Pasión por el golf, internet y la bolsa

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28 de junio de 2002  

SEUL, Corea del Sur (De un enviado especial).- A los 33 años -los festejó en Seogwipo, el día de la victoria ante Paraguay por los octavos de final-, a Oliver Kahn le quedan pocas cosas por ganar. Llegó al Mundial como la gran estrella de una Alemania que no venía acompañada de grandes expectativas. No es caprichoso: al arquero de Bayern Munich lo avala una trayectoria que lo hace estar considerado hoy, para muchos, el mejor guardavalla del mundo.

Corea-Japón significa la tercera y la vencida para él. Ya estuvo en dos mundiales, pero paradójicamente éste es el que marcó su debut en el certamen: en Estados Unidos ´94 lo postergó Bodo Illgner, y en Francia ´98 quedó a la sombra de Andreas Koepke. Tras el retiro de éste, ya nadie lo discutió como el dueño del arco alemán.

Kahn apareció en la Bundesliga defendiendo el arco de Karesruhe, el equipo de su ciudad natal, en 1987, con apenas 18 años. Su figura creció temporada tras temporada, lo cual lo transformó en una ambición de Bayern Munich, que lo incorporó en 1994 por dos millones y medio de dólares. Fue un récord para la transferencia de un arquero en su país. Pero a fines de ese año debió asimilar uno de los peores tragos de su carrera: un desgarro en los ligamentos cruzados de una rodilla lo marginó de las canchas durante cinco meses.

Su fortaleza mental le permitió volver aun con más confianza, y a ese mal momento le sucedió, tiempo después, uno gratificante: el debut en el seleccionado, en un amistoso frente a Suiza (triunfo por 2 a 1), en junio del año siguiente. El año 2000 lo vio llegar a la cúspide del reconocimiento, en su país y en Europa: al final de esa temporada se lo eligió como el mejor futbolista alemán del año y el mejor arquero del continente. Su carácter firme, incluso a veces demasiado vehemente, se fue consolidando hasta transformarlo en la figura del equipo que ganó la Liga de Campeones de 2001 (al derrotar en la final a Valencia) y la Copa Europeo-Sudamericana, tras vencer a Boca, en Tokio.

Lo apasiona el golf, seguir los vaivenes de la bolsa de comercio y sentarse a navegar por Internet. Especialmente esto último: fue el primer jugador alemán que tuvo su página personal. Para él, estar en la final del Mundial es, entre otras cosas, una manera de emular a su ídolo de siempre, Sepp Maier, y de resarcirse a sí mismo del negro recuerdo de la goleada sufrida ante Inglaterra (5-1) en Munich, en las eliminatorias. Ahora es el puntal de un equipo que busca extender la gloria para Alemania.

trae pergaminos de sobra para oponerles a Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho... "Son jugadores excepcionales. Tengo, y tenemos, un gran respeto por ellos, pero para mí, como arquero, no significa nada en especial enfrentarlos, porque tanto en la selección como en Bayern Munich ya tuve adelante muchas veces a los mejores delanteros del mundo. Ellos tienen que demostrar que están en condiciones de derrotarme".

Decisivo para que el equipo siguiera adelante más de una vez a lo largo del Mundial, Kahn está convencido de que Alemania debe mantener la línea. "No podemos cambiar demasiadas cosas a dos o tres días de la final. Pero habrá que estar atentos a un montón de detalles. Una final significa una enorme presión para todo el equipo y para cada jugador individualmente. Y muchas veces los pequeños detalles deciden si la suerte será buena o mala. A veces un equipo neutraliza al otro, como ocurrió en la final del 94, y en ese caso son pequeñas cosas las que deciden todo."

Al llegar a Oriente, a los alemanes no los acompañaban los mejores augurios. En su país los despidió un clima mayormente indiferente y poco esperanzado. Kahn sabe que el panorama cambió: "Aquí, tan lejos, no tenemos la sensación de primera mano sobre lo que se vive allá, pero estuvimos navegando por Internet y quedamos impresionados por el fantástico estado de ánimo que vive la gente allí en este momento", dijo.

La huella que va dejando Alemania en la Copa del Mundo no tiene que ver con un juego brillante, precisamente. Lo del equipo de Rudi Völler pasa por la disciplina, el apego a un estilo sencillo y, especialmente, la eficacia defensiva. Kahn sabe que es una pieza fundamental en esa estructura, pero insiste en destacar que el mérito es de todo el equipo. "Estoy orgulloso de que mi nombre sea citado en público en ese sentido, pero no es mi esfuerzo solitario lo que ha llevado a Alemania a la final. Mucho de lo que ocurra en el partido contra los brasileños dependerá de cómo nos defendamos, pero eso está ligado al trabajo de todo el equipo, no sólo de los defensores. El trabajo defensivo empieza por los delanteros. Yo hago sólo una pequeña contribución en todo esto."

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