Otra crónica del caos en el barrio de Núñez: la fiesta que pudo haber sido y no fue

Un hincha y la policía: una fiesta de fútbol desvirtuada
Un hincha y la policía: una fiesta de fútbol desvirtuada Fuente: Reuters
Leonardo Ferri
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24 de noviembre de 2018  • 23:02

Esta iba a ser una nota sobre otra cosa. Pero los cambios de planes se fueron concretando con el correr de los minutos y con el ir y venir de los rumores, dado que la información oficial era escasa y poco confiable. Pero sepa el lector que está leyendo un plan y no la final de la Copa Libertadores .

Mientras las crónicas en tiempo real hablaban de una zona liberada en las inmediaciones de River y daban por ciertos los piedrazos que ocasionaron las lesiones en los jugadores de Boca, las avenidas Lugones y Cantilo eran cruzadas por decenas de personas -la mayoría de ellas con camisetas de River, claro- que obligaban a los autos que circulaban a 100 kilómetros por hora a frenar o esquivar gente para no pasarla por encima. Si esa era la situación a doscientos metros del estadio, no resultaba difícil de imaginar que en el cuadrante conformado junto a Libertador, Udaondo y el Barrio River pudiera haber algo bajo control.

En la calle, el zapping radial no hacía más que generar confusión. Que si se jugaba, que si no. El caos de una pésima organización y la búsqueda de la primicia nunca son un buen combo. Twitter era una sucesión de opiniones e información sin confirmar. A medida que pasaban los minutos las primeras imágenes mostraban lo peor de lo peor: un micro bajo una lluvia de piedras, memes que recuerdan que la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich aseguraba garantizar la realización del partido, periodistas intentado asegurarse la exclusiva de la suspensión, una adulta pegando bengalas con cinta al cuerpo de un nena de no más de 7 años. ¿Qué puede salir bien?

Una hincha y un operativo policial que falló
Una hincha y un operativo policial que falló Crédito: Ignacio Sanchez

Pero el partido todavía se juega. Primero a las 17, después a las 18, ahora a las 19.15. Todos rumores que en boca la Conmebol resultan confirmaciones poco confiables. O disparates. Se dice que Pablo Pérez tiene una lesión en el ojo, diagnóstico constatado después en el Sanatorio Otamendi. Tévez y Gago dicen terminantes que "no estamos (los jugadores) en condiciones de jugar, nos están obligando", pero a la vez los asistentes preparan todo para que los arqueros salgan a hacer el precompetitivo. Se rumorea que Gallardo se solidariza con los jugadores de Boca, pero una pregunta poco inocente de un periodista -que podría haber puesto paños fríos en un Tévez que eligió salir a hablar- termina con el delantero diciendo "nadie de River se acercó a ver cómo estábamos". En los pasillos del Monumental los dirigentes siguen haciendo política, intentando que los negocios no se rompan, que los prestigios no se vayan dañados y que los anunciantes no se enojen.

Mientras tanto, en el estadio, decenas de miles de hinchas de fútbol que entregaron una recaudación récord en tiempos de crisis económica se ven obligados a esperar. Sin baños, sin agua, sin comodidades, sin información. Los policías, apostados en el operativo desde la mañana tendrán que bancarse lo que venga, porque así es la profesión cuando no se tiran gases de manera irresponsable frente a un micro con un plantel de fútbol. Otra vez adentro, la voz del estadio ¿confirma? que el partido se juega a las 19.15 y vuelve a desaparecer. El público en el estadio no sabe si reírse, sentir alivio y fastidio, porque a esa hora ya debería conocerse quién es el campeón. Los equipos no presentan sus planillas con las formaciones en el tiempo reglamentario. Los hinchas cantan, quizás para matar el tiempo, quizás porque no haya otra cosa que hacer. Un PNT irrumpe otra vez en la pantalla, porque el show debe continuar, aún sin partido.

Corridas por el barrio de Núñez; nada salió bien
Corridas por el barrio de Núñez; nada salió bien Fuente: Reuters

Poco a poco la barbarie que hasta hace minutos era imposible de ignorar pasa a un segundo plano. No, todavía no. A cinco minutos del horario pautado para que empiece el partido, la Prefectura desaloja la Av. del Libertador y Monroe, donde cientos de hinchas intentan ingresar sin entrada. En paralelo, algunos medios empiezan a levantar las repercusiones de los medios del exterior que demuestran que, indefectiblemente, volvimos al mundo. La televisión muestra que Chiqui Tapia llega al estadio, para sumarse a una reunión de gente para la que todo pasa. Porque esto, después del partido que finalmente se acaba de suspender, será una anécdota de esas que no cambian nada.

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