pero que habitualmente conmueve por su solidaria dinámica colectiva, ayer los dirigidos por Carlos Bianchi remontaron dos veces un marcador que, de tan caprichoso, distinguió con exagerada recompensa al oportunismo de Estudiantes, en definitiva, el único atributo rescatable de los locales. Es que la rica inversión en generosidad de los xeneizes no encontró el sabroso y merecido premio de un triunfo que les hubiese permitido fugarse en la punta del campeonato.

La contundente eficacia de los platenses obligó a Boca a correr detrás de un tanteador adverso durante la primera etapa. Sólo tres situaciones de peligro se atrevió a construir ese replegado Estudiantes, pero dos finalizaron en el fondo del arco de Abbondanzieri. La primera oportunidad la tuvo Juan Krupoviesa y su remate se estrelló contra un poste. La segunda apareció tras un desborde de Marcelo Carrusca -desequilibrante en su sorprendente posición por la derecha- que Pablo Lugüercio cambió por gol al anticiparse al cierre de Schiavi. Pero fiel a una escuela donde la paciencia y el respeto por el destino del balón empujan a Boca hacia adelante ya por inercia, el conjunto de Bianchi comenzó a acorralar y aprisionar a Estudiantes. Entonces, una buena maniobra del conjunto posibilitó la definición de Vargas, el flojo rebote de Juan Carlos Docabo y el toque de Cangele para corregir la dirección hacia la valla platense.

Conservador hasta el aburrimiento, Estudiantes confió que la suerte bendijera a sus dos únicos audaces: Carrusca y Lugüercio. Una acertada maniobra de contraataque, bien conducida por el volante desde la franja central del terreno, habilitó al delantero que con un disparo fuerte y rasante quebró al Pato Abbondanzieri por su primer palo. El desgaste y la actitud protagónica que sólo asumía Boca, otra vez quedaban relegados por el eficaz Estudiantes. Aun así, los visitantes no confundieron su identidad ni se dejaron tentar por la desesperación. Siempre con Fabián Vargas prolijo y Tevez desequilibrante. Por eso una incursión ofensiva de Diego Crosa que pifió la definición y un remate de Alfredo Cascini que pegó en el travesaño se transformaron en dos serias advertencias.

Hasta que irrumpió Carlos Tevez en su dimensión más fascinante. Cuando se recostó sobre la izquierda y, desafiando las leyes de la mecánica, hizo un alarde de frenos y aceleraciones para desacomodar a Carrusca, Angeleri y Castagno Suárez antes de encarar en diagonal hacia el arco y sacar una comba con tanta rosca que hizo estéril el vuelo de Docabo. Una genialidad, un golazo magistral que igualó un partido que pareció ingresar en un tobogán que favorecería a la búsqueda de Boca. Una presunción que se acentuó en la segunda etapa, cuando, con miedo a atacar, directamente Estudiantes jugó a sobrevivir. Entonces, con un sensible recorte en sus energías, el equipo de Carlos Bilardo mutiló el sentido de la aventura y se olvidó del orgullo de pelear un partido en el campo ajeno. Debilitado por varias ausencias, se cubrió de mañas y se dedicó a perder el tiempo.

Boca perseveró. Y aun sin la lucidez aconsejable, Crosa, Calvo y Cangele protagonizaron claras ocasiones como para justificar una victoria. El empate interceptó el escape al título, pero de todos modos los xeneizes imponen la ley de la tabla de posiciones y desde ahí mantienen el mando con cuatro puntos de ventaja. Espían de reojo y no los incomoda la persecución.

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