Oscuro debut: Ramón volvió al frente de un River apagado y frágil

Gremio fue superior y le ganó por 4 a 2 a un rival con poco fútbol e impreciso
Claudio Mauri
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23 de julio de 2001  

Por eso de la vuelta de Ramón Díaz, del debut de una individualidad carismática como Cambiasso y porque se está ante el comienzo de una nueva temporada, por River se respiraba un clima renovador, aunque la mayoría de los nombres todavía remite al pasado reciente. Como todo alumbramiento, el aprendizaje se hace inevitable. Y ayer River recibió una lección futbolística de un Gremio mucho más avanzado en materias como funcionamiento, control del juego, capacidad para anular al adversario y movimientos asociados en ataque.

Los brasileños resultaron demasiado para un River que sigue siendo una incógnita tan grande como antes del partido. Con la diferencia de que antes de los 90 minutos había más espacio para las esperanzas que para las dudas que quedaron como impresión final.

Está claro que sólo se trata del arranque de un ciclo y como tal es imprudente extraer conclusiones definitivas. También es cierto que existen atenuantes: era el primer partido oficial tras el receso y una pretemporada que en lo inmediato ayuda más en lo físico que en lo futbolístico. Gremio también venía de un intervalo de tres semanas, pero le costó mucho menos recordar los fundamentos que lo llevaron a ser uno de los mejores conjuntos de su país en el primer semestre, al ser campeón estadual y de la Copa Brasil. Y si a River le faltaron Coudet y Yepes, los gaúchos no tuvieron a cinco titulares debido a lesiones, la Copa América y alguna venta.

A River se le fue el partido sin encontrar un circuito de juego. Le costó una enormidad dar más de dos pases seguidos o entregar respuestas individuales para perforar el compacto muro que Gremio armó en su campo. Y además dio facilidades defensivas, con notorios desacoples entre la zaga central y los volantes, además de la inferioridad numérica en la que quedaba Franco para defender un sector (el izquierdo) que no es favorable a su perfil.

Gremio fue bastante completo: duro para defender, con un planteo corto entre sus líneas para achicar espacios en la zona central, y variado en el ataque, a través de la sucesión de toques, el apoyo continuo para el portador de la pelota y la aptitud para utilizar las bandas y saber cambiar de frente. A los 8 minutos ya estaba en ventaja, con un tiro libre de Anderson Lima.

Ortega arrancaba desde atrás y los encuentros con D´Alessandro y Cambiasso eran esporádicos; Cardetti vivía en soledad y rodeado de marcadores. Pese a las dificultades para desnivelar, Cambiasso consiguió el empate al tomar un cabezazo de Sarabia.

El segundo tiempo acentuó las virtudes de Gremio a medida que River caía en errores -la salida de Costanzo en el tanto de Tinga- y cierta desesperación. A la igualdad de Ortega le siguió enseguida un handicap que la quebradiza estructura de River no estaba en condiciones de compensar: jugar con uno menos por la expulsión Franco, que derribó desde atrás a la figura, Fabio Baiano, a quien dio placer verlo despejar caminos ofensivos por su calidad y panorama.

Un bombazo del líbero Anderson Polga y el golazo de Zinho, construido con más de una decena de toques y dos cambios de frente, sellaron la previsible derrota de River, que para empezar a ser un equipo en serio necesita un ensamble y definir un estilo que van más allá de los ruegos de Ramón por los refuerzos.

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